– Mamá, cuéntame otra vez el cuento de la niña que soñaba con la boca abierta.

– ¿Con la boca abierta? Cariño, será con los ojos abiertos.

– ¡Eso, eso!

-Pues era una chica, algo más mayor que tú, que cuando era pequeña tenía más imaginación que Walt Disney. No paraba de soñar y de soñar,…  ¡Hasta soñaba despierta!

Nicole Pierce (Flickr)
Nicole Pierce (Flickr)

De niña soñaba con pilotar aviones para subir a lo más alto del cielo, jugar al escondite con la luna y poder pintarle una sonrisa al sol. Quería saltar entre las nubes con forma de corderitos, serpentear entre las gotas de lluvia y flotar, flotar dejándose mecer por suaves corrientes de aire que la llevaran de aquí para allá.

Soñaba con ser protagonista y directora de su propia vida, escribir el guion según su inspiración y editarlo cuando cambiara de idea. Imaginaba que vivía los finales más inverosímiles y las locuras más impensables, mientras de fondo sonaba la banda sonora de su vida, la que ella misma componía entre sorbos de café y suspiros que se le escapaban.

Soñaba que llevaba el volante de su vida mientras el aire le despeinaba su melena. Saludaría a la gente al pasar, siempre feliz de verla. Viajaría por un mundo sin fronteras, con una pequeña maleta de color turquesa; el rosa nunca fue su favorito. Dormiría cada noche en un lugar distinto y haría amigos allá donde fuera. Pero de los de verdad.

Soñaba con ser Sandy y enamorar al chico duro del instituto, ese que siempre viste de negro y cuya cazadora de cuero es la envidia de sus amigos. La llevaría al baile del instituto y ella le animaría en los partidos de fútbol; pero desde la grada, que eso de ser animadora no lo veía del todo claro.

greg westfall (Flickr)
greg westfall (Flickr)

Soñaba con ser bailarina de ballet, mientras se movía al compás del Cascanueces y de puntillas se balanceaba a lo largo de su habitación. A ratos quería ser campeona de gimnasia rítmica, peinada con un alto moño y realizando graciosas piruetas. Pero las más de  las ocasiones era una intrépida amazona, que a nada le temía y que en cualquier rincón se colaba.

Soñaba con ser maestra los lunes, para estar rodeada de niños y de juegos; atender a  ancianitos en su consulta de martes a jueves y a cualquier animalito los viernes; los fines de semana sería escritora, de las que escriben bonitas historias y personajes inolvidables.

Soñaba que no despertaba nunca, que cumplía las ilusiones que nacieron en su infancia y que no olvidaba ninguna de las promesas que alguna vez hizo. Tejía sus sueños entre consejos de su almohada y en compañía de la noche cómplice, proponiéndose cumplirlos en cuanto le despertaban los primeros rayos de luz del día.

Soñaba con no crecer nunca, mantener la inocencia de la infancia y no dejar de creer. Creería en la magia de la Navidad, los finales de película y en el arco iris que siempre sale tras la lluvia. Nunca se parecería a los mayores, quienes nunca tienen tiempo para nada y siempre tienen cosas importantes y muy aburridas que hacer.

Soñaba que si se perdía, volvería a casa con solo juntar los talones y dar unos golpecitos a sus bonitos zapatos rojos, (¿o eran color plata?) Se vestiría con sus mejores vestidos, pues sabía que las ocasiones especiales rara vez llegan, sino que suceden a diario. Y ella no se perdería ninguna.

Joanna Sweeny (Flickr)
Joanna Sweeny (Flickr)

Ella conocía lo que suelen decir, que los sueños tienen significado propio, por rocambolesco que nos parezca. Que hablan sobre nosotros y que predicen el futuro. Algo así como dime qué sueñas y te diré cómo eres, tus miedos y tus deseos. Por eso se aferraba a sus sueños, esos que eran tan suyos y por lo que pensaba luchar contra viento y marea.

“¿Por qué contentarnos con vivir a rastras cuando sentimos el anhelo de volar?” (Helen Keller)

Patricia.

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