Miedos

Día 1 superado.

Mucha gente cree que las segundas oportunidades no funcionan. Que lo que alguna vez fue y no fue, por algo sería. Sea por lo que sea. Que incluso mejor así que seguir en medio de una tormenta intempestiva de la que no se adivina el final. Algo quizá sí, algo como que será uno bien amargo y hasta brusco.

Yo hoy he vuelto a nadar. Una de mis asignaturas pendientes desde que un pequeño percance de niña me volvió fóbica al agua. A sumergir la cabeza debajo del agua, mejor dicho. Si lo pienso hoy, no fue para tanto. Pero para mí lo fue. Y aquí estoy, tratando de superar ese miedo irracional a ahogarme que yo sola he alimentado durante bastantes años.

Hasta hoy.

Hasta que hace poco, me animé a coger el timón de barco que estaba parado en el puerto, sin capitán, sin tripulación, sin rumbo. Decidí dejar los mil y un planes que tenía en la cabeza, aquellos que me prometía cumplir “un día de estos”. Pasé a la acción. Empecé a dejar a un lado tanta teoría para sumergirme en el océano de la práctica. Me decidí a darle una segunda oportunidad. A nadar, y a mí misma. A intentarlo de verdad. Un regalo para septiembre.

Un septiembre de regalo.

Un nuevo comienzo, un día cualquiera del año. De esos de los que a todos nos gusta presumir pero muy pocos se atreven a abordar. Falta de valentía, se diga lo que se diga. Porque cuando se quiere, no hay fechas ni momentos perfectos a los que esperar. Como si ellos mismos supieran que han de llegar y se conocieran el camino. Si crees, creas. En tu imaginación primero y con tus propias manos después.

Y puestos a comenzar, que fuera lo más cercano a cero posible, me propuse. Cero miedos, cero culpas, cero presiones. Actuar sin miedo para empezar a creérmelo. Empezar a perder creencias que me amarraban y viejos lastres oxidados. Convertir algo insignificante y hasta ridículo para algunos (todo un reto para otros, como yo) es una escapada del confort. De la falsa comodidad y la mentira fácil que nos dice que así ya estamos bien. Que para qué más.

Y es curioso como a veces creemos tomar decisiones a lo loco, sin haberlas meditado lo suficiente. Como si fueran irracionales y hasta drásticas. De un día para otro, de la noche a la mañana. Aquí te pillo, aquí te mato. Como si jugáramos al corre que te pillo para no dejarnos atrapar por lo que sea que nos persigue. Buscando una salida fácil. A lo que pensamos, a lo que nos dicen, a lo que nos imaginamos.

Y sí, hay quienes huyen por la puerta de atrás o por la primera que encuentran a su paso. Sin importar a dónde irán a parar, si les gustará lo que habrá al otro lado o si llevan el calzado adecuado. Para andar, desandar, correr o taconear. Sin importar si siguieron lo que les dictaba su instinto o si siguieron el camino que alguien les dijo era el bueno. Como si lo hubiera.

Si bien también los hay valientes. Osados que se atreven a elegir.

Puede que con mucho miedo al principio o con temblores hasta en los dedos de los pies. Puede que les falle la voz o les traicione algún gesto. Puede que una sonrisa nerviosa los delate o que se lea un leve atisbo de duda en sus ojos. Puede que su cuerpo entero clame a gritos huir o que una capa de frialdad impida saber qué hay detrás. A veces, todo fachada.

Sin embargo, se crecen. Se enfrentan a esos miedos, los mismos que dicen que nos definen, que nos paralizan y que nos atan. Miran a los ojos y de frente, mantienen la mirada. La tensión, la calma. Disimulan, superan y acallan las voces que les susurran imposible. Escalan riesgos, asumen sus frutos, eso que pocos quieren contraer. No dejan que los miedos los definan. Arreglan lo que haya que solucionar.

Arreglan mundos interiores.

Mundos que quizá necesiten una, dos, diez o las oportunidades que sean. Que lo importante aquí no son las cifras en absoluto, sino la intención que cada uno pone. La fuerza de voluntad que mostramos, la valentía que sacamos a relucir. A veces no sabemos muy bien de dónde, salvo que de alguna parte en la que antes dormía.

Porque lo importante no es el resultado en sí, ni la equivocación. Es un riesgo que se corre, da igual de quién se trate. Y que lo realmente substancial es elegir, por nosotros mismos, por nuestro instinto, por nuestro juicio. Siguiendo lo que sentimos, lo que nos dicta el corazón. Sabiendo que siempre podremos aprender de si fallamos, y que la pérdida puede ser relativa.

¿Y si ganamos? Ay si ganamos,… Entonces la gloria será infinita. Como infinita serán nuestra felicidad, nuestra dignidad, nuestro orgullo.  Que sumarán puntos por momentos y nos harán olvidar temblores, nervios y miedos. Los que tuvimos al principio y los que nos esperan en la siguiente esquina.

Porque al igual que detrás del uno viene el dos, después de cada decisión hay muchas más a la espera. Esperando el rumbo que alguien les quiera dar. Esperando que alguien suelte amarre, despliegue velas y gire el timón.

Sin miedos.

 

Patricia.

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14 pensamientos en “Miedos

  1. Los miedos traban montones de cosas que dejamos de hacer. A veces están tan instalados dentro de ti, qun ni te das cuenta de lo que te frenan.
    Me gusta esto que leí hace poco “hazlo y si te da miedo, hazlo con miedo”.
    Superar trabas siempre hace crecer y ser más feliz. Así que a caminar sin miedo. ¡A ver si lo conseguimos!, yo la primera.

    Le gusta a 1 persona

  2. ¡Una alegría enorme que al final te hayas enfrentado a ese miedo! Las circunstancias actuales están haciendo que yo también deba enfrentarme a mis miedos y cuesta, sí, pero la recompensa es enorme.

    “Arreglan mundos interiores.

    Mundos que quizá necesiten una, dos, diez o las oportunidades que sean. Que lo importante aquí no son las cifras en absoluto, sino la intención que cada uno pone. La fuerza de voluntad que mostramos, la valentía que sacamos a relucir. A veces no sabemos muy bien de dónde, salvo que de alguna parte en la que antes dormía.” Sin duda, me quedo con esa parte.

    Aprovecho para dejarte por aquí mi recién estrenada página de facebook (que no sé si me llevará a algún sitio jeje): https://www.facebook.com/entreconjeturasyteoremas/

    ¡¡Nos seguimos leyendo, a pesar del tiempo!! (ojalá tuviese tiempo para comentar más a menudo…).

    ¡Un beso!

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