Bye, bye

“Los aeropuertos me llenan de tristeza. Están cargados por las penas de las despedidas que allí se acumulan, gente que marcha llevándose un rastro de vida tras de sí.”

(Ismael Serrano)

 

No sé qué tendrán los aeropuertos, pero me chiflan desde que tengo uso de razón. Será por ese ir y venir constante de gente, cargada de maletas y prisas por llegar a donde sea. Será por esos abrazos que parecen no terminar nunca, tanto para los que vienen como para los que se van. Será por esa cara de felicidad que a cualquiera se nos queda cuando llegas y ves que te esperan en la sala de llegadas.

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Joiseyshowaa (Flickr)

Realidad que supera la ficción. Con creces.

Algo que también me chifla son las comidas familiares. Las que nos reunimos todos bajo el brazo protector de mi abuela, en las que el tiempo se detiene y la sobremesa se vuelve atemporal. Aunque la última no lo fue tanto, era la despedida de una de mis primas. Una más que se suma a eso de emigrar para encontrar trabajo de lo suyo. En mi caso, la segunda prima.

Las despedidas cuestan. Y duelen. Podemos intentar camuflar nuestra pena bajo entusiastas y falsas sonrisas, bajo nuestros mejores deseos y palmaditas en la espalda. Podemos acompañarlas de palabras tranquilizadoras y de “todo irá bien”, que es lo primero que a todos nos sale. Que nadie se lo cree, no nos engañemos. Pero no vamos a decir lo contrario, ¿verdad?

Despedidas que a nadie nos gustan y se nos hacen muy cuesta arriba. Es fingir estar bien, cuando por dentro naufragas como el Titanic, a toda velocidad. Aunque hay ocasiones en que son necesarias, que también las hay. Y otras que son simplemente irremediables, llegan de pronto y toca asumirlas. Como la lluvia o como la declaración de la renta. Pero eso es otro tema.

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Woodleywonderworks (Flickr)

En silencio, los aeropuertos son testigos de los más emocionantes reencuentros entre familiares que vuelven a casa, no sólo en Navidad. O de parejas que se funden en un conglomerado de besos y abrazos tras un tiempo de forzosa separación.

¡Que no todo son despedidas!  

Si trabajara allí, me pasaría el día tratando de adivinar a dónde va esa pareja de ancianitos que tan felices se les ve. O a qué viene esa joven cargada de maletas y la cara desencajada de la tensión. ¿Su primer viaje? ¿Estudios, trabajo, placer? ¿Habrá llamado ya a la familia para decir que ya llegó? Yo al menos lo hago. Manías que una tiene.

Entre otras, porque también tengo la manía de viajar y soñar despierta con viajes. Cualquier tipo me sirve, ya sea por tierra, mar o aire. Me encanta planear qué haré y qué descubriré. En qué rincones tomaré las mejores fotografías, esas que luego me pasaré horas contemplando por ordenador mientras decido cuál de todas me imprimo. Difícil decisión.

Difícil, como decidir que te vas, cuando todo lo que quieres es quedarte. Por miedo, por tu familia o por tu pareja. Que lo fácil es renunciar a los sueños alegando que son imposibles y quedarte en tu zona de confort. Pero, de vez en cuando, hay que arriesgar. Ya sabes lo que dicen del que no arriesga… ¿vedad?

Difícil, como cambiar de país cuando más allá de la barrera del idioma, te vas sin nada y lo dejas todo. O no, según lo mires. Te vas tú, con tus dudas y tus inquietudes, pero también con tus ganas de triunfar y de llevarte el punto del partido. Que lo que se queda está ahí, aunque no lo veas a diario, pero seguro que lo sientes en todo momento.

Que si es difícil irse, también lo es ver cómo se van. Créeme.

Llegué a la carrera, como siempre, tras un día complicado de trabajo. Estaba cerrando la maleta, esa que a última hora, deprisa y corriendo, le tocó modificar por huelga de maleteros (¿se dice así?). Tocaba irse con lo básico y en equipaje de mano, para hacerlo más complicado y crear más nervios innecesarios.

Gajes del oficio, dirán algunos.

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ais3n (Flickr)

Anécdotas que contarás cuando todo haya pasado y de las que te reirás, seguro. Porque como todo, llegará el día de regresar, de volver con las maletas cargadas de buenos momentos y la cabeza bien alta. E incluso altísima. Porque lo superaste, y con nota. Porque arriesgaste, y ganaste, a pesar de las dudas.

Volverás feliz, porque como dicen, lo que no mata, te hace más fuerte. Porque si te gustó, eso que te has llevado, y si no, seguro que aprendiste mucho de ello.

Volverás feliz, como si hubieras renacido de nuevo, preparado para el siguiente paso.

Porque para empezar algo nuevo hay que dejar atrás algo viejo.

Porque hay que saber decir adiós cuando llega el momento.

Bye, bye.

 

Patricia.

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6 pensamientos en “Bye, bye

  1. Yo soy de las que no sabe decir “adiós”, ni a historias, ni a personas, ni a las cosas…Me resulta harto difícil “desprenderme” de lo que, aunque sea por un tiempo, ha pasado a formar parte de mi vida.

    Y sé que hay que SABER decir adiós, ¿y cómo se aprende eso? 😉
    Besos

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  2. Hola Patri,
    me he sentido identificada con esta entrada. Viví un tiempo en Alemania. Cada vez que venía de vacaciones lo hacía con una alegría inmensa. Los regresos eran un dramón en el aeropuerto. Toda la familia llorando y yo la primera claro.

    En Alemania trabajaba en el aeropuerto. Desde la ventana de la oficina veía despegar y aterrizar los vuelos. Llegas a aprenderte los horarios, pej, a las 10 American Airlines, a las 10.05 Japan Airlines e incluso te das cuenta de cuando uno va con retraso. El caso es que los ves llegar e irse y piensas “mira, estos se van a NY” “¡oh! Caribean Airlines, qué suerte a la playa!” jaja

    Un beso, guapa

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  3. Me lo imagino perfectamente Erika, tengo a dos primas y a varios amigos fuera. Al final aprendes a convivir con ello, con los bonitos reencuentros y hasta con las despedidas…

    Me imagino también que lo de Alemania sería toda una experiencia. De hecho, lo veo como futura entrada en tu blog: orígenes de la secretaria con mejores anécdotas… jejeje.

    ¡Un beso enorme! Y feliz semana 😉

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  4. que me vas a contar, viví a distancia del Pepe temporadas y cada despedida los aeropuertos era un mundo! Ahora me pasa lo mismo cuando visito a mi familia y les digo adiós en el aeropuerto, es una sensación que no me gusta nada como de nudo en el estómago! Espero que tu prima tenga muchísima suerte 🙂

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