Sé el cambio que quieres ver en el mundo (Ghandi)

 

Yo soy.

Ser. Identidad. Imagen.

Qué difícil es presentarse. Salirse de lo fácil para ir más allá de tu nombre y apellidos, de tu lado más visible, de tu superficie, de tu escudo. Arriesgarse a adentrarnos en terreno personal e íntimo. En esa zona de arenas movedizas, corrientes marinas y montañas rusas. De príncipes y princesas, de dragones y magia. Ese lado que mantienes intacto y oculto, incluso de ti mismo.

Porque es difícil presentarse de verdad y no caer en tópicos o estándares. Hablar de sentimientos, emociones y de estados que no sean civiles. Mostrar lo bueno y lo malo. Las cicatrices, las medallas y nuestros trofeos más preciados. Resumir e ir a lo importante, no perderse dando una vuelta que no llega a ningún lugar. No acabar en lo que queda bien, sino en lo que nos sienta bien.

Romper barreras para acortar distancias. Con nuestro entorno y con nosotros mismos. Porque, sin quererlo, nos podemos convertir en nuestro mayor desconocido. Acomodarnos en un papel aprendido, de memoria, y soltarlo de carrerilla. Una estudiada carta de presentación. Insípida, fría e impersonal. Aparentar lo que no, camuflar lo que sí. Con el riesgo de caer en el olvido.

Salir de la zona de confort. Nuestra zona.

Muy bonito de decir, leer y gritar a los cuatro vientos. Como si supiéramos a ciencia cierta el modo. Como si conociéramos el camino, el primer paso y hasta el paisaje. Como si el riesgo y el miedo fuera mínimos e incluso minúsculos. Como si el resultado fuera siempre positivo. Como si tan sólo con pensarlo, pudiéramos lograrlo.

No es fácil,pero es posible.

Empieza.

Yo, en primer lugar y con mayúscula. ¿Quién si no? Conjuga el verbo ser. Ser=persona. Busca lo que realmente te identifique, con lo que te sientas más Tú que nunca. Tu yo más personal y genuino. No hables de otros ni en su nombre. Habla en primera persona.

Sigue.

Habla de ti. Algo que sea muy tuyo y de nadie más. Algo que sientas y que quieras compartir.  Algo que te guste, te remueva o incluso te asuste. Empieza a hablar desde otro nivel. Desde el sótano, desde lo más profundo. Ese rincón al que muy pocos se atreven a bajar por miedo a lo que allí habrá. Dichosos miedos. Véncelos. Como en las pelis en las que sólo encuentras el tesoro cuando has vencido al malvado pirata.

¿Qué quieres? 

Piénsalo bien y escríbelo. Ponlo sobre papel, créeme, ayuda más de lo que crees. Visualizarlo es primordial. Es el punto cero. Es la catapulta que te lanza hacia ello. De ti depende caer con estilo y arte. Andar lo que te falte ovolver a lanzarte, nadie dijo que lo fueras a lograr a la primera. Lo bueno, cuesta.

Pero no te quedes ahí y escarba más. Pregúntate y habla contigo mismo. De yo a yo. Ese Yo al que cuesta más mentir. Al primero que traicionas cuando faltas a tu palabra. Al que deberías priorizar si no lo estás haciendo ya. Al que deberías dar el papel protagonista de tus decisiones y que a veces relegas a un triste segundo plano. Triste e injusto.

No te detengas. Nunca.

No vale con visualizar y escribir, hay que pasar a la acción. Tomar el timón del barco, soltar las velas y moverse. Superar tempestades, mareas y motines. Vencer todos los peligros, tanto los que vengan de fuera, como los que se ocultan en ti. Avanzar, rectificar y llegar. Y premiarse.

Todo esfuerzo merece su recompensa.

Y cada logro su celebración.

Por lejano y difícil que parezca. No desistas. Recuerda que el primer paso inicia cualquier viaje, por largo que sea.

Yo soy Patri, ¿y tú?

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