Cuando tomamos conciencia

Dicen que los finales son a su vez principios.

 Principio: Primer momento de la existencia de una cosa.

Origen. Punto de partida. Punto cero. Salida.

También dicen que para que algo nuevo llegue a tu vida, primero debes cerrar ventanas por las que ya no entra ningún tipo de luz para abrir aquellas por las que asoma un tímido rayo. O se intuye.  Debes cambiar el libro que ya te cansaste de leer y releer o incluso aquellos en los que nunca pudiste pasar de las primeras hojas.

Debes desprenderte de todo aquello que guardas por guardar, por pena o porque en su momento tuvo algún tipo de valor, pero que hoy ya ni recuerdas de dónde vino. Debes cambiar la canción, el ritmo y los pasos de baile. Debes soltar, dejar ir, liberar lo que ya no. Sea lo que sea.

Giros en ángulo recto, sin ángulo y de 360º.

Ayer terminé un proceso de coaching, el último de mis prácticas para ser coach. Algo que me ha tenido entretenida y absorbida en los últimos meses. Pero para bien, lo prometo. Porque aunque he ido muy loca y ha sido un caos poder compaginarlo con trabajo, ocio y cualquier cosa que se me ha ocurrido en medio, ya empiezo a echarlo de menos…

Suele pasar que los grandes cambios ocurren sin avisar, de improvisto. Cuando estamos obcecados en alguna tontería sin importancia o siguiendo un camino sin mirar hacia dónde vamos. Llevados por la mano de la rutina. Siguiendo una infinita lista de obligaciones que nos autoimponemos. Por no pensar. Por no creer.

Por no soñar.

Creyendo que los mañanas estarán siempre ahí, a nuestros pies. Aguardando a que decidamos ir a por ellos. Que nos esperarán pacientemente cargados de éxitos, de alegrías y de buenos momentos. De oportunidades que aparecen solas y de soluciones que salen a nuestro encuentro. Sin nosotros hacer nada, salvo pensar en ello y desearlo intensamente.

Como si las cosas se hicieran solas.

Casi por arte de magia.

¿Y qué es coaching? Os preguntaréis algunos…

Es un click. Es la señal de que ese algo, por fin, encaja. Esa pieza que te faltaba y que posiblemente ni sabías cuál era. O dónde buscarla. Es completar tu propio puzzle, poner orden en tu propio desorden. Puede también que ignoraras que algo te faltaba.

Es la luz que se enciende y te deslumbra. Por bonita, por intensa, por necesaria. Por haber acertado el interruptor, cuando has perdido la cuenta de los muchos intentos que llevas. Cuando estás buscando algo y no hay manera de encontrarlo. Cuando ya casi te has cansado de rebuscar y no has dejado rincón intacto.

Es encontrar la salida del laberinto. O una de ellas, de las de verdad. Ese laberinto en el que entraste con toda confianza y hasta soberbia. En ese, que sólo en tu fuero interno te atreves a admitir, en el que te sientes perdido desde hace tiempo. Quizá desde el principio. En el que llevabas dando tumbos tanto tiempo, dando con falsas salidas, vueltas retorcidas y callejones que no te llevan a ninguna parte.

Deshacer los pasos no siempre es fácil.

Es un shock. Como una enorme sacudida a todos los niveles, pero sobre todo emocional. Puede que la sientas nada más empezar. Puede que la descubras a lo largo del camino. O puede que se revele hacia el final, cuando ya no dabas ni un duro por todo esto. Ni por ti.

Es un cambio. De esos que tanto lees que son inevitables y a los que te has de adaptar. Es ver lo mismo pero con otros ojos, y ver cómo cambia la cosa. Es ver lo que no veías hasta ahora, quitarte las vendas que te habías puesto una a una. Es moverte hacia donde  quieres estar, a tus metas, tus sueños, tu futuro.

Es ver lo esencial. Lo importante. Lo que nos mueve.

Es un impulso. Como un torbellino que te mueve a actuar y te da la energía que te faltaba. Que tira de ti y al cual sigues sin resistencia. Como si recién levantaras de un sueño, sin saber si aún duermes o no. Cuando tu día apenas comienza y tienes todo el tiempo por delante para hacer lo que sea que quieres hacer.

Pero imagina algo más.

Imagina que tu día comienza siguiendo un para qué.

Un camino, un destino.

Sucede que muchas veces no somos conscientes de las cosas. No las registramos. Miramos sin ver. Oímos sin escuchar. Fingimos sentir. Se nos escapa la esencia. Quizá algo nos chirría o nos llama la atención. Pero no sabemos el qué, ni por qué. Ni le dedicamos tiempo para entender.

Sucede que cuando conectamos con nosotros mismos, la vida se ve distinta. Los retos no sólo se ven posibles, sino que nos resultan motivadores. Vemos las posibilidades de perder como oportunidades de aprender. Y hasta de creer en lo que antes nos parecía una quimera.

Dicen que somos seres de acción. 

Coaching es acción.

Patricia.




Para quiénes sintáis curiosidad, comparto dónde redescubrí mi motivación: en Escuela de Inteligencia de Valencia, a través de Escuela de Inteligencia con el Curso superior de CoachingSi os animáis, estaré encantada de compartir con vosotros esta gratificante experiencia.

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4 pensamientos en “Cuando tomamos conciencia

  1. Y lo gratificante que puede llegar a ser el encontrase con uno mismo y conocerse hasta en lo más profundo… Cuesta dar el paso de ver la vida de esa forma, pero una vez se hace, llega a ser adictivo, al menos para mí. Un no parar de encontrar enseñanzas de cualquier tipo en todas las situaciones que nos vamos encontrando. Un auténtico placer.

    Besos,
    Ola Blanca.

    https://www.facebook.com/entreconjeturasyteoremas/
    http://entreconjeturasyteoremas.blogspot.com.es/

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  2. A mi siempre me ha costado dejar ir, soy una eterna nostálgica. Pero es verdad que es importante aprender a cerrar un libro que ha terminado, sea cual sea el final…

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