De cuando miramos hacia atrás

“La vida sólo puede ser comprendida hacia atrás, pero únicamente puede ser vivida hacia delante.”

Søren Kierkegaard

Dicen que echar la vista atrás es peligroso.

Que el pasado es algo que nunca vuelve para sorprendernos, para contarnos algo nuevo o cambiar lo que en su día fue, ni mucho menos. Que aparte de sernos de sobra conocido, que lo es, tiene una razón para haber pasado. Tal y como fue, ni más ni menos. Que da igual lo lejano que nos parezca, lo difuminado que lo veamos. Como también da igual los cantos de sirena que entone o los bellos recuerdos que evoque.

Lo conoces al dedillo.

Que lo único que puede hacer, es retenernos. Frenarnos. Impedirnos marchar. Tocarnos en el hombro para entretenernos, susurrarnos al oído para distraernos o cogernos de la mano para volver atrás. Hacernos perder el tiempo en ver de nuevo aquella película que una vez vimos. Nos gustara o no. En rememorar lo que nunca más. En anclarnos a algo o alguien, sin que lo hayamos pedido. En jugar a ganar.

A ganarnos.

También aseguran que el pasado es para reflexionar.

Y para no repetirlo. Es pensar sobre lo que fue y no fue. Sobre dónde estuvimos y por qué. Sobre quién nos acompañaba y a quién invitamos a escapar, de una u otra manera. Sobre cómo actuamos y, sobre todo, lo que dejamos de hacer. Las decisiones que no tomas, esas de las que sí o sí llega el día en que te arrepientes. Y puede que sea un día no muy lejano.

Es valorar sobre lo que dejaste marchar, si debía ser así o si pudiste remediarlo. Sobre si pudiste hacer algo o te cruzaste de brazos. Si incluso miraste hacia otro lado o fingiste que no iba contigo la cosa. Es pensar acerca de si hoy actuarías de modo distinto, si cambiarías de papel aun sin saber el resultado. Incluso si hay algo que a día de hoy, puedes hacer al respecto.

Es cavilar sobre los pasos que no diste, los abrazos que no regalaste, las palabras que para ti guardaste. Sobre las cuentas atrás que nunca terminaron, las metas con celebración que no cruzaste, los reencuentros que aplazaste. Una y otra vez. Por miedo, por cobardía o indecisión. Por el motivo que sea. Excusa, más bien.

Será por excusas…

Algo que también pasa con el pasado es que siempre vuelve. Queramos o no. Aunque no le invitemos a entrar y mantengamos la puerta y todas las ventanas cerradas. Aunque cambiemos de dirección y arrojemos el teléfono al fondo de cualquier río. O uno que nos encontremos de paso. Aunque hayan pasado semanas, meses o incluso varios años. Muchos quizá. Aunque hayamos cambiado y no nos reconozcamos ni nosotros mismos. Si quiere, vuelve. Y por la puerta grande.

Vuelve para hacernos recordar. Algo de lo que nos habíamos dejado por el camino. Intencionadamente o no. Algo que nos puede sonar lejano, extraño o incluso ajeno. Algo que es importante, lo queramos, lo veamos, o intentemos negarlo. Algo sin lo cual, nos faltan piezas para completar el puzzle que se nos resiste o tejas para terminar el tejado. De esa nueva casa. De esa nueva vida. De esa nueva era. Algo, sin lo cual, no funcionará. Sea lo que sea.

Pero… no va a ser todo negativo. También tiene su punto.

De inflexión. De reorientación tras haber perdido el norte. De reenfoque tras haberse hecho de noche. El punto, según defienden algunos, de asegurar el cambio, de ayudar a avanzar. A tomar nuevas salidas, a recorrer nuevos caminos. A salir de donde no queremos estar, a decir en voz bien alta que no querremos seguir allí. Que a veces, es lo que más cuesta admitir o reconocer…

El punto de decisión que hasta ahora nos faltaba y que nos impulsa a dejar atrás lo que no, y quedarnos con lo que sí. A construir en tiempo presente. A reconstruir, desde cero o desde donde estemos. A poner los puntos sobre las íes. A pisar con más fuerza de la que hasta ahora habíamos mostrado, pero que la tenemos de serie.

El punto de no conformarnos con menos, pudiendo tener más. Que quizá no es mucho más, pero que sea nuestra decisión. Que tomemos las que queramos, todas y cada una, y no dejemos ninguna que lleve nuestro nombre escrito.

El punto de no cometer ciertos fallos, aunque cometas otros muchos. A tomártelos de otra manera. A restarles importancia cuando no la tengan y a relativizar siempre que se pueda. A tomarte el tiempo que necesites, a volver empezar.

Que volver a empezar sin mirar atrás, no siempre es posible, pero se puede intentar. Y que, a veces, sólo si miras atrás valoras de verdad lo que realmente ha pasado. Desde otra perspectiva, con otros ojos.

Que hay cosas que sólo descubrimos una vez han pasado.

Cuando miramos hacia atrás.

Patricia.

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6 thoughts on “De cuando miramos hacia atrás

  1. Muy acertado Patri aunque, desde mi punto de vista, el pasado siempre es de agradecer, porque gracias a él eres la persona que eres. Tanto para lo bueno como para lo malo. Con el tiempo te das cuenta que todo lo que te ha pasado tenía su razón de ser, aunque en su día te haya hecho sufrir … Es duro sufrir, pero es muy bueno haber sufrido.
    Un beso y feliz semana 😉

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  2. Buen tema este, Patri, y muy bien tratado porque está ofrecido como un servicio. Desacreditar al pasado como algo inútil es no comprender lo que tan bien dijo R. Tagore: “cada hombre es Él y su historia” y si somos lo que fuimos ¿qué de malo hay en hacer buenas migas con el ayer que tiene tanto para decirnos y, sobre todo, enseñarnos?
    Me gustó leerte.
    Un abrazote.

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