Una nueva entrada para la sección “Cuento tu historia”. Una joven malagueña, encantadora, luchadora y optimista donde las haya, ha querido que ponga letra a su historia. Y aunque ha preferido mantener su nombre oculto, no ha dudado en compartir su experiencia con vosotros. Un experiencia agridulce pero con una gran enseñanza.

¿Te quedas a leer?

¡Gracias, guapa!


 

 “Según un estudio, las parejas que se conocen por Internet son más compatibles y duraderas”.

 

Una tarde cualquiera de un día cualquiera. Él, yo e Internet. Le conocí sentada frente a la pantalla de mi ordenador. A la manera tradicional. Un primer cibersaludo, de esos que no prometen mucho. O eso crees. Una conversación. Horas y horas de teclear líneas, escribir confidencias y dejarse conocer.

120. Opciones y prioridades 01

Una foto. Una chica. Una señal. Fue suficiente para borrar las conversaciones, los chistes y las horas robadas al sueño. Así lo quise. Así hice que creciera la distancia, perdiéramos la confianza y nos olvidáramos el uno del otro. O eso creía. El silencio reinó durante algún tiempo.

Un nuevo contacto rompió el hielo. Un nuevo mensaje. Tuyo. Inesperado. Pero en el fondo, querido. Quizá no muy en el fondo, confieso. Una propuesta de conocerse. Dejando a un lado Internet, teclado y vergüenza. A lo tradicional.

En vivo y en directo. De verdad. En persona.

Una cita. La primera. Un paso enorme para una pequeña historia. Si es que la había.  Nervios. Dudas. Imaginación desatada. Preguntas que no tenían respuesta. Aún. ¿Superaría la realidad a la ficción? Lo hizo. Vaya si lo hizo.

Tanto que no se quedó en un primer encuentro, sino que al primero le siguió el segundo, el tercero… Y llegaron muchos más. Momentos de ilusión, esperanzas y sueños. Anticipados, por mi parte. Por la tuya, brillaban por su ausencia. Me asaltaron traicioneros “Y sí…”que distorsionaron la realidad y nos empezaron a alejar. De nuevo.

Pequeños pasos para una no-historia.

Una decisión. Otra vez mía. La de alejarme sin preaviso, sin dar explicaciones y evitando todo lujo de detalles. Con idea de no vernos más, de no oírnos ni tocarnos. Ni siquiera hablar. Queriendo ahuyentar fantasmas y falsas ideas. Futuros tropiezos y llantos innecesarios.

Dejé de hacerme daño y solté tu mano sin mirar hacia donde te llevaba el camino. Me escondí en mi caparazón para protegerme y hacerme fuerte. Puse de nuevo distancia entre los dos, para no volver, me dije. Borré mensajes, olvidé detalles e ignoré coincidencias.

120. Opciones y prioridades 02

Y de nuevo tú. Apareciste dispuesto a poner patas arriba mi vida y a hacerme coger tu mano, donde la había soltado. Un mensaje. No hizo falta más. Reclamaste mi atención, mi presencia en tu vida y la confianza perdida. Recuperamos el tiempo perdido en tiempo récord.

Pasos de gigante a velocidad de carrera. No había detalle que se nos olvidara contarnos. Llenamos el tiempo como sólo nosotros supimos. Tranquilas tardes de cine acompañadas de palomitas. Veladas en la intimidad de tu casa. Románticas noches de estrellas en la playa.

Y una noche. La gran noche. Nuestra.

Perfecta, inolvidable e irrepetible. Aunque entonces no lo sabía. Ni llegaba a imaginarlo. De esas noches que surgen espontáneas, sin planear y en el último minuto. Las mejores dicen. Las que nunca fallan. Las que nunca se olvidan.

Y así fue.

Quizá porque sería la última.

La última cita. La última noche en la playa, la principal testigo de nuestra aventura. El comienzo de una muda despedida que se avecinaba sin yo saberlo. Porque tras aquello, llegó el frío. Tu silencio. Tu olvido. Tu no respuesta. Algo cambió, y nada volvió a ser lo que era.

Y como siempre había hecho, te di lo que quisiste. Te di lo que me pedías sin hablar: te di espacio y tiempo, te dejé de hablar con palabras para hablarte con hechos. Rehíce mi vida. Sin ti. Sin crítica, reproches o súplicas. Guardé lo bueno para olvidar lo malo. Seguí caminando, convencida de que esta vez, no había vuelta atrás.

Dicen que los buenos finales no existen, porque son historias sin acabar.

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Y aunque la nuestra tuvo final, soy feliz. Mucho. Más de lo que pensé que sería tras esa última noche. Me ayudó a superarlo todo y superarte a ti. A quedarme con lo bueno y pensar que lo mejor, está aún por llegar.

Me ayudó a preocuparme por quien se preocupa por mí. Me ayudó a ser más positiva. Me enseñó que las cosas pasan cuando tienen que pasar, que por mucho que las busques o trates de forzar, si no son para ti, no lo son.

Me ayudó a dejar de ser la opción y a elegir ser prioridad. 

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