“El Don más grande que podemos hacer a otros no es compartir con ellos nuestra riqueza, sino hacerles descubrir la propia.”

 

Gracias Jaume, por la oportunidad que me diste de escribir en tu blog y gracias de nuevo por compartir conmigo este texto tan profundo. Vales mucho, y como diría uno que yo me sé: y lo sabes.

 

Querido peor enemigo,

Te escribo estas líneas para saludarte. ¿Qué tal te va todo? ¿Cómo estás? ¿Te acuerdas de mí, tanto como yo me acuerdo de ti? Espero que sí, de lo contrario me llevaría una gran decepción.

Siempre has estado ahí, al acecho, escondido entre la espesura de mi vida. Vigilando cada paso que he dado, atento, con esa predisposición natural a joderlo todo. Sé que odias todo lo que hago, que no te gusta ni un pelo nada de lo que me he propuesto en la vida, sé de sobras que observas todo lo que emprendo con celo salvaje, soy tu obsesión.

Siempre lo he sido.

 

realize_photo (Flickr)
realize_photo (Flickr)

Como todos, he tropezado muchas veces, me he caído, me he destrozado, me he venido abajo como un castillo de arena. Tú siempre has estado ahí, con una sonrisa en la cara, respirando aliviado ante cada uno de mis fallos, disfrutando de ellos como si fueran un triunfo tuyo. No pasa nada, eres así, nunca te lo tuve en cuenta.

Siempre me animas a decir la palabra menos adecuada, la frase más fuera de lugar, me empujas por los caminos que no quiero tomar, me lanzas a los brazos de quien menos me conviene. Es tu forma de ser y, hasta cierto punto, te entiendo.

Durante años seguí tus consejos, todavía pensaba que me querías ayudar, que de verdad querías lo mejor para mí, que eras sincero. Te escuché sin parar y me perdí, caí al sumidero de una vida que no tenía nada que ver con la que yo quería, con la que debería haber sido si tú jamás hubieses estado por allí. Te encargaste de alfombrar mi suelo de cristales rotos, me vendaste los ojos y me obligaste a andar sobre ellos, asegurándome que era sólo hierba.

Eres culpable de cada mentira que dije, de cada lágrima que he provocado, de cada situación incómoda, de cada noche en vela, de cada abandono, de todos mis malos tragos. Has estado siempre ahí, observando, provocándome en silencio. Tienes la capacidad de estar en el lugar adecuado, en el momento adecuado, para tirarme de la lengua cuando debería callarme, para susurrarme la peor de las ideas, para calentarme la sangre, para chincharme hasta estallar.

Tú siempre estás, siempre; al menos eres constante.

Hace un tiempo que nos hemos distanciado. Espero que no me culpes, son cosas de la edad y, seamos sinceros, eras una mala influencia. Con el tiempo y la experiencia uno se va templando, observa las cosas con otra óptica, desde otras perspectivas. ¿Quién lo iba a decir, verdad? Supongo que en tu retorcido mundo la culpa de esta separación se la echarás a ella, y haces bien, tienes razón. Ella me ha enseñado a callar cuando debo, a pensar dos veces antes de abrir la bocaza, a tener paz de corazón y de alma.

 

Chris Martin (Flickr)
Chris Martin (Flickr)

Me enseñó a ser como ella, me ha hecho mejor persona.

Hace ya cuatro años que no nos vemos…Cómo pasa el tiempo, ¿verdad? Por cierto, ella también te manda recuerdos.

Por mi parte, nada más que decirte, ya sabes cómo va esto, estaba pensando en el pasado y me acorde de ti, de tus rabietas, de tus celos infundados…no te echo nada de menos, y me sigue molestando verte cada mañana en mi espejo, escondido y al acecho. Seguirás ahí, supongo, no puedo evitarlo, pero nunca saldrás de tu encierro, espero que estés cómodo ahí.

Me despido de ti, como decía aquel: ¡Adiós! Y que te vaya bonito.

 

P.d: Por cierto, y espero que no te molestes, pero he conocido a otros y ahora salgo con ellos, a lo mejor te suenan, se llaman Calma y Sosiego.

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