Leí en algún lugar que hacen falta cinco cumplidos para resarcir a una persona de un insulto. Ni uno, ni dos. ¡Cinco halagos! Para que luego digan que el lenguaje no es poderoso y que no hace daño quien quiere, sino quien puede…

Querer es poder, nunca mejor dicho.

Horia Varlan
Horia Varlan

Abrí la puerta del bar y entré apresurada para resguardarme del frío polar que se había apoderado de la ciudad en los últimos días. La calidez del interior me acogió con los brazos abiertos y mientras me empezaba a quitar los guantes le busqué con la mirada. Noté al instante como me ardían los mofletes en respuesta al cambio de temperatura.

Suele pasarme que al entrar en cualquier lugar yo sola, me siento observada por todo el mundo. Manías mías, imagino. O paranoias, según se mire. En esos momentos una intenta actuar con la mayor naturalidad posible, resultando ser lo más torpe que se pueda ser, al menos yo. Como si fuera alumna aventajada de Mr. Bean.

Haré como que no va conmigo.

Brian me hizo un gesto con la mano a modo de saludo. Sentado a solas con una cerveza en la mano, lucía camiseta de manga corta y la cara completamente sonrosada. Ríete tú del tono rojizo de mis mejillas. Su ¿Cómo estás? sonó con un marcado acento british, del norte según presume él. Yo le doy la razón, como si fuera una experta en acentos británicos.

david_fisher
david_fisher

Y como si fuera una experta blogger, últimamente me estoy acostumbrando muy mal. Recibir mensajes halagadores y de ánimo sienta de maravilla, oiga. Que hay esfuerzos que merecen la pena y líneas que merecen ser escritas, vividas y recordadas. Que con cada palabra bonita toco el cielo con la punta de los dedos. Y con las manos.

Que se me enamora el alma.

Y que es muy cierto aquello de que a nadie le amarga un dulce. Que hay personas, historias y momentos que llegan muy dentro; algunos dispuestos a quedarse, otros con alma nómada que se marcharán tras dejar una pequeña huella. Que hay tesoros ocultos pidiendo a gritos ser descubiertos.

El griterío del local incitaba a alzar la voz un poco más de lo habitual. Algo muy español, se ve. Miré el reloj, casi por mirar, y decidí que ya era hora de cambiar de idioma. Era el turno de seguir la conversación en inglés, como habíamos pactado desde que empezamos a hacer tandem.

Como dicen, quien lucha puede perder, quien no lucha, ya perdió.

Y también dicen que luchar es de valientes y que huir es cosa de cobardes. Que pelear te acerca a aquello que quieres y te aleja de tus miedos. Te da lo que mereces, siempre que no lo dejes pasar. Y que la batalla más difícil, pero en la que más vale la pena participar, seguro, es con uno mismo.

Es no olvidar esa persona que éramos ayer, negociar con la que hoy somos para llegar a un acuerdo sobre el mañana. Ese mañana que vemos tan lejano, pero que, en realidad, es más cercano de lo que creemos. Es el equilibrio, saber tanto lo que sí, como lo que no. Lo que por nada del mundo.

Saber que se puede y querer que se pueda.

Bryan me felicitó comedidamente. Algo muy británico, of course. Dijo que mi inglés había mejorado mucho en una semana y que pronto tendría poco que corregirme. Ejem. Sentido del humor modo on y bromas aparte, hay halagos que suben la moral a cualquiera, Sí o sí.

Que sí, que a todos nos gustan los halagos, y quien diga que no, miente como un bellaco. Halagos sí, que no piropos malsonantes que se escuchan por ahí, que ni tienen gracia ni mucho menos personalidad. Cumplidos, para ser y hacer feliz a la gente, para olvidar malos tragos y para venirnos arriba. Palmaditas en la espalda, que no falten.

Paucal
Paucal

Porque hay palabras que suenan a gloria y que pueden causar milagros. Hay buenos días, por favores y gracias que te abren una puerta tras otra. Enhorabuenas que te llegan cuando ya no pensabas que lo ibas a conseguir y perdonas que te hacen olvidar aquello que creías imposible de superar.

Te quieros y te echo de menos que se escapan envueltos en suspiros, que se escuchan entre susurros, y que no por ello tienen menos fuerza. Emocionantes tengo ganas de verte que prometen continuidad y borran puntos finales que creíamos definitivos. Porque menos es más y aunque parezca mentira, con pocas palabras expresemos muchísimo más de lo que creemos. Otra vez, si quieres, puedes.

Nos despedimos en la puerta del bar hasta el siguiente domingo. Hasta el próximo tandem. Me puse mis guantes y me fui hacia mi casa contenta.

Con los bolsillos llenos de cumplidos.

 

Patricia.

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