Déjame, no juegues más conmigo,

esta vez, en serio te lo digo

tuviste una oportunidad,

y la dejaste escapar.

— Déjame (Los Secretos) –

 

Pedro Henrique Lemoine (Flickr)
Pedro Henrique Lemoine (Flickr)

Conociste al chico de tus sueños, aunque entonces no lo supiste. Era uno de esos amigos de tus amigos, que creías que no volverías a ver.  Era simpático y educado, inteligente y con un sentido del humor contagioso. Era el tipo de chico que se gana a la gente con la palabra y que cae bien a todo el mundo. Tenía al mundo a sus pies. Y él lo sabía.

Te contagió su eterna alegría y su ansia por la vida. Empezasteis a compartir confidencias y a disfrutar de vuestra compañía. A saborear cervezas a media tarde y bailar hasta altas horas de la madrugada. Te acostumbró a sus planes improvisados, sus mensajes de buenos días y sus besos de buenas noches. Porque si algo sabíais, era pasarlo bien juntos.  Como amigos.

 

Humberto Terenziani (Flickr)
Humberto Terenziani (Flickr)

Erais tú y él. Tu amigo y tú. Te enorgullecías de tener un buen amigo, reafirmándote en tu idea de que la amistad entre hombres y mujeres es posible. Y como pasa en estos casos, casi sin darte cuenta, acabaste enamorándote profundamente. Empezaste a verlo con otros ojos, con otras ilusiones. Te colgaste de él.

Te colgaste de su risa musical y su arrebatadora sonrisa. De sus cariñosos mensajes y su irresistible encanto. De su espíritu aventurero, de sus interesantes propuestas y de sus chistes malos. Por saber escuchar, por tener siempre algo de qué hablar. El mundo se paraba cuando estabais juntos.

Te gustaba arrancarle tiempo a su apretada agenda y contar los segundos que quedaban para volver a verlo. Vivíais en un eterno fin de semana. Con él te sentías bien. Te sentías tú misma.  Hasta te animabas a dar el primer paso. Eso que antes tanto te acobardaba. Ahora ni te importaba darlo, él lo valía.

Susana Fernandez (Flickr)
Susana Fernandez (Flickr)

Pero, ¿qué pasó? Llegó la indiferencia, el silencio y las malas contestaciones. La lluvia invadió vuestro preciado edén, llevándose con ella los momentos compartidos, la confianza ganada y los sueños de futuro. Se acabaron las largas charlas, los besos en el portal y las eternas despedidas. Los planes de última hora, las confesiones a la luz de la luna.

Las lágrimas sustituyeron a lo que antes eran risas. La complicidad se tornó hostilidad, y las promesas en amargos recuerdos que te hacen dudar. Dudas de si fue real, de si en verdad sucedió. Dudas de él y de ti. Sobre todo de ti. Y mientras sigues preguntándote ¿qué pasó?, recoges tus pedazos y te recompones en la intimidad. Como la última vez. Como cada vez.

 

“Ese es el momento en que más debemos esforzarnos en seguir adelante, cuando el mundo se viene abajo”. (Bajo el cielo de Dublín)

Anuncios