Take my hand, take my whole life too

For I can’t help falling in love, with you

–    ‘Can’t help falling in love’ (Elvis Presley)

 

gabirro (Flickr)
gabirro (Flickr)

Todo aquello que no planeas, suele ser lo que mejor sale. No sale bien, sale de miedo. La improvisación es un riesgo, pero la recompensa puede ser increíblemente infinita.

Una noche de verano cualquiera, una terraza con sabor a vacaciones y una ciudad que el destino había puesto en vuestro camino, para descubrirla. Para perderos en ella. Para enamoraros de ella. Cuando estás de vacaciones ¿qué ciudad no es bonita? Aquella, era ideal, y la luna no podía brillar más.

El ambiente invitaba a disfrutar de todo. De las postales, fueran nuevas o blanquinegras, las poses de los turistas y el click de sus cámaras. De la suave brisa que te acariciaba la cara, de la alegre melodía de un chico tocando su guitarra. De las miraditas del camarero, de las risas cómplices de tus amigos al verlo, de los niños que se refrescaban en la fuente, antes de que su madre les regañara.

Disfrutar de un aperitivo acompañado de vino blanco, preludio de una cena con más vino. O más bien, mucho vino acompañado de algo para cenar. Que cuando te lias ya se sabe. No mires la cuenta, esta noche lo vale. Suéltate la melena. Que la noche es joven dicen, y el verano demasiado corto.

 

Mal.Smith (Flickr)
Mal.Smith (Flickr)

Después vinieron los brindis por nosotros, por el viaje y por nosotros de nuevo. Más vino, fotos, risas. ¡Hasta una flor! Flor que luciste orgullosa en tu melena cual preciado tesoro. No sabes de dónde salió, pero hacía juego con tus ojos. Te sentías el centro del mundo. La reina del universo.

Quizá fue el traicionero vino blanco, o quizá el verano. Quizá que érais un grupo de amigos con ganas de pasarlo bien. Os arrojasteis como locos a beberos la noche, embriagados por el ansia de disfrutar hasta el último segundo de aquel alocado viaje. Dispuestos a bailar durante toda la noche y a no dormir si hacía falta, con tal de alargar aquella prometedora noche hasta el final de sus consecuencias.

 

Rod RC (Flickr)
Rod RC (Flickr)

Y la noche siguió, como siguen las noches no planeadas, y que hoy recuerdas como una de las mejores de tu vida.

 

“…, toda la noche en la calle, cuando llegue el nuevo día, dormiremos a la orilla del mar”  (Amaral).

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