Entre Suspiros y un Café
Personas Reflexión

Lo que está ahí

Que no lo nombre… no quiere decir que no esté ahí. Escondido, tratando de pasar desapercibido. Tratando de protegerse. Y a la vez presente. Con todas sus curvas y todos sus relieves. Con todos sus silencios, alegrías y hasta penas. Con todas sus cicatrices y cada una de sus cadenas. Esas que te retienen y te duelen hasta límites insospechados. O que duelen precisamente por eso, por retenerte.

Que no lo nombre… no significa que no lo vea. O que mi intención sea no verlo. O que no lo quiera ver por ninguna de aquellas. Y mucho menos significa que no lo huela. Que no lo sienta. Que no pueda tocarlo. Porque de hecho, puedo tocarlo con apenas moverme. Porque puedo tocarlo y sentirlo hasta sin quererlo. El problema es cuando no quiero… por el motivo que sea.

Que no lo nombre… no quiere decir que no duela. Que no queme la piel, la garganta, el corazón. Que no tenga latido propio. Que no irrite los ojos, hasta hacerlos llorar. Hasta dejar brotar lágrimas, y no de felicidad. En silencio. En soledad. Porque duele demasiado para mostrarlo. Incluso a uno mismo. Porque hay emociones que sólo se comparten con unos pocos. Y que elegirlos, es complicado. Y que ser elegido, es un privilegio.

Que no lo nombre… no significa que no me acuerde. Ni hoy, ni mañana, ni nunca. Que no piense en ello, que no lo tenga presente. Ni mucho menos, que no lo respete o que no lo comparta. No quiere decir que no me robe algo más que minutos, sino más bien algún que otro desvelo. Porque verbalizar no siempre es fácil. Porque hablar de sentimientos es hablar a otro nivel. Desde otra posición. Desde otra sinceridad. Más profunda. Más trasparente. Y porque no siempre decimos todo lo que pensamos, ni pensamos todas y cada una de las palabras que decimos.

Que no lo nombre… no quiere decir que sea insensible. O pasota. O incluso egoísta. O cualquier otra cosa que puedas pensar. Que sea incapaz de entender y ponerme en la piel de otros. Que sea incapaz de comprender y empatizar. Porque cada uno lo lleva como puede. O como quiere. O como es capaz. Que no todas las procesiones van por dentro y que no todos seguimos las mismas corrientes. Por suerte.

Que no lo nombre… no significa que no me importe. Quizá significa todo lo contrario. Qué ilógico, ¿verdad? Porque a veces optamos por lo fácil, por aparentar indiferencia. Por fingir un desapego que no es real. Porque ser cómodo, es cómodo. Porque saltar abismos es cosa de valientes. Y porque todavía es de más valientes aún el arriesgarse dándolo todo. Dándonos enteros. Corazón incluido. Y no resultar heridos. Y no sentirnos heridos. Y no dejarnos sentir heridos, por nada ni nadie. Incluso por uno mismo.

Que no lo nombre… no quiere decir que no lo que quiera. Que lo evite. Que evite mirarlo a los ojos, y hasta tomar contacto. Que ni lo mire, ni lo aprecie, ni que la haga ascos. Que no lo espere como agua de mayo. Que no lo desee más que nada. Que no me haga la mayor de las ilusiones. Quizá sea culpa del orgullo, que me impide mostrarme realmente. Quizá sea el miedo a perderlo, lo que me hace dudar. Quizá sea que espero ese momento que no veo llegar. Porque quizá simplemente espero a ver qué pasa, mientras veo el tiempo pasar. Sin darme cuenta de lo rápido que pasa.

Que no lo nombre… no significa que esté de acuerdo con ello. O que no lo esté. Que opine blanco o que piense que es completamente negro. Ni que lo disfrute en silencio, ni que crea que es mejor obviarlo. O que lo esté obviando descaradamente y sin remordimientos. Que muchas veces, son más juicios ajenos que realidad. Pero que nos arrastran con ellos río abajo. Sin contarnos lo que dolerá la caída. Ni lo que dolerá despertar.

Que no lo nombre… quizá es todo lo contrario a lo que estoy mostrando. Todo lo contrario a lo que otros estén pensando. Todo lo contrario incluso a lo que pretendo exhibir.

Que no lo nombre… no significa nada, más allá del significado que yo le quiera dar. O que para mí realmente tenga.

Que no lo nombre… es sólo parte de mí y de mi historia.

 

Patricia.

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11 Comentarios

  • Responder
    lachicadelquinto
    1 septiembre, 2017 a las 7:00 am

    ¡Qué bonito Patri! Es como si hubieras puesto letras a algunos pensamientos que tengo. Esa sensación de la que hablas, también la he pasado…
    Un beso y que tengas un feliz día

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      1 septiembre, 2017 a las 2:51 pm

      ¡Gracias Bea! Es bonito saber que te sientes identificada de alguna manera con mis textos.

      Un beso enorme, gracias por comentar 😉

  • Responder
    dezazu
    1 septiembre, 2017 a las 11:38 am

    He encontrado ahora mismo tu blog y tengo que decirte que es un espacio encantador, me ha entusiasmado todo, asi que para no perderme ninguna entrada me hago seguidora ahora mismo!!
    Te invito a dar una vuelta por mi rinconcito, espero que tambien te guste!!
    Un Saludo

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      1 septiembre, 2017 a las 5:55 pm

      ¡Me alegra mucho! Gracias por dedicarme tu tiempo, leyendo y comentando. Y enhorabuena por tu blog, me has descubierto un espacio la mar de inspirador y creativo 😉

      Un saludo,
      Patricia

  • Responder
    Majo Diddo
    2 septiembre, 2017 a las 6:23 pm

    Que cierto. Me reconozco en muchos de los pensamientos…Precioso Patri!!

  • Responder
    horus
    4 septiembre, 2017 a las 10:24 am

    ole

  • Responder
    thecuriouspost
    11 septiembre, 2017 a las 2:40 am

    Te acabo de descubrir y me encanta lo que escribes, me mueve. Gracias!!

    • Responder
      Entre suspiros y un café
      11 septiembre, 2017 a las 6:56 pm

      ¡Muchas gracias! Me alegra leer eso, que leerme te mueve, porque es precisamente lo que propongo al escribir 🙂

      ¡Un abrazo!
      Patricia.

  • Responder
    El último lugar |
    15 noviembre, 2017 a las 8:23 pm

    […] nos empeñamos en buscar donde no hay. En buscar fuera lo que puede estar dentro. En buscar lo que ya tenemos. En maquillar la tristeza y dibujar alguna sonrisa que acabe torcida. […]

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