Palabras

“Si las personas conocieran el peso de las palabras, le darían más valor a su silencio”.

Dicen por ahí que los silencios son capaces de comunicar tanto o más que las palabras.

Que aquellos que los temen son por miedo a sentirse solos, desprotegidos, expuestos al exterior. A mostrar su inseguridad, su falta de confianza, sus escasos conocimientos o ideas. Sienten miedo a escucharse, a sentirse, a encontrarse consigo mismos. A dialogar desde la sinceridad, sin máscaras, sin buscar agradar a nadie que esté allá fuera.

Sin buscar rellenar con urgencia esos incómodos momentos en que no sabes qué decir. En los que te sienes juzgado y que tu valor está en juego. En los que lo has de demostrar. Todo y nada. En los que cualquier excusa es válida para hablar, con tal de no callar. Con tal de no aparentar ser menos y con tal de aparentar ser más. Como si hablar por hablar fuera la mejor opción y callar significase debilidad.

Como si en silencio no fuera posible crear milagros y acertar respuestas. Encontrar el tesoro secreto que de otra manera no encontrábamos, empezar lo que no había manera de empezar. Seguir y terminar. Perder la noción del tiempo en la mejor compañía: uno mismo.

Silencio: Estado en el que no hay ningún ruido o no se oye ninguna voz.

Dicen también que a las palabras se las lleva el viento. Llevándose con ellas todo lo que esconden, todo lo que cuentan, todo lo que ocultan. Que si escuchamos y sentimos más allá de ellas, encontramos sentimientos únicos y personales, sensaciones que queman, pensamientos que revelan. Futuras acciones que están pendientes, pero no por mucho tiempo. Nervios templados a fuerza de paciencia, deseos contenidos a marchas forzadas.

Valores refugiados tras grandes muros.

Grandes muros que construimos con nuestra propia mente. Y con nuestras palabras.

Como también hay personas que se refugian detrás de un discurso aprendido y superficial que busca distinción. Destacar, figurar, sobresalir. Parecer lo que no se es, fingir por no llorar. Aparentar lo que se pretende, en lugar de intentarlo siquiera. Tratar de alejar lo que no interesa, actuar en respuesta al más puro y claro interés.

En contrapunto a esas otras personas que buscan el modo de derribar esos mismos muros y traspasar fronteras. Personas que abren los brazos para abarcar cuanto más mejor. Más experiencias, más descubrimientos, más logros. Sin arramblar ni pisotear. Sin herir ni avasallar. Sin excluir ni diferenciar. Dando más y lo mejor, sin esperar nada a cambio.

En la variedad, está el gusto.

 

 

Hay palabras que duelen. Como un cuchillo atravesando la piel, lentamente y sin detenerse a pesar de los gritos que se lo pidan. Palabras fuertes y únicas para la ocasión, que van directas al corazón, al afecto y al sentido, sentenciadoras como pocas. Que quieren y pueden doler, depende de quién y a quién. Que lastiman y remueven conciencias. Que buscan compasión, que no dejan indiferente nadie. O a casi nadie.

Hay palabras que emocionan, porque vienen de quien vienen y de la forma en que vienen. Como un regalo sincero, de los de verdad, y no de compromiso. Que si el origen es esencial, no lo es menos el destino. Palabras que nos hacen vibrar, nos empujan a soñar, nos animan a estimar. Que contagian su energía, elevándola a su máximo exponente.

También hay palabras cuyo significado es escaso, pero la imaginación las complementa con estilo. O palabras que en combinación con otras, cambian como de la noche al día. Abarcan más, discriminan menos. Cambian el acento que le ponen a las cosas y separación entre aquellos que las pronuncian. Y las hay que, siendo las mismas, significan poco para unos, mientras que para otros significan un mundo de por sí. Una promesa. Un futuro. Un nuevo comienzo. Un valor, un resultado, una conquista personal.

Dicen que a través de las palabras el dolor se hace más tangible.

Que se pone nombre a lo que se siente, a los que se resiente y a lo que nos reprime. Que se puede sacar de dentro lo que de cualquier otra manera no sale. Porque no queremos, porque no lo permitimos, porque no nos lo consentimos. Porque a veces reconocer duele, y fingir es la salida fácil.

Que a veces se daña con intención de defenderse, o sin intención real de atacar. Por querer acabar lo que otro comenzó o aquello de lo que no sabemos salir. Porque se nos ha quedado grande, porque no sabíamos dónde nos metíamos. Por no querer seguir lo que no debió empezar. Por intentar evitar lo que se adivina va a suceder.

Que en ocasiones se buscan chivos expiatorios o personas en quien descargar rabias que no les corresponden. Por facilidad, por comodidad, por intuir que no habrá réplica. Por envidia, por miedo o por provecho propio.

Dicen que una palabra, tiene el poder de cambiarlo todo.

Si lo permites. Si lo decides tú mismo, no importa lo que digan o piensen los demás. Decidir comenzar bien y seguir aún mejor. Bien en cada momento, bien en cada escondite, bien en cada velada. Bien por tu cuenta y riesgo, bien en la más estridente celebración, bien en la más inesperada de las reuniones.

Que una sola palabra te puede animar para tomar impulso y saltar cualquier muro. Te puede motivar a derrumbar los tuyos propios, a dejar de inventarlos. Te puede hacer sonreír sin parar, durante todo el día, ante cualquier expresión por contraria que sea. Y cambiar tu estado de ánimo. Y tu actitud.

A cuestionar menos y juzgar menos aún. A tolerar más aquello que antes te chirriaba, a que te chirríen cada vez menos cosas. A cantar en voz alta aunque no te sepas la letra, a inventar la tuya propia.

A buscar mejor las palabras, a filtrar las que no nos valgan. A elegir mejor, a dejar un bonito eco de fondo.

A escoger y usar más palabras bonitas.

 

Patricia.

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11 pensamientos en “Palabras

  1. Hay silencios también que duelen y silencios bonitos. A mí los silencios me gustan mucho, te permiten observar y canalizar bien la energía del momento. Muchas veces me quedo callado mirando y me preguntan: “¿Qué pasa?” Y sencillamente no pasa nada, solo disfruto el momento y la compañía y me encanta ese trance.
    Lo que has descrito en tu post se llama crecer como persona, si no me equivoco: tolerar más y que las cosas te chirrien menos. Avanzar y abarcar experiencias. Querer descubrir.

    Me ha encantado. Tiene un toque poético este post que me ha gustado mucho.

    Un besazo!

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