Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Cuando algo no va bien

Dos miradas que se evitan aunque se esperan, la tensión mal disimulada expuesta sobre la mesa y los días que pasan sin freno.

Sentir un nudo. En la garganta, en el estómago, en cada amanecer. Un nudo tenso, de esos que están bien hechos, a conciencia, y que no son nada fáciles de soltar. De los que hacen incluso daño cuando lo intentas aflojar. De los que lastiman tus dedos, tu piel, tu equilibrio. De los que se tensan incluso más, conforme aumentas tu empeño. De los que te van a asfixiando poco a poco, de manera muy sutil.

Hasta que te cuesta respirar.

Un nudo de los que te hacen salir a la calle y a la vida sin aire. En reserva. Sin fuerza, ni aliento y al límite de tu aguante. Dificultándote el andar, tomar una decisión o el sentir más allá de esa falta de oxígeno. De presión. De incluso dolor.

Haciéndote sentir que aunque las cosas salgan, algo hay que no va del todo bien.

Porque algo no va bien del todo cuando sabes que no funciona y te empeñas en que sí lo haga. En reparar cada roto, cada grieta, cada agujero. Lastimándote en cada intento, consiguiendo que muy poco de todo eso funcione. Dejándolo incluso peor que estaba. Forzando lo que no marcha, en lugar de tirar, de olvidar, de dejarlo como está. En lugar de dejar esos asuntos que no son tuyos. En lugar de pelear menos y no meterte en cada guerra que se te presente.

Incluidas las que, ni de lejos ni por asomo, van contigo.

Algo no va bien cuando quieres hablar y las palabras no salen. Ni los sentimientos, ni los abrazos, ni las miradas. Cuando en tu mente los pensamientos vuelan libres, pero se quedan ahí. Atascados. En un nudo que no hay manera de soltar. En la punta de tu lengua. En una espinita que duele, y no sabes cómo sacar.

Algo no va bien cuando bajas los brazos, las ganas, el alma. Cuando tiras la toalla y te rindes con todas las de la ley. Cuando abandonas a mitad, por la puerta de atrás o con el peso de la derrota sobre tus hombros. Cuando dejas de luchar y permites que otros lo hagan por ti. Que decidan. Que te lleven, te traigan o te abandonen en mitad del camino.

O de la nada.

Algo no va bien cuando cada día que pasa, te parece igual al anterior. Cuando los colores se funden hasta volverse un gris apagado. Un blanco más que roto. Un negro oscuro, demasiado. Cuando las horas se eternizan y el tiempo parece no acompañarte, detenerse y hasta volverse en tu contra.

 

Algo no va bien cuando dejas de ser tú. Cuando eres una sombra de ti. De quien solías ser. De quien eres en realidad. Una sombra triste y melancólica de tus pasos, de tus risas, de tu ímpetu. Cuando abandonas tu esencia, tu voz y tus sueños. Y los dejas en tierra e incluso los pisoteas con rabia.

O los ahogas en medio del mar.

Algo no va bien cuando reaccionas mal a la mínima. Cuando saltas sin motivo ni razón, aunque te engañes y te digas que los tienes todos. Cuando te ofuscas sin ver, cuando te encierras sin sentir, cuando te niegas cualquier oportunidad.

Algo no va bien cuando no te aguantas ni a ti.

Algo no va bien cuando la ilusión no se dibuja en tus ojos, ni en tus actos, ni en tus palabras. Cuando las lágrimas se escapan con demasiada facilidad, cuando la tristeza se instala en tu día a día, cuando dejas de ver lo bueno. O la belleza. O la bondad.

Algo no va bien cuando la indiferencia capitanea tus días. Cuando nada te altera el pulso y sientes que nadie parece escucharte. O verte. Y mucho menos, entenderte. Cuando no reaccionas, pase lo que pase. Cuando te cuesta, incluso a ti, reconocerte al mirarte en el espejo. Al escuchar tu voz. Al leer tu mirada.

Algo no va bien cuando no te entiendes ni a ti, ni a tu indecisión, ni a tu falta de acción.

Algo no va bien cuando esquivas. Cuando evitas. Cuando apartas la mirada. Cuando no te mojas por nada ni por nadie, ni por ti. Cuando haces oídos sordos de todo. Cuando optas por no ver, por no hacer, por no sentir. Aunque lo tengas enfrente, al lado o debajo de tus pies. Cuando sabes pero callas. Cuando ves pero disimulas.

Cuando quieres… pero pasas palabra.

Algo no va bien cuando no te atreves a pedir. Ayuda, auxilio, rescate. Lo que te haga falta. Cuando no envías mensajes, señales ni nada que haga pensar que lo necesitas. La ayuda, el cuidado, la calma. El flotador cuando te ahogas. La luz cuando no ves. La salida cuando te has perdido por completo.

Algo no va bien cuando no te encuentras. Ni haces el mínimo esfuerzo por buscarte. Cuando levantas  la cabeza y no sabes dónde estás. Que no conoces ni las calles, ni las caras ni los recuerdos que tienes delante. Que te suena todo a chino. Lejano. Ajeno a ti. Cuando no sabes ni cómo has llegado a ese punto, ni sabes por qué esquina doblar para salir de allí. Y que prefieres tomar asiento y quedarte en ese mismo sitio. Perdiéndote incluso más.

Algo no va bien cuando sientes que te falta algo. Mucho o poco. O puede que todo.

Algo no va bien cuando te abandonas. Cuando te dejas detrás. Cuando te olvidas de ti.

Algo no va bien cuando lo sabes y no haces nada con ello.

 

Patricia.

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2 Comentarios

  • Responder
    Pepa
    12 julio, 2019 a las 1:50 pm

    Creo que cada persona se podría sentir identificada con alguno es esos “algo no va bien” en algún momento.
    Gracias por compartir tu reflexión y espero que en tu caso todo te vaya tremendamente bien.
    ¡Un abrazo!

  • Responder
    Arpon Files
    14 julio, 2019 a las 11:58 pm

    Gran reflexión. Un abrazo

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