Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Imagina

Imagina que el miedo se vuelve lo más pequeño posible, que el odio desaparece y que el amor vence cualquier barrera. Cualquier resistencia. Cualquier fisura.

Imagina que no dejas de ser esa hoja en blanco que fuiste en tu infancia. Que no te dan miedo los comienzos, volver a empezar las veces que haga falta o decidir un nuevo camino cuando todo lo demás falla.

amor

Imagina que la venganza se extingue, que no hay personas de primera, segunda y hasta tercera categoría y las injusticias no están a la orden del día. Que las religiones se igualan en importancia, así como los dioses o las plegarias. Que no hay diferencias entre el color de la piel, de pensamientos o de creencias. Que olvidamos lo que son el rechazo y las represalias.

Imagina que vuelves a ver la vida con los ojos de un niño. Con la inocencia más pura. Con ilusión. Con alegría. Que el enfado se pasa pronto, que aprendes a no guardarte nada y a decir las cosas conforme las piensas. Conforme las ves. Conforme las sientes.

Imagina que ni cuestionas ni te cuestionan por lo que piensas. Que nadie intenta convencerte de lo contrario, ni influir sobre los demás, ni imponer su autoridad. Que cada uno tiene razón pero nadie trata de estar por encima.

Imagina que no se señala a quien es distinto, ni se ignora ni se excluye. Que nadie se siente agredido, forzado, orillado. Que la envidia pierde terreno. Que se acaban los pisotones, las zancadillas, los empujones sin venir a cuento.

Que nadie mira por encima del hombro.

Imagina que dejan de permitirse las barbaries. La violencia, machista o de cualquier tipo. Ni el terrorismo. Ni el abuso infantil. Ni las mafias que extorsionan. Ni el bullying. Ni las violaciones. Ni nada que atente contra la libertad.

O contralas propias personas.

Imagina que se dan por terminadas las masacres, los bombardeos y las condenas a morir en vida. Que nadie se ve obligado a la fuerza a abandonar su casa, su familia, su vida. Que las malas noticias abandonan la prensa. Que la tristeza ajena no se contagia. Que la ayuda es, siempre, desinteresada.

Imagina que se cumple aquello de que la vida está por encima de todo. Que se convierte en derecho esencial. E inviolable.

Imagina la paz de reconciliarte con tu pasado. Con tus miedos. Con tus grandes errores. Que aprendes de ellos para no volver a repetirlos.

paz

Imagina que el odio se cambia por amor, que se busca lo que se asemeja y no lo que diferencia y que aprendemos a apreciar lo bueno y no solo a mirar lo negativo. Que aprendemos a darnos la mano, un abrazo y comprensión.

Que tendemos puentes.

Imagina que aprendemos, por fin, que vida no hay más que una, y que el odio y el rencor no llevan a nada.

 

Patricia Ayuste.

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2 Comentarios

  • Responder
    Compartiendo Macarrones
    17 noviembre, 2015 a las 10:58 pm

    Preciosa canción con la que introduces tu texto, pero qué lejos queda de la realidad. Los hechos que están pasando últimamente nos están haciendo reflexionar, yo también tengo algo escrito sobre el tema pero creo que por el momento me lo voy a quedar para mi.

    El caso es que, por lo visto, estamos destinados a tropezarnos con la misma piedra una y otra vez. Es un poco lo que se comenta en las redes sociales, que estamos en un especie de crisis de la humanidad. Si, la resuesta a tu pregunta es que no creo que aprendamos de la historia tanto como deberíamos, pero que algo si que se queda con nosotros. Y espero que sea lo suficiente para evitar que esto vaya más lejos de donde ahora nos encontramos, aunque mucho me temo que sólo es la punta del iceberg.

    Me quedo con tus afirmaciones, que un niño no conoce de religiones, de armas, de colores. Que algún día seamos capaces de darnos la mano.

    Un abrazo.

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      18 noviembre, 2015 a las 9:26 pm

      Ojalá aprendiéramos y ojalá lleguemos a darnos la mano algún día. Aunque como tú, yo también creo que esto es sólo el comienzo. QUe hemos entrado en una vorágine de la que va a ser difícil salir y de la que no se espera nada bueno…

      Ojalá nos equivoquemos.

      Un abrazo Elvira.

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