“Dicen que los mayores de 60 años son los más felices y los que más viven el ahora”.

Me pasa sobre todos los domingos por la tarde que me pongo melancólica y me estreso. Tengo la sensación de que los días pasan volando, como si corrieran en un sprint permanente cuyo ritmo no puedo seguir. Que siempre voy por detrás y con la lengua fuera. Y que cuando llego al fin de semana es como si tuviera algunas horas de menos…

Y me frustro por todas las cosas que me gustaría hacer y no he hecho. Como escribir. Que de hecho, no me gusta, me encanta. Y sin embargo, lo dejo para lo último a conciencia. Con la falsa idea de “disfrutarlo”. Como cuando dejas hueco para el postre que tanto te gusta y que dejas para el final. Y cuando llego, estoy tan agotada que lo dejo para otro día.

Procrastinación en estado puro.

Y creo que el gran problema, o al menos el mío, es que nos autoengañamos pensando que mañana será un mejor día. Como si hoy no contara. Que haremos todo lo que queramos, que tendremos tiempo y energía ilimitada para completar esa interminable e inverosímil lista que nos hemos propuesto, y que hoy miramos de reojo para no sentirnos culpables.

“No dejes para maña los besos que puedes dar hoy”.

Obviamos el momento presente sin excusa que valga. Obviamos que la vida transcurre entre un sinfín de oportunidades que van y vienen. Que hay algunas de ellas que jamás regresan. Normalmente las mejores, las que más nos gustan. Las que más miedos nos dan. Las que nos aterrorizan.

Obviamos también que las oportunidades se las queda el primero que llega y las ve. El que estaba allí y no temió cogerla. El que se adelantó a los demás, el que estaba preparado. Quizá supo verla, quizá la cogió sin saber qué cogía. Pero una vez que es suya, no nos queda más remedio que esperar que la suelte. O que se nos plante otra igualita o mejor delante nuestro. No nos queda otra que ser segundones.

Y nos volvemos protestones y pataleamos contra la injusticia. Culpamos a los demás, a los imprevistos que nos surgen, a la rutina que nosotros mismos creamos, y a la propia vida. Culpamos a esos momentos que no vuelven a repetirse por mucho que lo intentemos. Nos olvidamos de que depende de nosotros vivirlos en primera persona, en presente de indicativo.

Nos arrepentimos y echamos de menos en pasado perfecto.

Sea ese buen amigo al que siempre tenemos en mente ver o esa llamada tan deseada pero para la que nunca vemos el momento oportuno. Esperando que se alineen las estrellas para que sea la ocasión perfecta. Como si la hubiera. Como si viniendo del exterior fuera mejor que creándola en el interior. 

Por eso me propongo que a partir de mañana voy a hacer lo que me suma, sin excusas, aplazamientos ni nada parecido. Voy a rellenar mi tiempo con todo aquello que me llena de felicidad, lo que me da sentido y pinta de color mi día. Voy a elegir más y postergar menos. Voy a saltar las piedras que me encuentre para llegar a donde quiero.

Voy a compartir más. Compartir es vivir.

 “Dicen que la mayor felicidad se vive a las 60 años”

Dicen que a esa edad, o a partir de ella, es cuando tomamos conciencia del sentido de la vida, de la urgencia de vivir el aquí y el ahora y de lo limitado que es el tiempo para cualquiera de nosotros. Que es una etapa en la que se tienen claras las prioridades, se sabe decir que no y decidir pensando en uno mismo.

Probemos una cosa.

Probemos a elegir.

Elige dar un salto y subirte a ese tren que anuncia su salida. Inicia ese viaje para el que llevas tiempo preparando tu equipaje. No importa que vaya lleno, ni que seas el único pasajero. Tú sólo disfruta del trayecto, del paisaje y de cada parada que te encuentres. Cada viaje es único.

Elige fluir. Ser tú mismo. Y que no te dé miedo Que nadie te lo robe. Y que nadie invada tu espacio sin tu permiso. Elige desde tu interior y no desde otros ojos. No importa lo sabios que sean, lo queridos que te resulten o lo amenazantes que te intimiden.

Elige recorrer caminos que en su momento te parecieron difíciles o que no eran para ti. Planifica tus pasos, las bifurcaciones que quieres seguir y los descansos que te tomarás. Diseña tu plan, crea tu futuro y elige la compañía. A tu gusto.

Elige sabiendo que al final del día serás feliz. Te sentirás orgulloso de tus decisiones, de cómo fue tu día y de lo que esperas por venir. Recuerda que como dicen, tu vida es tuya, y eres el responsable de vivirla, disfrutarla y hacer lo que quieras en ella.

Elige priorizarte a ti.

Patri.

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