De improviso

“¿Tienes algo que hacer? Te invito a cenar en mi casa”.

Caminaba por la calle, de prisa, como siempre. Después de una ajetreada tarde, iba repasando mentalmente la lista de cosas que debía haber hecho. Y es que siempre se me olvida algo, soy el despiste en persona. Por eso es habitual encontrar en mi monedero listas de cualquier tipo, mezcladas entre los tickets de compra.

Alex Naanou (Flickr)
Alex Naanou (Flickr)

Cuando entré en el ascensor, me recosté en el lado opuesto del espejo. Tenía cara de frío. A mi palidez habitual, se le sumó la rojez de mi nariz y unos pómulos colorados, resultado del contraste de temperaturas. Saqué las llaves y cogí el móvil en la mano izquierda, manías mías de querer hacer varias cosas al mismo tiempo.

Desbloqueé el teléfono para mirar si tenía algún mensaje nuevo. Y ahí estabas tú. Inesperado como acostumbras, pero directo como pocos. Que a ti eso de irte por las ramas y perder el tiempo no es lo tuyo. Lo de guardarte las cosas para ti, no lo llevas nada bien. Es lo mejor, siempre te lo he dicho.

Breve, pero intenso. Que lo mucho, a veces, cansa.

Era uno de esos mensajes imprevistos que te llegan el día más inesperado y de la persona que menos te lo verías venir. ¿O no? Qué fácil es autoengañarnos y no querer ver…

¿Cuándo fue que nos conocimos? Ni lo recuerdo, ha pasado ya bastante tiempo.

Cuando echo la vista atrás y cuento los años que han pasado desde algo, me resulta extraño darme cuenta de que cuento de cinco en cinco y hasta de diez en diez años. Incluso de 15. ¡Qué vértigo! El tiempo pasa volando y se nos escapa de entre nuestros dedos sin poder detenerlo más de lo imprescindible.

A lo que iba. Hace mucho que nos conocemos, pero a la vez, tengo la cierta sensación de que somos como dos semidesconocidos para muchas cosas. ¿Cuál es tu sabor de helado favorito? Ni idea. ¿Y la película que verías una vez tras otra sin cansarte? Pasapalabra. Que no digo yo que ni una ni otra respuesta sean importantes, pero…

¿Cómo se mide cuánto conocemos a otras personas? Mucho, poco, bastante… ¡Menuda escala! Totalmente subjetiva y sin valores promedios. Arbitraria de principio a fin y sujeta a comparaciones de todo tipo, aunque ninguna fiable.

Ahmed Rabea (Flickr)
Ahmed Rabea (Flickr)

Cuando somos pequeños, de entre todos los amigos que tenemos, siempre hay uno único, al que defendemos a capa y espada. Nuestro mejor amigo. Con él nos reíamos de todo, planeábamos las aventuras más traviesas, nos inventábamos los juegos que hacíamos tan nuestros y nos peleamos a lo grande, como niños que éramos.

Amigos que van y que vienen. Etapas, cambios, comienzos y finales. Paso del tiempo escurriéndose entre los dedos, no lo olvidéis.

Tiempo que te trae madurez, nuevas perspectivas y cambios de gustos. Y nuevas amistades. Instituto, universidad, gimnasio, trabajo. Amigos de tus amigos. Amigos del novio de tu amiga. Compañeros, conocidos y desconocidos. Un ir y venir constante de entradas y salidas en tu vida. Las reglas del juego cambian.

Pero como dicen, conocidos muchos, amigos pocos.

Tú eres una de esas entradas. Una de muchas, pero distinta, como todas. Sin fuegos artificiales ni carteles de bienvenida. Sin luces de colores que indicaran tu presencia a kilómetros de distancia. Simplemente llegaste. De improviso y poco a poco. Amigos sí, sin prisas pero sin pausa.

Tú, genuinamente tú.

De esas personas que se ganan su puesto con el tiempo. Sin falsas promesas ni carreras por llegar primero. Sin ostentar ni presumir. Sin regalos baratos ni elogios carentes de verdad. Sin fingir encantar serpientes ni ofrecer manzanas podridas.

Una de esas personas que, de repente, te das cuenta de que están ahí. A tu lado. Quizá desde hace mucho, pero tú no te habías dado cuenta. A lo mejor por despiste, o más bien por prestar atención donde no toca.

Steven Depolo (Flickr)

Habíais cruzado una línea imaginaria. De conocido a amigo.

Indecisión. Porque a veces cruzar líneas puede ser peligroso. Puede ser un paso que no tenga vuelta atrás. Puede ser como un billete sencillo de metro, de esos de zona AB, que te llevan fuera de tus límites, lejos de lo que conoces.

La invitación seguía pendiente. Ahora tocaba contestar. Algo previsto, que no de improvisto.

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