La chica que creía en las estrellas

– Mamá, tú de niña ¿qué querías ser?

– Muchas cosas cariño. Quise ser médica, maestra, veterinaria… ¡Hasta quise ser cantante!

– Pues yo de mayor no quiero ser nada de eso. Yo seré astronauta.

– ¿Astronauta?

– Sí, para ir a la luna, atrapar alguna estrella y cumplir los deseos que la gente pide.

 

Brian Hawkins (Flickr)

Brian Hawkins (Flickr)

Dicen que creer que algo es posible, es el primer paso para hacerlo cierto.

El cielo azul ejercía una influencia sobrenatural en ella. La atraía como un imán que no ofrece posibilidad ninguna de resistirte. Implacable, fuerte y potente. Una fuerza que te absorbe, que te emboba y te cautiva, sin tregua y sin remedio.

Bajo él, se sentía como un pequeño punto perdido en la inmensidad. Sin comas ni signos que lo acompañen.

Acostumbraba a salir de paseo por las calles tranquilas de su pueblo, el de su infancia. Aquel que conocía como la palma de su mano y donde se sentía libre como un pajarillo. Eran muchas las noches en las que acababa tumbada en algún lugar del amplio campo, más allá del límite que marca la línea de farolas que iluminaba aquel pintoresco poblado.

Y así solía perder la noción del tiempo, mientras contemplaba el cielo en las noches claras. El sonido de los grillos reverbera en el silencio de la noche. Sentía la fría hierba acariciándole la piel, la brisa traía sonidos aislados y singulares, pero extrañamente, nunca la inquietaban.

Francesca Guadagnini (Flickr)

Francesca Guadagnini (Flickr)

Ahí se quedaba ella. Ajena a lo que pasara más allá de sus ojos y absorta en su propio mundo. Se dejaba perder en aquel manto azul, cuya oscuridad se diluía en el fulgor de infinitas estrellas. Algunas de ellas, tímidas y tenues, se ocultaban entre las más resueltas y enérgicas.

Le gustaba aquello de pedir deseos a las estrellas fugaces. Pensaba que cerrando los ojos hacía más fuerza para que se cumplieran. Que si lo deseaba con todas sus fuerzas se realizarían. Soñadora despierta y empedernida. Cualquier momento era bueno para dejar volar la imaginación, pero cuando las luces se encendían tras caer el sol, era el más especial.

La cuestión era no dejar de creer.

Creía en la magia de las constelaciones y en la fuerza del universo. Ese que dicen que puede conspirar a tu favor para ayudarte a conseguir todo aquello que te propongas. Quizá no sea cierto, pero a todos nos gusta creer en ello.

Creía en la ilusión que mueve a la gente, en la magia de los atardeceres y en el desconocido futuro. En ella misma y en los demás. En el hechizo de la luna y en los deseos por cumplir que prometen las estrellas.

Creía que casi todo es posible, pero sólo si se intenta. Que De nada sirve correr, si no miras lo que pasa delante de tus ojos; mejor caminar y no perderte detalle.

Su imaginación la llevaba a recorrer el universo, de principio a fin, sin dejarse nada, yendo allá donde quisiera en cada momento. Como hacía el Principito, ese cuento que desde que  leyó pasó a ocupar un lugar privilegiado en su estantería.

En su viaje conocería a reyes y extraños personajes, a cada cual más loco. Hablaría con zorros y serpientes y cuando volviera a su pequeño planeta, podría escribir muchos cuentos sobre todos ellos.

Petras Gagilas (Flickr)

Petras Gagilas (Flickr)

Aprendería la diferencia entre querer y amar.

Sabría quererse más, valorarse como sólo quienes te aman saben. Rebuscaría en su interior para ver todo lo que allí guarda, y sacaría lo mejor; lo compartiría y hasta lo regalaría. Trataría de cambiar aquello que no le gustase, por aquello de que el cambio es la única constante en la vida.

Amaría a los demás. Con todas las letras y con significado completo. Que o te pones o no te pones, pero medias tintas nunca.

Y dicen que no hay luna como la de enero, ni amor como el primero, pero para ella todas las noches salía la misma luna. Su confesora, y la guardiana de sus deseos.

 

“El amor es lo único que crece cuando se reparte” (Antoine de Saint-Exupèry)

Patricia.

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6 pensamientos en “La chica que creía en las estrellas

  1. El primer paso para que un sueño se haga realidad es creer en él, saber que se cumplirá. Y el primer paso para amar a los demás es quererse a uno mismo. Es tópico total, pero es la verdad. Cómo me gustaría a mí salir de esta esfera azul y hablar con zorros y serpientes…la de cosas que escribiría… 🙂
    Te lo digo siempre, pero es que eres inspiradora, empezar así las mañanas es una maravilla.
    ¡Un abrazo!

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  2. Hay canciones que uno escucha porque le tranquilizan (al menos en mi caso), y xq sabe que va a encontrar pureza durante esos minutos. Eso es lo que yo encuentro cuando te leo : un cojín suave y cómodo donde estar tranquilo y relajado un ratito.

    Enhorabuena Patri!

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