“La mayoría de la gente huye del conflicto cuando, para mí, muchas cosas buenas surgen del conflicto”.

(Antes del amanecer)

 

Magnus Akselvoll (Flickr)
Magnus Akselvoll (Flickr)

Puede sonar egoísta, pero de vez en cuando me gusta autoregalarme pequeños caprichos, de esos tan simples y tan tontos, que la gente no suele pensar que sea posible hacerte feliz con tan poco. Pequeñeces que te ponen una sonrisa bobalicona en la cara y te hacen sentir como si flotases.

Confieso que los rompecabezas son uno de esos caprichos. Dicen que son buenos para trabajar la mente, mantenerla activa, y fomentar el aprendizaje en la infancia. Para los adultos son puro entretenimiento, una manera de ponerte a prueba a ti mismo y de pasar el rato.

Y ahí me hallaba yo la otra tarde, ante un rompecabezas de 1000 piezas que me acababa de comprar en un momento de esos impulsivos y de hacer sin pensar. Me había detenido al verlo, una copia a escala de la Torre Eiffel de París. Mi gran debilidad, París. No sé decirle que no.

Tras una dura lucha interna, París me ganó, una vez más. Tampoco puse mucha resistencia, todo sea dicho. Me fui de allí más feliz que una chiquilla con zapatos nuevos. Impaciente por llegar a casa y empezar a armarlo, decidiendo ya mentalmente en qué pared lo colgaría una vez acabado.

 

Roberta R. (Flickr).
Roberta R. (Flickr).

Como si siguiera un sagrado ritual ancestral, comencé extendiendo las piezas sobre la mesa, espaciándolas entre sí, para tenerlas a la vista y que no se me escapara ninguna. Como si fueran los problemas y situaciones que debes afrontar en tu día a día, algunos inconexos en apariencia, otros cuya relación salta a la vista.

Poco a poco, fui completando los bordes, siempre empiezo por ahí. Igual que con la pizza. Es el contorno, lo que da forma, la primera aproximación. Es lo que te da una idea de qué va la cosa, de su importancia. Y conforme lo vas completando te sientes poderosa, sientes que tienes el control de la situación y que todo marcha viento en popa a toda vela. (¿Por qué habré pensado en una pizza?)

Con la paciencia que te da la experiencia o las prisas con las que siempre haces las cosas, vas rellenando el dibujo. Eso depende de qué tipo de persona seas; yo soy la de las prisas: mis prisas y yo. Siempre acelerada por hacer más en menos tiempo, por acabar sin hacer empezado, por ver el resultado desde el principio.

Las nubes del cielo, la cara de la bailarina o las flores del jardín van tomando forma ante tus ojos. Cada vez que elijo una pieza y la encajo es como si hubiera tomado la right decision y siguiera avanzando en la buena dirección. Es un pequeño logro personal. Modestia aparte, me encanta hacer las cosas bien.

 

Yann (FLickr)
Yann (FLickr)

En algún sitio leí algo que me encantó, y que decía que la vida es como un rompecabezas en el que las piezas, que en un principio parecen no guardar ninguna relación entre sí, sabes que en su conjunto forman un todo. Un todo en constante evolución y modelado por nuestros pasado, presente y futuro.

Un Pasado marcado por nuestra experiencia, esa que adquirimos a base de prueba y error, de aprender y equivocarnos a partes iguales y que influye en nuestras decisiones de hoy. Decisiones de un Presente que ha de ser vivido aquí y ahora, el único sobre el que tenemos el control real y que marcará sí o sí, un Futuro que aún está por llegar.

En este puzzle que estamos constantemente haciendo y deshaciendo, hay ocasiones en que nos sobran piezas, esas que ya no encajan, aunque en su día lo hicieron, y que no necesitaremos más. Otras veces nos faltan, son piezas que aún están por llegar, que permanecen ocultas esperando el momento exacto en que las descubramos. A veces las encontramos repetidas, sin saber por qué.

En este momento, tú decides el rompecabezas que quieres dibujar; las piezas que quieres encajar en primer lugar y el ritmo que vas a llevar. ¿Te animas a empezar?

 

“El mundo es un rompecabezas cuyas piezas cada uno de nosotros arma de diferente manera”. (David Viscott)

Patricia.

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