3, 2, 1,.. ¡Acción!

La cámara comenzó a rodar desafiando cualquier miedo escénico. Con prisas y sin ninguna pausa. Dando inicio a una nueva escena, diálogos por escribir y personajes por conocer. La larga y atribulada espera había tocado a su fin, por fin. Y como suele pasar con estas cosas, el grito de acción había llegado de sopetón.

Will Jackson (Flickr)

Will Jackson (Flickr)

La actriz principal de la obra escondía sus nervios debajo de una expresión de absoluta suficiencia y resolución. Muy preparada. Perfectamente estudiada. Al verla, cualquiera la hubiera tildado de estirada e incluso altiva. Pero quien la conocía, de verdad, sabía lo que había detrás de aquella falsa fachada.

Apariencias disfrazadas en un baile de máscaras

Suelen decir que las personas tenemos dos caras. Una que mostramos a todo el mundo, nuestra bandera y mejor carta de presentación. Dejamos ver lo que queremos que vean. Intentamos que piensen lo que queramos que piensen. Lo que mejor nos conviene en cada situación, vaya.

Y luego está la otra. La cara que a veces escondemos celosamente, la que permitimos que muy pocos conozcan, la verdadera. El yo real, sencillo y natural. El yo que guarda secretos y calla lo inconfesable. El yo más personal. El yo cargado de haberes y deberes.

Haber de infinita ilusión templada por la inevitable indecisión que conlleva comenzar un nuevo episodio. Improvisar ensayos de última hora frente al espejo. Ultimar repasos mentales en los semáforos, en el ascensor, en donde puedas. Leer y releer en voz alta el guion, tratar de que no se te escape nada.

Para brillar como el que más.

Haber de expectación y castillos en el aire que construía con pasmosa facilidad y sin conocimientos de arquitectura. Esperaba que no se derrumbasen con el primer soplo de aire fresco. Su afición por soñar no conocía límites. Lo sabía, pero se esforzaba por mantener los pies en tierra. Y el cuerpo, aunque a veces costara…

Haber de mariposas campando a sus anchas por su estómago, revolviendo todo cual huracán caribeño. Causando estragos internos, imperceptibles desde fuera. Para casi todos, salvo para ella. La actuación era lo suyo. Que si había que disimular, nadie mejor que ella.

Sabía que desde el minuto cero, todo iba a cambiar. Lo presentía. Su vida se pondría patas arriba y daría un giro de al menos 180 grados. Un cambio rápido y seguro que empezaba ya a tomar forma. Lo veía venir con una claridad absoluta. Sería ese sexto sentido que aseguran que tenemos las mujeres…

Y ella quería creer en ese instinto. El mismo que le anticipa que en un abrir y cerrar de ojos, como suele decirse, llegaría ese cambio a su vida. Y ella cerraría los ojos, sí, pero no demasiado, no quería perderse nada. En cambio, los abriría las veces que hiciera falta, dispuesta a vivir cada segundo.

Segundos que valen por años.

¡Benditos segundos! Diminutas fracciones de tiempo que se nos escurren de las manos, a mayor velocidad cuanta mayor es nuestra intención de disfrutarlos. Momentos que hoy nos parecen seguros, pero quizá mañana ya no lo sean tanto. Momentos que creemos lejanos y fuera de nuestro alcance, para darnos cuenta un día de que están ante nosotros. Dejándose atrapar.

Porque nada es seguro, menos el cambio.

Andrew Jackson (Flickr)

Andrew Jackson (Flickr)

Por eso, no te obsesiones con los grandes planes que has hecho para el futuro, aprende a improvisar sobre la marcha. Olvida los “mañana lo haré”, que se quedan obsoletos antes si quiera de salir por tu boca. Sin remedio alguno. Olvida las infinitas listas que escribiste en el último diciembre (traicioneras Navidades) o las que planeabas escribir en septiembre.

Dale sentido a tus propósitos. Que no se pierdan olvidados en una hoja arrugada. Renueva tus ilusiones cada mañana, cada día, cada año. Elige los recuerdos que guardarás y que nadie podrá ya borrar. Pero sigue creando nuevos. Decide sobre tus compañías, algunas no son viables, lo sabes.

Recuerda que nada viene dado

Aprende a diferenciar con sentido. Verás como el amarillo es un color como otro cualquiera, ninguno te traerá mala suerte si así lo decides. Verás cómo un papel secundario te puede dar el mayor protagonismo de tu vida.

Que hay discursos de agradecimientos y agradecimientos que llegan al corazón.

Parte de cero, si es necesario. Como un actor al que se le olvida su guion y lo reedita para convertirlo en uno mejor. Reinvéntate una y otra vez, no temas. No vivas de memoria, sino de corazón. Supera el miedo al directo y a no estar a la altura. Que no te venza el pánico escénico, supera ese reto y todos los que te propongas.

Las luces brillaban con furia, el silencio era sobrecogedor. Todo el mundo la miraba. Incluso ella. Se miraba y hablaba consigo misma. Se concentraba. Sólo tenía que dar el primer paso, el resto vendrían después.

3, 2, 1… ¡acción!

 

Patricia.

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6 pensamientos en “3, 2, 1,.. ¡Acción!

  1. Sin palabras…
    Hace tiempo que no me pasaba por aquí, y encontrarme con esto 🙂
    Me ha encantado el tema, como si la vida fuera una obra de teatro, y esa mascaras que a veces usamos me han recordado a las del teatro griego…
    Un besin Patri ♥

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  2. Hola Patri, es muy cierto eso de que la vida es como un teatro y nosotros, los actores, los que tenemos en nuestra mano las posibilidades que nos da la fortuna. Nosotros somos los que estamos en el escenario y mejor que nadie sabemos lo que tenemos que hacer para triunfar, pero debemos saber que no todo es triunfo, que también hay decepción y derrota y que de eso también se aprende. Perseguir objetivos plausibles está fenomenal y adaptarse a lo que vaya viniendo, mucho mejor.
    Me ha encantado el relato, feliz finde!!!

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