Que no se pierda la ilusión

Que no se pierda la ilusión de creer. Empezando por uno mismo, eso que a veces nos cuesta tanto. En los demás, sobre todo los más cercanos y que tan bien nos quieren. En que todo va a salir, mejor o peor, pero saldrá. Depende de nosotros más de lo que imaginamos. Pongamos empeño.


Que no se pierda la ilusión de vivir. En primera persona, singular o plural depende del momento. Vivamos el aquí y el ahora, que nadie nos lo cuente. O nos arrepentiremos. Vivamos el futuro perfecto y hasta el más lejano. Pero con calma y perspectiva, que no se adueñe de lo que no le pertenece.

Que no se pierda la ilusión de soñar. En grande y por todo lo alto. Que si nuestros sueños no nos dan miedo, no son lo suficientemente grandes o importantes, dicen. Soñemos a pequeña escala y dejémonos sorprender. Que la grandeza a veces se oculta en la pequeñez, para engañarnos y ver si estamos atentos.

Que no se pierda la ilusión de emocionarse. Felicidad. Alegría. Satisfacción. Gratitud. Esperanza. Amor. Generosidad. Solidaridad. Paz. Amistad. Confianza. Entusiasmo. Decisión. Atrevimiento. Diversión. Compañerismo.  Sinceridad. Energía. Cariño. Autoestima. Compasión. Empatía. Optimismo.

Que no se pierda la ilusión de la Navidad. Dulce, turrón y cava, que no falte. Infinitos brindis por el hoy y por el mañana. Tararear villancicos que suenan de fondo y seguir el ritmo con el pie. Ser fan de Papá Noel y de los Reyes Magos, ¿Para qué elegir pudiendo tener ambos?. Disfrutar la magia de las cabalgatas reflejada en la carita de felicidad de los niños. Árboles ocultos bajo el espumillón, luces de colores que lo invaden todo. Nochebuenas entrañables, en familia. Nocheviejas con amigos y a lo loco. Todo, para el recuerdo.

Que no se pierda la ilusión por las personas. Por las que pararías el reloj para que no corriera el tiempo. Por las reuniones planeadas y los reencuentros improvisados. Por esos cafés que nunca se acaban. Por las sobremesas que se juntan con la cena. Y las cenas que terminan en copas. Las mejores, las de una y a casa. Las que se nos van de las manos.

Que no se pierda la ilusión por la familia. Esa que se reúne año tras año. Aunque alguno tenga que cruzar el país o incluso algún continente. Todo por arañar unos días para regresar a lo suyo. A lo nuestro. A nuestros orígenes y raíces, aquellos que no se pierden por muchos años que pasen. Abuelos cuyos abrazos valen por mil. La mirada de orgullo de unos padres que lo dan todo por sus hijos. La inocencia de los niños, los que te arrancan una sonrisa con los gestos más simples. 

Que no se pierda la ilusión de amar. Porque jamás se recibe sin dar, sino que recogemos lo que sembramos. Que con amor las penas se encogen y las alegrías visten talla XXL. Con amor, todo, va a más. Todo lo bueno. Crecemos nosotros y nuestro entorno, hay feedback continuo y sin buscarlo. El amor abre puertas y ventanas insospechadas. Crea oportunidades de la nada y abre los ojos cuando llega la escena importante de la película.

Que no se pierda la ilusión ni hoy ni mañana. Venga lo que venga.

Que la esperanza nos acompañe, y sea cierto eso de que es lo último que se pierde.

La ilusión es futuro.

La ilusión es vida.

 

Patricia.

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