Desde que te fuiste ya no eres tú, soy yo.

Xava du (Flickr)
Xava du (Flickr)

Ya no se trata de ti. He quitado el pause que pulsé hace tanto tiempo. He vuelto a la realidad. Mi realidad. Mi día a día, el que sólo me pertenece a mí, y que antes dejaba que me robaras. Te lo consentí.

He vuelto a ver la vida con otros ojos. He aprendido a ver con esa mirada de niña, mezcla de ilusión e inocencia, y que me deja apreciar la belleza que guardan los pequeños detalles, las bonitas interrupciones y los cómodos silencios que antes me pasaban desapercibidos.

Ya no eres tú el que mueve mis decisiones y altera mi calendario. Mi tiempo me pertenece, es tan mío que ahora me pregunto en qué momento decidí cedértelo. No lo recuerdo.

Ya no hay malos momentos ni prisas por llegar. Se esfumaron las autoexigencias, las indecisiones, preocuparse por el qué dirán. Las prioridades que hoy veo absurdas quedaron atrás, junto con los planes a medias y los cambios de última hora. Todo por ti.  Te lo consentí.

Esa venda que me puse yo misma sin darme cuenta, no ha caído, me la he arrancado. Me la has arrancado. Y no la pienso recoger. La voy a pisotear. He vuelto a mi independencia con letras mayúsculas.

Desde que te has ido he recuperado mi vida anterior. Con matices. He recuperado pequeñas cosas tan mías que no sé dónde las había guardado durante todo este tiempo. También he conocido cosas que antes ni me planteaba. Las he descubierto. Y me encantan.

No sé si te fuiste o si te eché. Me enseñaste el camino de vuelta sin quererlo, y yo solita lo he aprendido. Puede que en mi regreso me haya perdido varias veces, pero me he encontrado.

Desde que te fuiste, yo he vuelto para quedarme. Y todo, gracias a ti.

 

“Sólo recuerda que fui tan bueno como cualquiera, y mejor que la mayoría”. (Gattaca)

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