¡Buenas tardes!

Hoy era la fecha para dar a conocer la historia ganadora del concurso 2000 Facebook Fans.

En primer lugar, gracias a todos los que habéis participado, de corazón. Por el esfuerzo, por el tiempo y por el resultado. ¡Ha estado difícil! Cada historia es distinta, tiene su propia huella y su identidad única.

Me habéis sorprendido y emocionado con vuestros relatos. Hasta hay quienes se animaron hasta con dos historias. Por todo ello, ¡mil gracias!

Pero al final, había que elegir uno… Roser Sala. Porque tus lineas me cautivaron de manera especial y merecían ser compartidas.

Y sin más, aquí os dejo con la historia ganadora:

 

EL PARADERO DE LOS PUNTOS SUSPENSIVOS

Todo empezó una tarde fría de invierno mientras tomaba un chocolate caliente con mi madre delante de la hoguera. Las chispas del fuego captaban toda nuestra atención y tenía la sensación como si todo lo que me rondaba por la cabeza se hubiera consumido junto a la leña. El silencio no duró demasiado. Siempre que podía, mi madre me contaba historias de mis abuelos ya que no tuve la oportunidad y la suerte de conocerlos porque murieron cuando era muy pequeña. Me parecía que sus vidas eran fascinantes ya que para ellos la vida era una mezcla entre realidad y filosofía. Cuando cumplí los dieciocho años, mi madre me dio una carta de la abuela que me había escrito antes de fallecer. No entendí por qué esperó a dármela después de tanto tiempo pero lo comprendí cuando la leí. Aunque sea una carta muy personal, quiero compartirla con todos vosotros. Mi abuela siempre decía que las cosas hay que compartirlas, porque puede ser de ayuda para uno mismo pero también para los demás, o al menos, eso contaba mi madre. Vosotros sois los capitanes de vuestro tiempo y por ese motivo solo os puedo invitar a seguir leyendo. Al fin y al cabo, la vida es subjetiva porque nos pasamos los años tomando nuestras propias decisiones y solo tú sabes que opción debes escoger ya que depende de ti las riendas de tu camino. Así pues, si eres de los que has decidido seguir, te dejo que seas tú mismo quien saque sus propias conclusiones.

 

Querida Raquel.

No sabes cuánto me hubiera gustado verte crecer, aunque tuve la mayor alegría que puede tener una abuela: tu nacimiento y el poder ver tus primeros pasos. La vida es… Eso, pequeños pasos que vas dando aunque a veces te caes y solo tienes la opción de volverte a  levantar. Todos en algún momento hemos descrito la vida como algo rutinario. Sabes que cada mañana vas a escuchar esa maldita canción que se llama alarma y que, de alguna forma, te avisa que hoy empieza un nuevo día. Te levantas despeinada, con cara de sueño mientras tomas el vaso de leche con galletas, a pesar de que los ojos se te van cerrando cada vez más al pensar que te espera un largo día.

Así que decides no pensártelo más y dejas la silla de la cual no te moverías en todo el día pensando que “un día más” significa hacer lo mismo que ayer y lo mismo que mañana. Pero, ¿Hasta qué punto esto es verdad? Cuando llegas a casa después de pasar el día fuera y te preguntan cómo ha ido todo, solo se te ocurre contestar: Como siempre. ¿Cómo puede ser que seamos tan simples y solo conseguimos resumir el día con estas dos palabras?

Eres consciente que a lo largo del día te cruzarás con centenares de personas y no te darás cuenta de si sus rostros reflejan preocupación o felicidad. Tampoco le darás mayor importancia al crecimiento de la primera flor que grita con alegría la primavera. Tampoco te pararás a escuchar el tic-tac del reloj. Raquel, ¿ves que todo lo que te rodea es lo que puede hacer que el día sea diferente y que incluso, sea algo más especial…? Aquí está LA CLAVE DE LA FELICIDAD. Te quiero y siempre estaré contigo porque lo importante no es lo que se ve, sino lo que tú quieras ver.

 

No sé cuáles han sido vuestras reacciones al leerla. Supongo que algunos de vosotros os pensabais que iba a ser más emocionante, quizás otros habéis pensado que no deja de ser una filosofía de la vida y otros, que os haya hecho reflexionar. Es obvio que no todos reaccionamos de la misma forma ante una misma situación y por eso quiero ir más allá de esas palabras escritas. Lo que más me sorprendió de la carta fueron esos puntos suspensivos: “sea algo más especial…? Aquí está LA CLAVE DE LA FELICIDAD”. Para mí, los puntos suspensivos no son simples signos de puntuación sino que de forma subliminal te hacen reflexionar ya que lo más importante no es lo que se dice sino el mensaje que hay detrás de las palabras.

Cuando terminé de leer la carta, comprendí que quizás mi abuela quería que me diera cuenta de que cumplir la mayoría de edad no solo significa creer que ya se es suficientemente mayor para ser independiente sino que también se es mayor para pensar en las cosas. Aun así, reconozco que mi primera impresión fue pensar que su forma de escribir era muy bella pero nada más. Recuerdo que en voz baja me indigné diciendo a quién le va a importar ver la primera flor de la primavera, ver la cara que tienen los demás si lo importante es que yo esté bien, o quien va a pararse delante de un reloj para ver cómo pasa el tiempo. Consideraba que todos esos argumentos eran insignificantes y parecían unos consejos de como malgastar el tiempo libre.

Sé que ahora tengo todas las papeletas para que os indignéis y dejéis de leer pensando que os estoy haciendo perder el tiempo pero creo que la clave de todo está en no censurar lo que no interesa que se sepa. Y es que es así, a veces tendremos que escuchar cosas que no siempre van a ser de nuestro agrado y es eso lo que hace que sea más creíble. Reconozco que mi primera reacción fue la de guardar la carta en un cajón y ahí se quedó en el olvido.

 

Foto de Roser Sala


Me di cuenta que la intención que tenía mi abuela era que fuera capaz de ir más allá del contenido en sí. A veces nos aferramos en las palabras que hay escritas cuando, en realidad, lo sorprendente está detrás de todo. Si no lo veis así, os puedo poner como ejemplo a vosotros mismos, lectores. Fijaros que antes he dicho que los puntos suspensivos de la carta no son solo signos de puntuación sino que detrás de ellos hay un mensaje. Estoy segura que no lo habéis pasado por alto y que habéis pensado que quería decir con eso. Aun así, habéis seguido leyendo olvidando cual podría ser ese mensaje. Y es que ahora entiendo porque su última frase de la carta fue . En ese instante derramaba lágrimas dulces porque ese llanto no era de tristeza sino de felicidad. Lo que parecía ser absurdo, empezó a tener sentido. Ella no quería darme lecciones de la vida sino que quería que yo misma sacara mi interpretación. La carta estaba escrita metafóricamente. ¿Lo veis? ¡Es genial!.Cuando terminé el bachillerato, decidí hacer la carrera de Derecho en Barcelona y tuve que poner todas mis cosas en unas cajas para hacer el traslado a mi nuevo hogar a la capital. Llevaba conmigo muchos recuerdos encima y sabía que tendría que ponerme manos a la obra para ponerlo todo en su sitio. Cuando cogí unas fotos para colgarlas en la pared, se me cayó un papel y al recogerlo vi que era la carta de la abuela. Con esa excusa, aproveché para leerla de nuevo. Esa vez, no tuve la misma sensación como cuando la leí al principio. Es curioso como la mente es capaz de cambiar tu punto de vista cuando las palabras siguen siendo las mismas. Es lógico que con el tiempo vayamos cambiando constantemente nuestra focalización sobre la vida.

Cuando habéis leído la carta, estoy segura que no os ha sorprendido cuando ha dicho que la vida es rutinaria pero sí os ha impactado al ver que es cierto que siempre decimos que el día ha ido como siempre. Y es que es así. Cuando dice que se tiene que contemplar la primera flor que brota en la primavera hace referencia a esos pequeños detalles de la vida. De la misma manera que no nos dice literalmente que nos tenemos que fijar en la aguja del reloj. De una forma, mi abuela quería decir que si son las 12:40 no tenemos que pensar que de aquí un minuto serán las 12:41. Es como cuando vemos caer una hoja de un árbol que en fracciones de segundo, esa hoja que veíamos soltarse de la rama ya ha caído al suelo. Claro que veremos caer más hojas como ésa pero ya no será la misma. Lo que quería decirme es eso, que la clave de la felicidad está en esos puntos suspensivos. Esos puntos suspensivos como símbolo de todo aquello que vas haciendo. No tengas miedo en hacer un paso en falso sino preocúpate cuando no estés haciendo nada. Lo importante está en la actitud que ponemos en hacer las cosas. No culpes a la lluvia por tener un mal día ni tampoco culpes a los directores de una película por mostrar una vida perfecta y bella.

Foto de Roser Sala

Cuando volví a la realidad, vi que mi habitación todavía estaba llena de cajas sin desenvolver. Esta vez, guardé la carta sin que quedara en el olvido y luego, me puse a bailar entre el desorden. Y es que la vida no es una película. La vida es como esa canción favorita que cuando la escuchas, te dejas llevar.

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