Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Saber perder

Odiamos perder. Incluso más que amamos ganar.

Y a pesar de ello, es habitual que perdamos cosas a diario. Por despistes absurdos, por tener la cabeza en otro sitio o por mirar hacia el lado equivocado.

Perdemos metros que llegan un minuto antes y nos pillan bajando las escaleras a toda prisa y a trompicones. Por ir siempre justos, por apurar en exceso. Perdemos notas que nos dejamos para acordarnos de lo que queríamos comprar. Y nos olvidamos de la lista, de la compra y nos toca improvisar sobre la marcha.

Perdemos la cabeza por quien la pierde por otra persona. Por quien ni nos presta atención, o no la suficiente, o no está nunca a nuestro lado. Por quien sabe decir lo que queremos oír para engatusarnos, salirse con la suya, sea lo que sea, e irse de rositas. Y que, erre que erre, nos empeñamos en seguir ahí.

Perdemos prometedores borradores por no tomarlos nada en serio. Por dejarlos olvidados entre promesas de “algún día”, entre las hojas de libretas que se quedan a medias, en estanterías polvorientas que nunca revisamos, entre libros, cuentos y otras historias por comenzar. Algunas por continuar. La mayoría, por concluir.

Perdemos palabras que queremos decir y que luego ya no importan o ya no dicen nada. Palabras que pierden el significado, el sentido y el motivo. Perdones que regalar y que recibir. Por orgullos taimados y desconfianza ante todo. Y todos. Como si perdiéramos más dándolo que negándolo. Que hay casos, claro. Pero los filtros son necesarios.

Que al final, recibes lo que das.

Y que el respeto se gana, pero también se pierde.

Perdemos oportunidades que no vemos, pero también las que no queremos ver. Por miedo, vergüenza, por estupidez. Por esperar a otro momento. Por evitar fracasos, escarmientos y sarpullidos necesariamente necesarios. Por hacer como que no va con nosotros cuando morimos de ganas de que sean nuestras.

Perdemos la ocasión de abrirnos puertas por no atrevernos a llamar al timbre. Ni a gritos, ni con los nudillos. Por no ser capaces ni de asomarnos a la ventana a mirar qué hay dentro, a preguntar, a llamar varias veces si hace falta. Por mucho que la curiosidad nos pique por todo el cuerpo.

Perdemos carreras que estaban ganadas, que estabas muy cerca o a un paso de la meta. Nos confiamos a última hora. Bajamos el ritmo, la guardia y las ganas. Nos creemos que ya está hecho cuando aún queda algo, por poco que sea. O abandonamos sin más, sin valorar lo que ya teníamos, y lo tiramos por la borda.

Perdemos el mapa, la brújula y los prismáticos. Perdemos el norte, el oeste y el este. El sur ni lo vemos. Que a veces, cuando se trata de nosotros, de hacia dónde vamos, la orientación la dejamos en segundo plano. Y lo que realmente queremos, mejor ni preguntamos. O quizá esperamos que alguien nos indique cuál es el desvío más corto, rápido y seguro.

Perdemos trayectos de película por peliculillas que rodamos en nuestras cabezas. Por algún por si acaso sin sentido y sinsentidos continuados. Por futuros que no llegan y excusas que a ningún guionista se le ocurriría. Ni en el mejor argumento que pudiera escribir.

Perdemos la capacidad de compartir por miedo a perder. Nos acostumbramos a perder perdiendo. Y a no reconocerlo. A perder por miedo a perder. Por miedo a que nos roben, a que nos engañen, a que nos mientan. Por miedo a que nos secuestren de la manera que sea. Y a no saber frenarlo, pero a no intentarlo nunca.

Perdemos imperdibles de la manera más tonta e inimaginable. Por pura cabezonería y con mucho ingenio y gracia. Por falta de tacto, de gusto y hasta de olfato. Por falta de sentido y con sentido de falta. Y nos damos cuenta hasta que no hay remedio. Hasta que ni siguiendo el rastro, llegamos a la fuente.

Perdemos felicidad en pro de la compasión. La propia y la ajena. En pro de la queja por todo y de todo lo que sea. Por no querer lo que tenemos y querer lo que no está en nuestras manos. En pro de los demás, olvidándonos de nosotros.

Perdemos bonitos finales por no atrevernos a vivirlos. Por si no son como esperamos y nos dejan mal sabor de boca. Por si hay daños colaterales o heridas que no cierran. Por si nos quedamos con la sensación de querer más o de haber esperado otra cosa. Por no atrevernos a aceptarlos tal cual vengan.

Perdemos abrazos que regalaríamos sin pedir nada a cambio y que aceptarían sin pensárselo dos veces. Perdemos abrazos que nos secarían cualquier lágrima, sanarían cualquier herida, despejarían cualquier duda. Aquellos de los que soltarse es difícil, de los que te agarras por hacer que dure un poco más, de los que siempre recuerdas.

Perdemos personas increíbles por increíbles tonterías. Por decir que no, cuando queremos decir que sí. Por no saber decir no. Por no saber qué decir o por creer saber lo que decimos, cuando no tenemos ni idea. Por no tratar de remediarlo cuando sabemos cuál es la respuesta.

Por miedo a no saber querer. A no saber ganar.

Por miedo a ganar de verdad.

Por miedo a perdernos.

Por querer(nos) a medias.

 

Patricia.

 

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7 Comentarios

  • Responder
    D. Greco
    14 julio, 2016 a las 8:58 pm

    Perdemos por miedo a perder… Como me ha gustado esta entrada, y es que tienes toda la razon. Las personas nos ponemos limitaciones a nosotras mismas porque somos inseguras. Hoy necesitaba leer algo así y este post me ha encantado, de verdad.

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      15 julio, 2016 a las 5:42 pm

      Me alegra que te haya gustado. Quería recordarnos lo importante que es reconocer los límites que nos autoimponemos y tratar de superarlo. Porque la mayoría, por no decir todos, están en nuestra mente.

      Un saludo, gracias por leerme.
      Patri.

  • Responder
    letterswritters
    15 julio, 2016 a las 6:29 pm

    Me encanta este post, las palabras que elegiste para expresarte son de maravilla, un saludo!

  • Responder
    elbauldelasvidas
    17 julio, 2016 a las 1:31 pm

    Ay, cuántas veces dejamos de disfrutar del presente por nuestras ansias de aquello que está por llegar. Y a veces, lo que estamos viviendo ahora es más especial que lo que nos depara el viernes. Bucles infinitos, como dices.

    ¡Maravilloso!

    Un besazo!

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      17 julio, 2016 a las 2:01 pm

      Me encantan tus comentarios, siempre tan positivo y con tantas ganas de vivir el presente… Espero que estés disfrutando del veranito 😉

      ¡Un beso enorme!

  • Responder
    Gracias – Entre suspiros y un café
    31 diciembre, 2016 a las 6:20 pm

    […] señales, a no perderme tan fácilmente. A ser capaz de entenderme, y con ello a los demás.  A saber perder sin perderme a mí misma, a saber soltar apegos que me atan y me sobran, a saber dejar atrás. Que […]

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