Entre Suspiros y un Café
Reflexión

De lo que te pierdes

A veces es necesario perderse, para poder encontrarse.

 

Dice la sabiduría popular que nunca llegamos a conocer el valor real de algo o de alguien, hasta que se esfuma de nuestra vida. Hasta que lo perdemos por méritos propios. Hasta que hace la maleta y desaparece, dejando o no rastro para intentar seguirlo. Ilusos.

Y es precisamente por eso por lo que lo perdemos: por no haberlo sabido valorar a tiempo. Da igual el motivo.

Ya sea porque lo hemos descuidado con descaro y sin miramiento. Nos hemos olvidado de ello con asiduidad y sin disimulo. Nos hemos acostumbrado a ponernos en primer lugar, a pensar sólo en nosotros y a mirar hacia el lado equivocado. A escuchar a quien no y a hacer oídos sordos a quien sí.

Las intenciones, sin hechos, no valen.

Si algo me gusta del mundo blog es descubrir tesoros en forma de textos inspiradores. De los que te hacen leer sin pestañear y sonreír como una tonta. De los que te llegan. De los que echas en falta el to be continued. De los que te sientes identificada y protagonista principal.

Y más emocionante aún es conocer a la persona que hay detrás de ese texto.

Como mi querida Elvira, la gran escritora el frente de Compartiendo Macarrones. Una de esas personas que escribe desde el sentimiento y pone el corazón en lo que crea. De las que te cautiva con sus reflexiones y te pone la piel de gallina con todas ellas.

Era una confesión con la que me sentí identificada desde el primer párrafo. El destinatario, la persona que dejó escapar en su día. Por quien no supo luchar y a la que le pide perdón. Dejando vergüenzas a un lado y rencores pasados. Reconociendo lo propio, llamando a las cosas por su nombre.

Y es que, quien más y quien menos, todos hemos perdido por el camino a alguien. Por orgullo, por egoísmo o por cabezonería. Cada uno que escoja su motivo preferido. Y que lo reconozca. Recuerda que el primer paso para el cambio es ese, De nada sirve si no aceptamos nuestros fallos.

Quizá se trata de una amistad que se enfrió. Quizá por orgullo de uno a pedir perdón. O tal vez por orgullo del otro a preguntar. El tiempo pasó y nunca más se supo.

Quizá fue el amor de tu vida. Hasta que lo borraste de ella a base de palabras inadecuadas y señales equivocadas. De inconveniente indiferencia y muestras de cariño contenidas y contadas. De gestos que hablaban por sí solos y silencios que creaban distancias que llegaron a ser insalvables.

Porque “una de cal y otra de arena” no siempre sale bien. Porque lo poco gusta y lo mucho cansa, al igual que cansa dar y apenas recibir. Porque la paciencia puede no ser infinita y que se plante el día menos pensado. Porque mantenerte en tus trece te puede llevar a nada.

Porque no siempre funciona bien eso de jugar con fuego. Aunque creamos que tenemos el control, podemos acabar en combustión espontánea. Esa que empieza en el interior y para cuando se hace visible ya no hay forma de pararla. Esa de la que sólo quedan cenizas para recoger y nada que salvar.

Quizá fuimos conscientes de que algo fallaba. Tú y yo. Lo cual es incluso peor. Quizá nos acomodamos en el “ya se verá” e hicimos nuestro el “deja para mañana lo que no quieras hacer hoy”.

Suma y sigue.

Quizá preferimos dejar la solución en manos del otro y hacerle único responsable. Regalarle una mochila cargada de cosas que no funcionan, esperando que las arreglara. Todas. Y solo. Como si quitándonos ese peso nos fuéramos a sentir más libres y ligeros. Más limpios de culpa. Como si realmente lo estuviéramos.

No hay más ciego que el que no quiere ver.

Porque la venda hay que quitársela si no cae ella sola. Que pocas veces pasa. Porque el mayor perjudicado, no hace falta que te diga quién es. Ata cabos. Que mientras tú te quedas atrás, hay quien emprende la marcha y rehace su camino. Mientras a ti te queda la espinita clavada, la que no sale ni a la de tres. La que se deja sentir de tanto en tanto.

Todo, por dejar ir lo que no queríamos perder.

Porque perder es malo y hacerlo a propósito es peor. Es olvidar tu canción favorita y negarte a bailar cuando te sabes todos los pasos. Y tienes con quien bailar. Es dar la respuesta errónea sabiendo cuál era la buena. Es tirarse piedras sobre tu propio tejado o esconder la mano tras haberlas lanzado.

El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra.

Y si no cambiamos esa piedra, tropezaremos una y mil veces. Y el problema no será ella, sino nosotros. Porque cambiará la piedra, pero no evitaremos nuestra caída si no aprendemos a andar bien. Si no aprendemos a querer ganar.

Si no desaprendemos a perder.

Si no perdemos el miedo a perder.

Patricia.

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9 Comentarios

  • Responder
    Compartiendo Macarrones
    27 enero, 2016 a las 7:51 pm

    Qué bien escogidas palabras. Me alegro que mi post no sólo te gustara, sino que te sirviera para reflexionar y escribir este post, con el que no puedo estar más de acuerdo. Creo que lo más duro no es sólo afrontar el problema sino reconocerlo, muchas veces por orgullo o por ego, nos negamos a asumir que nos hemos equivocado, y así no hay forma de resolver el problema.

    Un abrazo enorme, sigue escribiendo tan bien Patri.

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      27 enero, 2016 a las 9:50 pm

      Gracias a ti Elvira por esos inspiradores fragmentos que nos regalas. Como te comenté, con esa reflexión me sentí más que identificada, y sumado a un par de recientes disgustos, me ayudó a poner por escrito lo que sentía.

      Me alegra muchísimo tu comentario y que te guste lo que escribo, ¡un placer!
      Besos 😉

  • Responder
    elbauldelasvidas
    27 enero, 2016 a las 8:31 pm

    ¡Sin palabras! Me ha encantado este post. Pienso que hay que valorar cada detalle, y no cuando ya no está, sino cuando viene y en todo su proceso. Es la mejor manera de disfrutar de las cosas.

    PD: Me gusta el nuevo diseño. Yo no consigo dejar mi blog como quiero, algún día te pediré un tutorial jaja.

    Un besazo y fantástico como siempre 🙂

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      27 enero, 2016 a las 9:52 pm

      ¡Gracias! Ha sido un poco difícil reflejar en palabras todo lo que me bullía en la cabeza, pero creo que lo he conseguido. Y en cuanto al diseño, como siempre digo… prueba y error 😉

      ¡Un beso enorme! Y gracias por estar siempre ahí 🙂

  • Responder
    lachicadelquinto
    28 enero, 2016 a las 10:57 am

    Me ha parecido muy interesante tu reflexión pero también se puede dar la vuelta y pensar en todas esas personas que nos han perdido a nosotros, por su propia cabezonería u orgullo. Personas que no han sabido estar a nuestro lado cuando han tenido que estar, esas personas que una vez que se han ido eres tú quien no quieres que regresen más. Ese “si no estuviste en tal o cual momento, tampoco ahora”
    Un beso enorme y feliz día

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      28 enero, 2016 a las 9:48 pm

      Me encanta la perspectiva que sabes darle a las cosas Bea. ¡Gracias! Porque reconozco que no le había dado la vuelta, como bien propones. Y visto así, es cierto que hay gente que no nos sabe valorar y que acaba ganándose ese “ni ahora ni nunca”…

      ¡Un beso grande guapa!

  • Responder
    beacm_
    28 enero, 2016 a las 3:55 pm

    Vaya, me he sentido muy identificada. Hay una persona que sigue siendo muy importante para mí que perdí… Espero algún día armarme de valor para volver a hablar con esa persona. ¡Gran post! Besazo enorme.

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      28 enero, 2016 a las 9:49 pm

      Plantéate que ahora es el mejor momento de resolver lo que tienes en las manos. Cuando más tiempo pase, más crece la distancia y más insalvable se hace.

      ¡Un beso grande!

  • Responder
    Gracias – Entre suspiros y un café
    31 diciembre, 2016 a las 6:21 pm

    […] por hacerme aprender que lo que te pierdes nunca vuelve. Porque así aprendes a valorar, a vivir, a saborear. Lo que tienes y lo que no. Cada […]

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