Como tú no hay dos

Se busca regalo.

Hay varios días al año en los que parece que todos perdemos un poco el norte y nos lanzamos a la desesperada a las calles. Véase Navidad, Reyes, o San Valentín. Da igual que llevemos dos meses sufriendo las siempre ingeniosas y originales campañas publicitarias de las grandes marcas. Siempre nos pilla el toro. O al menos, a mí.

Y el día de la madre no iba a ser distinto. Una vez más, lo dejas para última hora, esperando que te llegue la inspiración. Porque no tienes ni idea de qué regalar, en verdad. Porque tiene de todo, te defiendes. Vas corriendo al salir del trabajo, te pegas una maratoniana jornada de tiendas en búsqueda del regalo perfecto. Como si existiera.

Chris JL (Flickr)

Chris JL (Flickr)

De niña, mi madre solía repetirme aquello de que lo realmente importante no es el regalo en sí, sino el gesto. Que el valor de cualquier regalo no se mide en dinero, sino en sentimiento. Porque es espontaneidad en estado puro, o debería serlo. Porque nace o no nace. De lo contrario, no es lo mismo.

Porque significa que alguien se acuerda de ti, te piensa y te repiensa. Es estar dispuesto a querer, a mimar, a maravillar. Es estar dispuesto a engañar con un buen fin, a esconder para sorprender, a jugar al despiste y hasta hacerse pasar por tonto. Significa acechar en la sombra en el mejor de los sentidos. Es querer dedicar tu tiempo, ese que para la mayoría, es oro.

Porque en expresiones de amor, el Tiempo es el rey.

Porque el amor y el cariño no se compran, se ganan, aunque hay quien no se dé por enterado.  Es un camino de dos vías, de ida y vuelta, y siempre en sentido circular. Es un trayecto en el que no valen los callejones sin salida. Es un dejar salir primero para poder entrar después, un ceda el paso ocasional. Las paradas, de menor tiempo posible.

Parada y exhausta estaba tras mi tarde de tiendas, pero orgullosa como pocos de mi compra. De camino a casa pude estudiar a la gente que subía y bajaba en el autobús. Me entretenía Intentando adivinar qué había dentro de sus bolsas. Imaginando qué tipo de objetos habrían adquirido y quién sería el afortunado destinatario.

Que al final, en el tema de regalos, como en tantas otras cosas, es cuestión de gustos. Ya sea porque eres un detallista empedernido que se dedica a ganarse a la gente con las pequeñas cosas. O uno de esos ególatras, cuyos obsequios son tan exclusivos como ellos. O quizá eres del grupo de los innovadores y tu pasión es arriesgar. Todo se resume a eso: a gustar.

Hablando de regalos, guardo yo en un rinconcito de mi estantería una caja llena de recuerdos y regalos simbólicos, la mayoría de ellos. Creo que la tengo desde que vi la que guardaba Vera en My girl. A lo largo de los años, el contenido ha ido aumentando y evolucionando, pero no así su esencia.

Un mapa sentimental de mi vida.

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Jim Pennucci (Flickr)

Pero aún hay otra caja más por ahí que habla de mí. La guarda mi madre y abrirla es como viajar al pasado. Es ver nuestra infancia, la mía y la de mi hermano, con otros ojos. Es recordar cosas que a veces ni recuerdas. Y otras que preferirías no recordar. Son unas piezas que para ti pueden carecer de sentido, pero que para mi madre, conforman un puzzle perfecto.

Una historia que habla en pasado. Un tiempo en el que los regalos eran manualidades infantiles preparadas en el colegio. Papeles llenos de rayotes que ya empiezan a amarillear por el paso de los años. Collares con pasta de colores que ya no guardan nada de la purpurina con la que en su día los embadurnamos. Las notas del cole, dibujos de Navidad y felicitaciones adornadas con una irregular caligrafía infantil.

Con cariño y sin valor comercial. Pero un tesoro para ella, para mi madre.

Porque ella mejor que nadie sabe lo que es darlo todo y no esperar nada a cambio. Sabe lo que es el amor a primera vista y que el amor sí dura toda una vida. Sabe lo que es renunciar a algo y quedar en segundo lugar en favor de otros. En tu favor.

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bluebyers (Flickr)

Y es que dirán muchas cosas de las madres. Que el primer domingo de mayo es su día. Que lo celebres, le compres flores, un bonito regalo y le invites a cenar. Porque es su día. ¡Como si fuera trabajo de un solo día! Como si el resto no fuera suyo el título de madre.

Dirán también que madre, no hay más que una.

Por eso, y por más…

 

Feliz 365 días/año, mamá.

 

Patricia.

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2 pensamientos en “Como tú no hay dos

  1. Hola preciosa!
    Este post ya es un regalo para tu madre. Supongo que lo habrá leído y, si no es así, no esperes más. Seguro que se emociona con tus palabras.
    Como siempre, me has llegado al corazón y alguna lagrimilla ha estado a punto de caer por mi rostro. Esas cajas de recuerdos… La tuya y la de tu madre. Cuántas cosas y momentos guardados ahí y que se pueden tocar. Fotos antiguas que nos recuerdan lo que fuimos hasta llegar a quienes somos ahora.
    Sigue así. Siempre.
    Muchos besos!

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