I only want to make it good

So if I love you, a little more than I should

Please forgive me, I not know what I do

Please forgive me, I can’t stop loving you

—  Please forgive me (Bryan Adams) –

 

CdePaz (Flickr)
CdePaz (Flickr)

Por orgullo, ese mal compañero de viaje que en ocasiones me tortura, decidí hacerme la dura contigo. Me volví fría y distante, te dejé a un lado. Me volví ausente y lejana, nunca estaba disponible para ti. Me volví inaccesible, glacial e indiferente. Me escondí de ti todo lo que pude.

Dejé de llamarte, de buscar esa excusa cualquiera que antes me servía como pretexto para hablar contigo. Los mensajes, los cafés, las salidas con amigos comunes. Hasta los postres compartidos. A todos ellos conseguí  esconder en un cajón y cerrar con llave para que no hicieran de las suyas.

Esas miradas que antes se escapaban solas, que volaban alegres y discretas en busca de la tuya, de tu sonrisa, de tus gestos. Ellas también murieron poco a poco. Y en silencio. Una inquietante calma las ocultó, presagio de tempestades por venir y cuestiones por responder.

Poco a poco desaparecieron también las risas, las bromas, los chistes y los juegos. Todo se fue apagando. Fue como si llegara el invierno y nos fuimos enfriando. Más rápido que lento. Más premeditado que fortuito. Se acabó esa complicidad que nos hacía reír, que nos hacía soñar. Porque yo, al menos, sí que soñaba.

 

 

 

Momentos que se rompieron como retales, llevados por el viento y esparcidos a su voluntad. Sin orden. Un caos que reinó sin oposición y sin control, haciendo y deshaciendo a su antojo. Di carta libre al orgullo para que me condujera en este despropósito. Fue mi compañero de esta disparatada expedición, condenada al fracaso antes de empezar.

 

¿Valió la pena? Hoy te aseguro que no.

“El orgullo está relacionado con la opinión que tenemos de nosotros mismos; la vanidad, con lo que quisiéramos que los demás pensaran de nosotros”. (De “Orgullo y prejuicio”)

Patricia.   

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