Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Palabras

Una voz que te habla, una mano que toma la tuya y un mundo de palabras.

Hay mensajes que emocionan y enganchan desde el minuto cero. Que te llegan, te ganan y te arrastran con ellos. Que te involucran y te hacen partícipe. Que te atrapan sin asfixiar, sin presionar y sin cuestionártelo. Ni el mensaje, ni la persona de quien viene.

Aunque, con el tiempo, muchos de esos mensajes van perdiendo fuerza y desinflándose silenciosamente. Dejándote casi indiferente. Perdiéndose ese sentimiento con el que te identificabas y que ahora incluso lo ves extraño, lejano, frío. Desde la distancia. Del que algo queda, pero muy poco.

También hay mensajes que se los lleva el viento, como a las palabras. Ligeros, vacíos, pobres. Llevándose con ellos todo lo que esconden, todo lo que cuentan, todo lo que no se atreven. Todo lo que podrían haber sido, de serlo. Todo lo que aparentaban y que realmente no eran.

Y es que hay mensajes sin sentido y palabras que no cuentan nada. Palabras para llenar espacios, personas y silencios. Formalismos para cumplir, frases de relleno y comodines para situaciones incómodas. Sobre los que nadie se suele parar a pensar en ellos. En lo que se dice realmente, y en lo que dejan a la interpretación. En cómo y cuándo se formulan. Ni de quién parten.

Y luego están los silencios. Los mismos que dicen que pueden comunicar tanto o más que las palabras. Silencio que a muchos espanta o incluso incomoda. Aunque muchos no lo sepan valorar, ni dar la importancia que tiene, y mucho menos interpretar. El que muchos corren a rellenar, con discursos a veces vacíos, a veces por hablar. O por cobrar protagonismo. O por fingir lo que no se es.

Un silencio que no siempre es por no tener nada que decir, sino todo lo contrario. Por querer decir mucho y no saber por dónde empezar. Por no querer decirlo de cualquier manera, a trompicones o a medias. Por pensar que puede haber un antes de. Por no encontrar las palabras.

Y es que hay palabras que duelen. Como un cuchillo atravesando la piel, lentamente y sin detenerse a pesar de los gritos que se lo pidan. Palabras fuertes, que aunque no tengan la intención, lastiman. Que remueven estómagos, conciencias, sentimientos. Palabras que van directas al corazón, al afecto y al sentido. Que no dejan indiferente.

Y es que aseguran que, a través de las palabras, el dolor se hace incluso más tangible.

Que se pone nombre a lo que se siente, a los que se resiente y a lo que nos reprime. Que se puede sacar de dentro lo que de cualquier otra manera no sale. Porque no queremos, porque no lo permitimos, porque no nos lo consentimos. Porque a veces reconocer duele, y fingir es la salida fácil.

Que a veces se daña con intención de defenderse, o sin intención real de atacar. Por querer acabar lo que otro comenzó o aquello de lo que no sabemos salir. Porque se nos ha quedado grande, porque no sabíamos dónde nos metíamos. Por no querer seguir lo que no debió empezar. Por intentar evitar lo que se adivina va a suceder.

Como lo es construir muros. Con palabras, ideas y lo que sea.

Y hay palabras y silencios que son muro en sí mismos. Murallas difíciles de saltar, puertas cerradas a cal y canto. Que separan y dibujan abismos. Que trazan límites infranqueables y barreras invisibles, pero presentes. Que crean pequeños vacíos que van creciendo con el tiempo. Con la distancia. Con la indiferencia.

Pero también hay palabras que tienen el poder de cambiarlo todo.

Junto a una mirada, un gesto o una sonrisa. O por sí mismas. Palabras que hacen cambiar tu día, tu noche, tu sentido completo. Palabras que abarcan más y discriminan menos. Que cambian el acento que le pones a las cosas y la forma en que las pronuncias.

Palabras que, siendo las mismas, significan poco para unos, mientras que para otros significan un mundo de por sí. Una promesa, de las que devuelven esperanzas. Un futuro por escribir. Un nuevo comienzo cada día. Un valor, un resultado, una conquista.

Y es que hay palabras que emocionan. Por el momento, por la persona, por venir de donde vienen. De las que en otro momento o en otro contexto no serían lo mismo. Esas palabras que son un regalo, no un compromiso. Palabras que te hacen vibrar, te empujan a soñar, te animan a estimar. Que contagian su energía, elevándola a su máximo exponente.

Que una sola palabra te puede animar para tomar impulso y saltar cualquier muro. Te puede motivar a derrumbar los tuyos propios, a dejar de inventarlos. Te puede hacer sonreír sin parar, durante todo el día, ante cualquier expresión por contraria que sea. Y cambiar tu estado de ánimo. Y tu actitud.

Que una palabra te puede ayudar a no cuestionar tanto y juzgar menos aún. A tolerar más aquello que antes te chirriaba, a que te chirríen cada vez menos cosas. A cantar en voz alta aunque no te sepas la letra, a inventar la tuya propia.

Que una palabra te puede ayudar a encontrar las que te faltan. A decirlas todas, incluso más de las que pensabas. Y a filtrar las que nos valgan. A elegir mejor, a dejar un bonito eco de fondo.

Y que nada como hacer lo que se dice. Demostrar las palabras.

Que aunque hay palabras que no dicen nada, y otras que prometen mucho, si no se hacen, no valen. Si no se cumplen, no cuentan.

Que las acciones que hablan por sí solas. Y hablan de nosotros.

Y que nuestras palabras y acciones pueden cambiar mundos.

 

Patricia.

 

 

 

 

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13 Comentarios

  • Responder
    Mckein
    5 diciembre, 2016 a las 9:07 pm

    Brava!!!

  • Responder
    belengonzalezal
    6 diciembre, 2016 a las 12:53 pm

    Cuando disfrutamos transmitiendo con palabras se nota, y si lo dices con palabras tan acertadas, llega mucho más. Me ha encantado guapa. Feliz día 🙂

    • Responder
      belengonzalezal
      6 diciembre, 2016 a las 12:54 pm

      Me quedo con esta frase: “Que una sola palabra te puede animar para tomar impulso y saltar cualquier muro. Te puede motivar a derrumbar los tuyos propios, a dejar de inventarlos”.

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      6 diciembre, 2016 a las 8:40 pm

      ¡Muchas gracias guapa! A veces cuesta más, a veces no te sale como te gustaría, pero al final… sale.

      Un besote grande, disfruta de estos días de fiesta 😉

  • Responder
    Pepa
    8 diciembre, 2016 a las 9:14 am

    Hola Patri! Como entiendo lo que dices, y que poco se aplica. Un beso😊

  • Responder
    elbauldelasvidas
    12 diciembre, 2016 a las 3:36 pm

    Hay silencios también que duelen y silencios bonitos. A mí los silencios me gustan mucho, te permiten observar y canalizar bien la energía del momento. Muchas veces me quedo callado mirando y me preguntan: “¿Qué pasa?” Y sencillamente no pasa nada, solo disfruto el momento y la compañía y me encanta ese trance.
    Lo que has descrito en tu post se llama crecer como persona, si no me equivoco: tolerar más y que las cosas te chirrien menos. Avanzar y abarcar experiencias. Querer descubrir.

    Me ha encantado. Tiene un toque poético este post que me ha gustado mucho.

    Un besazo!

  • Responder
    Gracias – Entre suspiros y un café
    31 diciembre, 2016 a las 6:21 pm

    […] dónde quiero estar.  A decidir dónde echar raíces, dónde realmente quiero estar. Porque las palabras sobran cuando los que siguen ahí, están. A tu lado. Incondicionales. Sin pedir nada a cambio y […]

  • Responder
    Instante en instante – Entre suspiros y un café
    2 febrero, 2017 a las 7:01 pm

    […] que te pierdes el matiz único de cada voz, la calidez de cada persona, la riqueza y el poder de la palabra. Del sentido, los sentimientos y el amor. Perdiéndote tanto, ganando tan poco. Alejando a […]

  • Responder
    Arpon Files
    19 noviembre, 2018 a las 12:09 am

    Simplemente sublime!!

    • Responder
      Patricia
      19 noviembre, 2018 a las 11:18 pm

      Como sublimes son siempre tus comentarios, ¡gracias!

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