“Yo creo que dos personas que se hacen reír, tienen derecho a todo”.

 Cuídalo mucho.

Y de verdad.

Dicen que quien te hace reír, te hace sentir bien.

Que es un don. Que no todo el mundo lo tiene, que no todo el que quiera puede. Por mucho empeño que le ponga. Pero que hay que querer, aunque sea un poco. Que no es un misterio, pero que hay sonrisas con un toque misterioso que dan que pensar. Que no es magia pero aporta momentos más que mágicos. Que impregnan el aire y se quedan en él.

Y contigo.

Que reír es mucho más que eso. Es mucho más que cuatro palabras. Es un verbo por conjugar, en cualquiera de sus formas y tiempos. Es felicidad compartida, y complicidad que escapa a los ojos de ajenos. Es confianza, en ti, en el otro, en los demás. Es gracia  bañada con unas gotas de picardía, de humor, de atrevimiento. A veces, mucho. Es espontaneidad y naturalidad en su máximo exponente.

Es saber ser uno mismo.

Y serlo.

Que hay quien, al menos, lo intenta. Y quiere hacer reír. Sin máscaras ni postizos que se caigan al menor movimiento que haga. Que hacen reír, o al menos lo intentan. Que hay quien lo considera un esfuerzo que vale la pena, que siempre lleva recompensa. Un extra que no es necesario ni quizá se espera, pero que lo regala a quien lo quiera aceptar. Y no tiene nada que ver contigo, sino con ellos. Son ellos mismos.

Porque saben. Reír y hacer reír. A los demás, a sí mismos. Lo disfrutan en cada ocasión, no lo dejan para momentos especiales ni para mañanas que nunca llegan. Porque saben el poder que tiene. La energía que aporta y que genera. Los vínculos que crea y las tensiones que relaja hasta hacerlas desaparecer. Porque saben distinguir a quien vale la pena hacer reír, y cuándo. Siempre, y a cualquiera.

Que es algo que también se aprende… si se quiere. Todo lleva su práctica. Aunque hay quien es simpático porque le nace, lo siente o es parte de su forma de ser. Ni puede ni quiere evitarlo. Es parte de su naturalidad, de su esencia más personal. Quien piensa que lo mereces. Y que lo mereces, siempre. Más allá del postureo, que hay mucho. Como interés oculto.

Dicen que quien te hace reír, te puede enamorar.

De su risa, de su belleza y su sonido. Que es lo más visible, lo más contagioso, lo más espontáneo. Lo que engancha. Que una sonrisa embellece cualquier rostro. Le da brillo y color, le resta seriedad e incluso años. Maquilla cualquier mirada de la manera más natural posible. Que tiene una poderosa fuerza de atracción y le da un encanto especial. Que no hay dos sonrisas iguales.

Enamora su simpatía, esa que destila casi sin quererlo y sin pretenderlo. Esa que hace desear su compañía siempre. Esa que engancha y te deja siempre con gana de más. De más humor, de más chispa, de más desinhibición.

Enamora su ingenio, acertado y siempre respetuoso. Que hay límites muy finos y muy fáciles de cruzar. Y más difícil aún volver a cruzarlos de vuelta. Esa viveza que te roba suspiros y carcajadas que no tienen fin. Ese sentir en paz y en el sitio adecuado, siempre que está a tu lado.

Enamora su frescura, única y flamante. Que hay copias e imitaciones, sí, pero el original es lo que tiene… Un toque personal. Un toque inmarchitable. Un toque irrepetible. Genuinidad en estado puro.

Dicen que quien te hace reír, te hace un regalo.

Te regala su tiempo. Ese valioso presente del que todos solemos hablar como si no nos perteneciera. O como si no lo pudiéramos controlar o aprovechar. Y nos quejamos. Mucho. Y de todo. De su falta, de su rapidez en pasar, de su brevedad.

Te regala su compañía. Te regala su “estar”. Algo tan sencillo y tan difícil a la vez. Te ofrece una mano para que le sigas, a su lado. Ni un paso por delante, ni un paso por detrás.

Se regala a sí mismo. Te brinda su confianza, te invita a acercarte. Con todo lo conlleva, con todo lo que te pueda ofrecer. Que abrirse no siempre es fácil…

“Un día sin sonreír es un día perdido”.

(Charles Chaplin)

A quien te hace reír…

Devuélveselo con más risas, con la mejor de tus sonrisas. Recíbelo con los brazos abiertos, con el mejor de tus abrazos. Que no todo son palabras, que a ellas se las lleva el viento. Invierte en actos.

Devuélveselo con tu compañía, con tú aquí y ahora, con tu querer estar. Que no sólo hay que saber, hay que estar.

Que la chispa se enciende con poco y la alegría se contagia con mucha facilidad. Que la risa atrae a más risa, a más dicha, a más felicidad.

Que la risa atrae a la gente. A la que te hace bien.

Y quien bien te quiere, te hará reír.

Patricia.

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