Iulia se coló en mi correo con una reflexión de esas que te hacen pensar.

Con 19 añitos y como futura licenciada en “Publicidad y Relaciones Públicas”, es una apasionada de la comunicación, el trato cercano con la gente y como no, la publicidad.

Se define como una persona que se entrega al máximo, pese al miedo. De las que busca magia en las palabras. De las que busca sensaciones y emociones en las miradas, esas que hablan por sí solas. De las que la música les transporta. De las soñadoras. Pero sobretodo, es una de esas personas a las que les gusta escuchar y la que aprecia los pequeños detalles.

Y ahí va, mi tercera “Cuento tu historia”.

Gracias Julia, por ser parte ya de este espacio.

 

 
Sueño (nombre masculino)
1. Estado de reposo en que se encuentra la persona o el animal que está durmiendo.
2. Deseo o necesidad de dormir.
  
Cuando la noche cae y el sueño se apodera de uno mismo, es fácil caer en el onorismo más profundo. Y quien dice noche, dice siesta de 20 minutos… La cuestión es que te sumerges en una ensoñación profunda cuyo centro suele ser una persona o una situación concreta. Sueño tras sueño, incluida alguna que otra pesadilla.
 
Como si el subconsciente tuviera el papel protagonista en su propia película “Origen”.
 
Y no hablo de simples ilusiones que al despertar nos cuesta recordar. Hablo de sueños lúcidos, claros, transparentes. Hablo de hallar la consciencia aunque ésta desaparezca, intentando no dejar rastro. Hablo de reconocer esos ojos castaños, genuinos intérpretes de una delicada mirada que te haga creer que su sonrisa es tuya.
 
Sólo y toda tuya.
 
SensacionesHablo de sensaciones, de descubrir un cosmos entero de impresiones, percepciones y emociones que no eres capaz de sentir ni en la realidad. Ni mucho menos, de descifrar. Te envuelven y te llevan. Te cogen de la mano y te la sueltan en el momento más inesperado.
 
Es tener la certeza de que nada es real. Aunque lo estés viendo, viviendo y sintiendo como si lo fuera. Como si pudieras tocarlo con tus dedos con solo alzar la mano.
 
Y aun así, no tienes premura alguna por despertar. No tienes prisa ninguna por alcanzarla, pero sabes que está ahí. Bien oculta entre alucinaciones, ilusiones y todas las células nerviosas que envuelven los sentidos. No lo sientes, ni lo ves ni mucho menos lo hueles. Lo sabes. Está ahí.
 
Porque mientras, los sueños se suceden uno tras otro, en orden y sin él. A veces sin tregua, a veces fundiéndose los unos con los otros y confundiéndote en cuanto a comienzos y finales.
 
Pero en el fondo, casi puedes tocarla, e incluso oírla. Cada vez más cerca, cada vez más tuya…
 
Hasta que desaparece. La vigilia desaparece. Todo desaparece.
 
Todo, excepto las emociones.
 
Abres los ojos. Respiras. Despiertas.
 
Un millar de imágenes viajando a través de las células de tu cerebro y la única que consigues recordar al despertar es la de su sonrisa.
 
Y después, nada. Vuelta a empezar de un día más. Rutina y la misma conocida cotidianidad. Las mismas sensaciones de siempre. ¿Lo peor de todo? Que en los sueños sea capaz de sentir cosas que en la realidad ni me acerco.
 
¡Soñar resulta cruel cuando los sueños son deseos más auténticos que la propia realidad!
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