Cuando un café es algo más que un café

Tomar un café, o “un algo” como digo yo, es mi excusa perfecta para quedar con una buena amiga y solucionar el mundo.

Julie Kertesz (Flickr)

Julie Kertesz (Flickr)

Tomar café es todo un ritual. Ya sea que quedes dentro de un local o en la puerta, mientras te quitas el abrigo lo más normal es hablar de temas banales, mientras comentas cualquier tontería que te ha pasado de camino (con la que intentar justificar el retraso). Luego viene la indecisión de qué pedir. Hay personas que son fieles a su café-con-leche-de máquina-con sacarina-del tiempo, otras lo son de su inseparable Coca-Cola light. Hay quienes optan por descubrir nuevos sabores y se arriesgan a buscar en la carta una nueva experiencia.

Tras este breve preámbulo, comienza el fuego a discreción. Toca ponemos al día con esa amiga, a la que igual no vemos en mucho tiempo, como que nos vemos casi a diario. Y el asunto puede ser desde lo que pasó el sábado por la noche, el último chismorreo de fulanita o menganito o el último bolso que me he comprado monísimo de la muerte a un precio de escándalo. En esos momentos, en que te aíslas del mundo exterior, y entre risas, confesiones y sorbos de café, juntas desgranamos cualquier asunto, le damos la vuelta y volvemos a empezar para analizar hasta el más mínimo detalle. ¡No dejamos títere con cabeza!

Para mí estos encuentros producen una infinidad de alegrías: desde la invitación a una boda, el anuncio de un nuevo trabajo, la ilusión por una nueva pareja, reencontrarse tras las últimas vacaciones, planear un próximo viaje, preparar una fiesta de cumpleaños,…

Pero estas reuniones sirven también como ayuda en momentos no tan alegres, y quizá hasta delicados. Es una terapia gratuita. Juntas analizamos cualquier problema que nos preocupa, sopesamos las posibles soluciones, hasta las más alocadas sirven si ayudan a sacarnos una sonrisa. Ya sea por un jefe muy exigente, un trabajo demasiado estresante, la incomprensión de la pareja, o la falta de ella, todo se ve más fácil con un café en la mano y una buena amiga escuchando.

Thomas Lieser (Flickr)

Thomas Lieser (Flickr)

Con la cuenta, suele venir el final de la conversación, la promesa de una futura quedada cafetera, la eterna despedida y ¿Por qué no?, el remate a cualquier asunto que creemos no hemos tratado lo suficiente. Y al decir adiós y acordar la próxima reunión, no puedes evitar irte añorando ya a tu amiga y deseando que llegue el próximo café.

 

“Una taza de café está llena de ideas”   (Mario Lubín)

Patricia.

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