Dicen que los sueños se cumplen cuando ponemos todo nuestro esfuerzo en ellos.


Y no sólo eso. Ocurre cuando lo deseamos. Cuando realmente deseamos que se cumplan. Tanto que invertimos hasta el último segundo de nuestro día. Tanto que hasta cerramos otras puertas, por mucho que nos pique la curiosidad de ver qué hay detrás. Tanto que no dejamos que nada ni nadie nos distraiga, nos convenza de lo contrario o nos robe la idea.

Cuando ponemos toda nuestra alma, toda nuestra energía, todo nuestro ser. Cuando ponemos toda la ilusión que tenemos, cuidando de no perderla por el camino, mimándola, haciéndola crecer. Cuando nos lo creemos. Cuando creamos realidad y nos empeñamos en triunfar. En lograrlo, en celebrarlo a los cuatro vientos.

En vivirlo en primera persona.

Porque, que no todos llegan, es un hecho. Ni mucho menos, se atreven. No todos se arriesgan, apuestan y se mueven. Muy pocos dan un paso al frente. Aunque sea un primer paso. Un tímido primer paso. El miedo es grande. Miedo a empezar y perderse a mitad camino. A cambiar de sentido en algún punto. A perder el norte, a perder las ganas, a perder la paciencia. A darse por vencido, a asumir que no siempre se gana.

Porque es cierto: no siempre se gana. Ni siempre se consigue lo que se persigue. Ni lo que se quiere. Ni algo que sea remotamente parecido. Porque a veces, por no saber, no sabemos ni lo que queremos, que conste. Aunque afirmemos que sí hasta la saciedad. Aunque juguemos al despiste y tiremos balones fuera. Aunque nos hagamos los fuertes, los decididos, los que saben. Aunque cada día que pase, nos aleje un poco más.

De nosotros, del sueño, de su final.

Nuestro.

Algo que también cuentan es que cada historia tiene un final. Uno propio, acorde a la propia historia. Que ninguno se parece a otro. Y que ahí está lo bueno. Lo que marca la diferencia y lo hace especial. Que sí, que algunos se parecen y muchos serán los que traten de venderte su historia. Pero es eso, su historia. No la tuya.

Y algo que es totalmente cierto es que cada final, a su vez, entraña el comienzo de una nueva historia. La magia. La oportunidad de garabatear un nuevo horizonte allá donde ahora sólo hay noche. La posibilidad de hacer borrón e historia nueva. Distinta. Tuya. El momento de poner color a tu pisada y nombre a tu fantasía. Y hacerla auténtica.

Que muchas veces, las más, lo que parece un final, es tan sólo un prometedor “continuará”. Puede que en un punto nuevo, cerca o lejos de donde estás ahora, pero eso es lo de menos. Puede que luciendo guion diferente y un giro de la trama. Puede que te lleve por desconocidos escenarios, hasta ahora, y te presente nuevos protagonistas. Puede que hasta se cambien las tornas y el espectador pase a ser actor, director y hasta escritor.

Autor y creador.

 

Porque a veces se necesita pasar a la acción. Por no decir casi siempre. Nos sobra teoría para aplicar, nos falla la práctica. Que decir es fácil, mucho, pero hacer…  No tanto. Que tiene su mérito. Y su reconocimiento. Que lo fácil es dejarlo estar. Hacerse el loco. Esconderse tras promesas carentes de futuro y vacías de voluntad. Esperar que nos llueva, si no del cielo, de cualquier otro lugar.

Esperar.

O incluso olvidarse. De los motivos que nos mueven o que en su momento lo hicieron. De las palabras que una vez dijimos y que juramos cumplir. Del futuro, ese que nos prometimos conquistar desde ya. De nosotros, del por qué, de ellos. De los sueños, los nuestros.

Los mismos que hacen brillar nuestros ojos y que nos dan razones. Para seguir, para soñar, para creer. Los que ponen gotitas de esperanza cuando el ánimo cae bajo. Los que nos ayudan a entender y a aceptar noes, desencantos y cambios de velocidad. Los que nos quitan sinsabores y nos regalan momentos de gloria y gloriosos momentos.

Momentos que se graban a fuego.

Fuego. El mismo que dicen se lleva todo lo malo. Lo peor, lo innecesario, lo que nos sobra. Que, de alguna manera, purifica y renueva. El ambiente, la suerte, el amor. Que puede quemar todo lo que no quieres más, para dar cabida a lo nuevo. Aunque sea de manera simbólica. Otro “continuará”, otra versión, otro final que significa comienzo.

Otro sueño cumplido.

De esos que se convierten en realidad. En la tuya. En tu propiedad. Que llegan al final, de los buenos, y que hasta sorprenden. De esos que cuesta creer que se cumplieron, que ya pasó y que fue tan rápido. Y fácil. Y feliz. Como feliz te sientes al cerrar los ojos, al recordar, al revivir.

Como feliz te sientes al empezar a soñar con el siguiente sueño. El siguiente peldaño, la siguiente celebración. El siguiente destino, la siguiente elección. El siguiente brindis, la siguiente victoria.

La siguiente chispa que encenderá el fuego para resetear.

La siguiente cuenta atrás.

El siguiente comienzo.

 

Patricia.

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