Entre Suspiros y un Café
Personas

Los que siguen ahí

Un abrazo en el que quedarte. En el que resguardarte. En el que sentir que todo está bien.

Sobre todo, cuando nada lo está. Ni tú, ni nada.

Hay quienes aparecen, cuando es su momento.

Aunque no lo parezca. Ni antes ni después. Sin esperar a que se lo pidas, y mucho menos se lo ruegues. Sin esperar que sea una fecha señalada en el calendario, a que se disparen fuegos artificiales o se alineen los astros. Sin pretender sustituir a nadie. Sin buscarlo ni mucho menos planearlo al detalle. Simplemente, llegan. Y de la mejor manera.

Hay quienes llegan y son regalo.

Quienes llegan en silencio y poco a poco se hacen un hueco. En tu agenda, en tu vida, en tus alegrías. Quienes se lo ganan por mérito propio. Incluso cuando crees no haberles dado motivos. Para estar, ser y quedarse. Para recibir tanto, siendo que tú das poco. O mucho menos. O eso piensas tú.

Hay quienes, por el contrario, llegan y te revolucionan. Lo que hasta ahora creías. Lo que eran tus idas y venidas, tus pensamientos, tus desvelos. Quienes te enseñan a ver de otra manera, a creer en el sentido más amplio de la palabra, a abrir las miras. Los brazos. Las ganas. A ir más allá, todo lo lejos que puedas, todo lo lejos que quieras llegar. Y, sobre todo, a creer en ti.

Y es que hay quienes despiertan lo mejor que hay en ti. Aquello que creías dormido, aquello que incluso creías no tener, o aquello que solo compartes con determinadas personas. En petit comité. Con quienes vale la pena, quienes lo valen. Con quienes te sientes en total confianza y no disimulas, eres y te sientes tú mismo. Con quienes puedes contar siempre, sin importar el tiempo, la distancia ni terceras personas.

Personas únicas e irrepetibles. Especiales.

Pero también hay quienes se quedan a lo largo del camino. Quienes dejan de tener un sitio, un motivo o una excusa y dejan de andar de tu mano. Quienes, por voluntad propia, se alejan, incluso sin decir adiós. Y hay quienes aleja el mismo destino, con razón o por capricho, con  despedida o sin ella.

Personas que van y vienen. Pasado y futuro. Con todo lo que ello conlleva. Regalando una parte de sí, llevándose una parte tuya. Y que por bonito que fuera el ayer, lo que realmente vale es el hoy. Quienes hoy sí están.

Quienes siguen, a pesar de todo.

Porque los hay que siguen contigo, a tu lado, tanto en las buenas como en las malas, como se suele decir. Tanto en los mejores días en los que no faltan las sonrisas, como en las noches locas que acaban a altas horas de la madrugada. Desayunando en un bar cualquiera con el rímel corrido y el pelo desgreñado. Con la voz afónica y los tacones en la mano. Con una enorme sonrisa tras la cual se lee un: ¿para cuándo la próxima?

Porque a tu lado siguen los de siempre, los que te quieren. Y quizá alguno más que se ha sumado por el camino. Alguno nuevo y alguno que quizá ya conocías desde hacía más o menos tiempo, pero no lo suficiente. Alguno que te sorprende precisamente por eso, porque de repente lo ves con otros ojos. Lo abrazas de otra manera, lo esperas con otra ilusión, lo sientes más cercano. Y se hace un hueco en tu vida, en la que no todos encajan. Aunque antes sí lo hicieran.

Los hay que siguen ahí, pese a la rutina del día a día. Pese a que las circunstancias no acompañen y los abrazos se distancien en el tiempo. Pese a malentendidos, desacuerdos u opiniones ajenas. Que no renuncian cuando las cosas se ponen difíciles ni miran para otro lado mientras otros sí abandonan. Que no tiran nada por la borda sin antes pensarlo bien y no se rinden fácilmente.

Personas que suman y multiplican valor.

Personas que siguen ahí incluso cuando tú no estás ni para ti mismo. Cuando no tienes tiempo, o no sabes cómo sacarlo. Cuando te quejas por todo y de todos, haciéndote difícil. Cuando te pierdes en tus pensamientos, en tus problemas, en tus historias. Cuando dejas que crezcan, te absorban y te nublen. Cuando creas excusa tras excusa o cuando te vuelves invisible.

Cuando construyes muros en lugar de puentes.

Personas que siguen ahí, siempre, aunque no puedas verlos. Los que están a un par de paradas de autobús o a 1000 kilómetros de vuelo. Los que celebran cualquier buena noticia, los que esperan cualquier buena historia, los que se involucran en tus sueños.

Personas que siguen ahí con la misma ilusión, con las mismas buenas intenciones y con los mismos mejores deseos. Sin cansarse del resultado, esperando sin desánimo. Como si fuera siempre la primera Navidad, como si fuera el único y último viaje, como si pudiera no haber otra más. Sabiendo bien lo que buscan, por quiénes esperan, a quienes cuidan.

Y que no es cuestión de cifras, ni de cantidad. Que ni mucho ni poco. Ni uno ni cien. Ni diez al día. Se trata de calidad. De cuántas manos te pueden ayudar a levantarte, cuando tus fuerzas te fallan. De cuántos abrazos te hacen olvidarte de todo lo que quede fuera. De cuántas personas tienes, con las que puedes contar. De veras.

Se trata de cuántas personas siguen ahí. Cuando pierdes la sonrisa, cuando las alegrías brillan por su ausencia, cuando las lágrimas brotan solas y descontroladas. Cuando faltan las palabras y a la vez sobran. Cuando un simple gesto vale oro y una mirada consuela más que cualquier otra cosa. Cuando no te aguantas, ni a ti ni a nadie. Cuando no sabes, no quieres o crees que no puedes.

Se tratan de quienes están ahí. A cualquier hora, sin importar ninguna otra cosa. Quienes acuden en respuesta a una llamada, a una palabra, a una mirada. Quienes se guardan los “te lo dije” para otra ocasión, quizá para nunca. Quienes te escuchan, te entienden o tratan de entenderte. Quienes te dan espacio, soluciones y un hombro sobre el que apoyarte. Quienes dicen lo que piensan, aunque no  sea lo que quieres oír en ese momento.

Y hay quienes sin estar, siguen estándolo.

Pero también hay quienes ya estaban. Antes, mucho antes. De todo. Incluso de ti. Dispuestos a quedarse hasta donde puedan. Y que, de hecho, se quedan. Y son refugio en sí mismos. Y puente. Y todo lo que necesites.

Quienes te quieren y se quedan.

Quienes siempre siguen ahí.

A tu lado.

 

Patricia.

 

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13 Comentarios

  • Responder
    Caracoles Caraduras
    12 diciembre, 2016 a las 8:24 pm

    Los que se involucran en tus sueños !! Sublime Patri:)

  • Responder
    Judith G. Noé
    13 diciembre, 2016 a las 1:32 am

    Los que no se rinden fácilmente. Me ha encantado el texto, Patri. No he podido evitar pasárselo a dos de esos amigos por whatsapp 🙂

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      13 diciembre, 2016 a las 7:33 am

      ¡Muchísimas gracias Judith! Es una enorme alegría saber que te gusta y que incluso has querido compartir mi texto con amigos de esos que siguen ahí 😉

      ¡Un beso grande!

  • Responder
    David Serrano
    13 diciembre, 2016 a las 3:04 pm

    Precioso Patri !! En la vida lo único permanente es el cambio. Y a veces, hay que dejar ir personas, situaciones y cosas. Es ley de vida. Por eso hay tanto que celebrar con aquellas personas que continúan cerca de tu corazón…
    Un fuerte abrazo y continúa deleitándonos con tus palabras.

  • Responder
    lachicadelquinto
    15 diciembre, 2016 a las 12:51 pm

    En la amistad, mejor la calidad frente a la cantidad. Y otra cosa que me gusta recordar es que los verdaderos amigos, los que te quieren de verdad, estarán contigo en los mejores momentos, en tus éxitos y los vivirán como los suyos propios. Ahí está la grandeza de las personas.
    ¡Feliz día!
    Un beso

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      15 diciembre, 2016 a las 8:52 pm

      Vivirán como propios nuestros mejores momentos y nos ayudarán sin límites en nuestros peores momentos.

      Un beso enorme Bea 😉

  • Responder
    Que eches raíces – Entre suspiros y un café
    19 diciembre, 2016 a las 7:01 pm

    […] Y de personas. […]

  • Responder
    Gracias – Entre suspiros y un café
    31 diciembre, 2016 a las 6:21 pm

    […] A decidir dónde echar raíces, dónde realmente quiero estar. Porque las palabras sobran cuando los que siguen ahí, están. A tu lado. Incondicionales. Sin pedir nada a cambio y esperando cualquier ocasión para […]

  • Responder
    historiasconk
    11 noviembre, 2018 a las 8:36 pm

    Es un texto muy tierno. Y de claridad aplastante. Pues lo cierto es que nos preocupa,a veces, mas lo que pueda pensar de nosotros lo ajeno. Pero brindas a lo verdaderamente importante y es inconmensurable. Gracias. Feliz noche de leteas.

  • Responder
    Arpon Files
    12 noviembre, 2018 a las 10:50 pm

    La vida, como viaje que ciertamente es, discurre en compañía de alguien y tienes muchísima razón:

    “Y que no es cuestión de cifras, ni de cantidad. Que ni mucho ni poco. Ni uno ni cien. Ni diez al día. Se trata de calidad. De cuántas manos te pueden ayudar a levantarte, cuando tus fuerzas te fallan. De cuántos abrazos te hacen olvidarte de todo lo que quede fuera. De cuántas personas tienes, con las que puedes contar. De veras”.

    Como siempre, ¡Excelente!

    • Responder
      Patricia
      12 noviembre, 2018 a las 10:59 pm

      Gracias! Y como viaje que es, pongamos todo de nuestra parte para disfrutarla.

      Un abrazo, Patricia.

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