“No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas”.

(Mary Wollstonecraft)

 

A ti mujer.

Que lo eres los 365 días, aunque haya quienes sólo lo recuerden un día al año. Y porque se lo recuerdan. Como si la condición de ser mujer la marcara el calendario, la publicidad que la ensalza o los mensajes uniformes que se propagan por whatsapp. Que no son pocos, pero que son siempre los mismos. O parecidos.

A ti mujer.

Que te llamaron sexo débil, y que te hicieron creer que lo eras. Y que hasta te lo creíste. Que te dijeron por activa y por pasiva que llorar es sólo cosa de mujeres, y que es signo de debilidad. Que lloras por todo y de todo, que lloras sin motivo. Que te ahogas en tu llanto. Que tus lágrimas esconden sentimientos, secretos y apegos. Que te escudas tras tu propio llanto, tras tu propio muro.

A ti mujer.

Que te dijeron que las cosas, al igual que la vida, pueden ser muy difíciles. Demasiado complicadas. Pero que es así, y punto. Que es cuestión de suerte, la que cada uno tiene, la que cada uno se merece. Que quizá no consigas todo lo que te propongas, y que a veces hasta no valdrá la pena intentarlo. ¿Para qué?

A ti mujer,

Que te dijeron que ir sola, a determinados sitios, a determinas horas, no siempre es una opción. Y que hay compañías que es mejor evitar. Que vestir de determinada forma, pensar de determinada manera o actuar de otra forma no es la mejor decisión que puedas tomar. Ni la más adecuada, ni la más habitual. ¿Quién dijo que te querían amoldar?

A ti mujer,

Que aunque te dijeron que hay sueños inalcanzables, decidiste no hacer caso. Ni claudicar ante aquellos que te aconsejaron que la mejor salida era conformarse. Con poco, con lo justo, y hasta dar las gracias. Que para qué más. Que te armaste de valor y paciencia, para soñar con más, con algo distinto, con algo mejor. Que nada de ceder y quedar siempre por detrás. Por detrás de tus sueños, por detrás de tus deseos, por detrás de lo que quieres.

A ti mujer.

Que aprendiste a valerte por ti misma y a encontrar tu propio hueco. A hacértelo. A crearte y recrearte. A componer tus propias notas y reescribir tu pentagrama. A no esperar que nadie te baje la luna ni cuente por ti las estrellas, porque sabías que podías hacerlo por tu cuenta. Y lo hiciste.

A ti mujer.

Que sabes sacar las fuerzas de donde sea, cuando parece que te han abandonado y que no tienes motivos para seguir. Por saber encontrar siempre algún motivo, y a veces más de uno. Por saber animarte y animar a quien lo necesite. Que sabes dar todo lo que tienes, todo lo que puedes ser, y ser siempre mucho más. Siempre.

A ti mujer.

Que aprendiste a decir que no. A base de intentos fallidos, a base de malas experiencias, a base de muchos sinsabores que sorteaste por el camino. Y sinsentidos. Al principio por fuerza mayor, hasta que te plantaste. Y aprendiste. A darte valor, de una vez por todas. En toda su complejidad, en toda tu esencia, en cada situación. Aprendiste a darte y a sumar, a no dejar de crecer.

A ti mujer.

Que eres valiente, aunque digan que es cosa de hombres. Que eres inteligente, fuerte y muy capaz. De todo. Si te lo propones. Que cuando quieres, pocas cosas se te resisten y los días se vuelven más bellos. Tus días. Porque cuando quieres, tú les das forma. La que quieres. Y color. Los pintas de arriba abajo, contagiando a todo el que lo comparta contigo, compartiendo ilusión.

A ti mujer.

Que vales igual que el hombre. No se te olvide. Ni más ni menos. Que no se te olvide y que nadie te diga lo contrario. Ni tú misma. Que igual que no se juzga a un pez por su capacidad de volar, a la mujer y al hombre no se les debe de tratar sino como seres humanos, no como cosas. Que los príncipes azules sólo están en los cuentos. Que algunos cuentos no merecen ni ser contados.

Que mereces respeto, empezando por el tuyo propio. Que la confianza de los demás y en los demás se gana, pero teniendo la tuya intacta. Sin perderla y mucho menos pisotearla.

Que aprendiste a creer en ti. A apostar por ti. Siempre. A pesar de lo que pudiera pasar y de las veces que pudiste meter la pata. A aprender de cada una de esas ocasiones.

Que hoy andas con la cabeza bien alta. Que aprendiste, de ti y de los demás. Que sabes que aún te queda mucho camino por recorrer, pero que sabes que valdrá la pena, que lo harás lo mejor posible. Por ser tú.  

A ti mujer,

Hoy y cada día.

 

Patricia.

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