“Y yo pensé que una estrella fugaz era una estrella muy bonita que tenía miedo de brillar, y huía lo más lejos posible. Un poco como yo.”

(“La verdad sobre el caso Harry Quebert, Joël Dicker)

mariusz kluzniak (Flickr)
mariusz kluzniak (Flickr)

No miento si reconozco que yo también me emocioné al ver el anuncio de la lotería de este año. Parece que es el pistoletazo de salida hacia unas Navidades que a falta de un mes aún, ya se empiezan a sentir.

Una época de villancicos, familia y turrón de chocolate.

Me encanta este periodo de frío, cuando lo más apetecible es quedarse en casa haciendo lo que sea. O no haciendo nada, que a veces también es buena opción. Refugiarnos del gélido tiempo pre-invernal que hace fuera, de la lluvia y de la nieve, del viento que arruina tu peinado nada más poner un pie en la calle. Y sí señores, el” frío frío” aún está por llegar.

Y no es que no me guste el verano, que me gusta mucho muchísimo. Pero que hay que adaptarse al cambio, o eso dicen. Y si te lo propones, el otoño-invierno puede ser como esa caja roja que tanto gusta regalar, y de la que eliges qué bombón te vas a comer.

Las lecturas al calor de la estufa, o de la chimenea para los más afortunados, resultan distintas. Una copa de vino en la plena velada romántica no sabe igual, sabe mejor. Bueno, y aunque no haya romanticismo, un pequeño homenaje  de vez en cuando no viene nada mal.

Las bufandas que dan color a los apagados tonos otoñales y las botas de agua que crean tendencia. Ver alguna película típica de esta época, aunque la hagan en televisión todos los años. Reconócelo. La mía es Love Actually; y no me canso.

Y que si hay que salir se sale. Que no se pierda la costumbre de jugar una partida de bolos con los amigos, comerse un gofre de chocolate mientras paseas por la feria o de vengarnos de algún amigo lanzándole una bola de nieve. Traicionera y por la espalda, que de frente la ve venir. Después toca correr, que seguro te la devuelve.

O liarse la manta a la cabeza y atreverse con unos patines. Que las caídas en la pista de hielo cuando te das cuenta de que, eso de patinar, no es tan fácil como lo pintan, no tienen precio. Y seguro que hay algún niño riéndose mientras te señala con un dedo.

..Ania. (Flickr)
..Ania. (Flickr)

Saborear un chocolate caliente y entrar en calor sujetando la taza con las dos manos. Acompañarlo con churros o buñuelos, la elección es libre. Empeñar el cristal de la ventana y escribir en él. Borrarlo antes de que alguien lo lea.

Que si lo momentos a solas tienen su punto, los compartidos ni te cuento.

En eso pensaba ayer cuando vi un nuevo anuncio navideño. Otro. Que si el de la lotería es emotivo, no lo es menos el spot de unos grandes almacenes británicos que está dando la vuelta al mundo. Y es que el centenario de la Primera Guerra Mundial ha servido de inspiración para tanto…

Las Navidades son para compartir”, pregona.

https://www.youtube.com/watch?v=NWF2JBb1bvM

Habla de personas, de historias comunes y de la Historia con mayúscula. Esas que nos conmueven a pesar de la distancia y del tiempo, a pesar de no ser ni si quiera los protas. Esas que emocionan aunque no quieras, y muchas veces, por sorpresa.

De momentos que nos son ajenos pero que podemos sentir como si fueran propios. Que nos dejan sin aliento, sin respuesta y hasta sin palabras. Que nos dan ánimo, fuerza y motivos para no quedarnos quietos, para hacer algo. Que sacan lo mejor de nosotros mismos (aunque a veces la buena intención nos dure menos de lo que nos gustaría).

Que podemos pasar al estallido de las risas tras una enemistad previa, a veces sin causa. Que la risa no entiende de fronteras por mucho que digan los mapas. Y que descarga tensiones acumuladas, calma los nervios y rejuvenece, oiga. Y si no, un curso de risoterapia.

De que compartir es vida.

Es crecer y fluir, es evolucionar, aprender y felicidad. Es ilusión por el hoy y por lo que ha de venir, por nosotros y por los demás.

Que a todos nos gustan los regalos, pero compartiéndolos se disfrutan el doble. Que no todo es recibir y consumir, que ofreciendo tu tiempo y tu dedicación te ganas a las personas, ganas amigos, y ganas familia.

Que aunque no lo creas, existen la elección ganar/ganar. Y que depende de ti.

 

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