Comenzar por el final

“El comienzo es la parte más importante de la obra”.

(Platón)

Nos gustan los finales. Y si son felices, nos encantan.

Solemos elegir cualquier libro, cualquier película o cualquier historia, porque el final promete. Promete tensión, risas, buenos momentos, viajes increíbles,… Promete ser inolvidable, de principio a fin. O porque los lo recomiendan. Alguien en quien creemos, o al que tenemos cierta estima y confianza. O porque hemos oído hablar tanto del mismo que no podemos resistirnos. El que, dicen, tiene un algo que nos enganchará. Que nos empujará a querer más.

Y así es como leemos, de aquella manera. Buscando entre líneas aquello que tanto prometía. Buscando en el trasfondo de cada palabra, dándole significado propio a cada escena. Yendo párrafo a párrafo, pasando de página con cierta ansia. Descontando las que nos quedan para el siguiente capítulo. Saltándonos incluso alguna línea, algún trozo y más de una descripción, anticipando lo que viene después.

Anticipando qué decisión tomará el protagonista, Si seguirá el rumbo que todos esperan. Si tomará el camino que todos transitan o buscará uno nuevo. Uno que espera en silencio ser descubierto, ser cuidado, ser transformado. Por completo. Un camino discreto, puede que hasta algo retirado. Un bonito sendero en el que colorear las hojas secas y darle vida. Adivinar a dónde conduce, y qué encontraremos en su final. Si lo tiene.

Hay quien asegura que leer primero el final puede ser positivo.

Que yendo al grano, se entiende mejor. Que gracias a saltarnos el guion, comprenderemos mejor el final de la historia. Que gracias a desconocer los detalles de la misma, nos resultará más fácil identificarnos con ella. Que gracias a saltarnos los pasos, llegaremos a un desenlace que encaja mejor con nuestro mapa mental.

El mismo que diseñamos a nuestra justa medida. Acorde a nosotros. A nuestras tardes de recreo y nuestros juegos de infancia. A nuestros puntos y comas, a todas nuestras mayúsculas acentuadas, a cada una de nuestras faltas de ortografía. A nuestra vida, a nuestro yo. A nuestro pasado más lejano y nuestro ayer más cercano. A nuestro hoy más palpable y nuestro mañana más soñado. Y deseado.

Otros dirán que así pierde toda la gracia.

De un solo plumazo. Con eso de saber primero cómo acaba la historia. Que con ello se borra toda la magia que hay detrás. Que se toma un atajo fácil, cómodo y aburrido. Que se pierde todo el juego, toda la intriga y todas las sorpresas que aguardan por el camino. Se desvelan los secretos quitándoles peso, que se giran las cartas sobre la mesa demasiado pronto.

Que se pierde la esperanza de estar en lo cierto, de jugar a acertar, y ganar. Y saborear la victoria. O de alegrarte de ver que te equivocabas. Y sorprenderte con lo inesperado. Con lo impensable e insospechado. Con las vueltas de tuerca y los giros de última hora. Con los falsos escenarios y las pistas que habías pasado por alto. Con los cambios que avecinan mejores historias y continuaciones prometedoras. Con los nuevos que llegan y los principios que florecen.

Porque hay comienzos que también son finales.

Porque es necesario que acabe la noche para que empiece el día. Un nuevo día. Con sus 24 horas completas por delante. Por muy bonita que nos resulta la noche, o por muy gris que amanezca el día. Por muchas sombras que tiñan de gris el horizonte, el sol siempre vuelve a salir. Y a brillar.

Porque dicen que para que algo nuevo llegue, hay que hacerle espacio y dejar marchar lo viejo. Lo que ya no funciona, lo que ya no tiene ningún sentido. Todo aquello que guardabas por algún motivo pasado, por significativo que fuera en su momento. Por cariño, por apego, por miedo. A desvincularte, a perder memorias, a sentir que eres insensible.

Porque dicen que es bueno saber cuándo toca poner puntos finales. Y ponerlos. Para empezar a escribir nuevos párrafos, nuevos capítulos y hasta nuevos libros. Para reescribir algún borrador que guardabas en un cajón, muy en el fondo. Oculto bajo otros muchos libros y trastos. Prácticamente olvidado. Rescatarlo y darle una segunda oportunidad.

Porque dicen que la vida es un ciclo constante. Un círculo vicioso de principios y finales, de finales y de principios, unos detrás de otros. Que es algo inevitable. Es una montaña rusa de continuas  subidas y bajadas. De cambios de sentido y de giros de 180º. De cambios radicales y de pequeños vaivenes.

Porque la vida, también, es cambio.

Por lo que a veces parece el final, es todo un principio.

Porque lo que puede parecer el final de todo, puede ser el principio de algo importante.

 

Patricia.

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