Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Quien algo quiere

Recibir esa carta que esperabas con muchas ganas, sentir que el mundo se queda en un segundo plano y notar que una ilusión que hasta ahora dormía se dibuja en tu rostro.

Ganas. Las mismas en las que dicen que está el secreto. El de conseguir lo que te propongas, quieras o sueñes, pero no solo por el simple hecho de pensarlo. Sino por echarle todo el valor del que eres capaz, incluso cuando tus miedos te susurran al oído. Por multiplicar tu esfuerzo, incluso cuando escasean tus fuerzas. Por intentarlo una y otra vez, incluso cuando has perdido la cuenta de cuántas van ya.

Moverte. Y dejar de esperar tanto. Hacer que las cosas pasen, que las puertas se abran y que la lluvia sea parte de la fiesta, y no el final de la misma. Convertir lo que veías difícil en algo más que posible. Abandonar las excusas que llevabas guardadas en el bolsillo y que sacabas cuando no sabías qué decir.

Y decir(te) sí.

Y demostrártelo. Que no es un simple capricho pasajero que tumbará la primera ráfaga de aire que se levante. Que ahora sí, que lo de antes no cuenta, pero que, de alguna manera, te ha traído hasta aquí. Y que por algo será.

Hacer. Lo que hasta ahora no habías hecho, para llegar a donde todavía no has llegado. Hacer lo que nunca hubieras pensado que  harías, para ver que no era tan difícil. Ni para tanto. Hacer lo que te daba reparo incluso pensar. Y descubrir que, a veces, no hace falta pensar tanto, sino aventurarse más.

Y ver qué sale.

Querer lo que quieres. De verdad y sin tanta duda. Y con menos quejas. Enfrentarte a esos “y si”, a lo que pueda resultar mal, a todas esas murallas que te empeñas en señalar. Salir de una vez a por todas. A saltar los charcos. Y a aprender a mojarte si hace falta.

Porque quien algo quiere, apuesta fuerte.

Y no a medias.

Quien algo quiere, no se da por vencido fácilmente. Siempre hay una próxima. Busca hasta debajo de la última piedra, donde otros ni mirarían, donde menos espera encontrar. Y siempre encuentra algo. Por pequeño que sea. Incluso cuando no es algo que buscara de primeras.

Y sabe que todo suma.

Quien algo quiere, lo demuestra. No lo deja en otras manos, ni espera que venga solo. No cuenta con que caiga del cielo, ante tus pies o en medio de su camino. No espera que llegue mañana o pasado, sino que sale a su encuentro.

Aprende a dejar espacio. Y a respirar.

Quien algo quiere, pregunta. Y escucha todas las respuestas. No solo las que le interesan. Pero se queda con las que le ayudan. Crece con las negativas que se encuentre, con la oposición que le frene el paso, con las zancadillas que le hagan caer a tierra. Y supera sus propias carencias.

Quien algo quiere, le pone buena cara al mal tiempo. Se abriga cuando hace frío. Y sale siempre, aunque sea a horas intempestivas.

Quien algo quiere, reconoce hasta la más diminuta o remota oportunidad. Prepara ese plan B por si las cosas no salen como le gustaría. Se arma de paciencia y se deja las prisas fuera. Aprende a no matar antes de tiempo aquello que quiere vivir.

Quien algo quiere, lo empieza a cuidar incluso antes de tenerlo.

Quien algo quiere, lo vive desde el minuto cero. Antes de. Y mucho después de.

Quien algo quiere, da un paso al frente. Que no para atrás. Va y viene, da demasiadas vueltas quizá y se equivoca mil veces más. Pero no dejar de mirar hacia delante. Y de creer en sí.

Porque quien algo quiere, no piensa de dónde viene, sino a dónde va.

 

Patricia.

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2 Comentarios

  • Responder
    Pepa
    18 noviembre, 2019 a las 7:24 pm

    Que inspirador Patricia. No puedo estar más de acuerdo con cada línea que escribes.
    Te mando un abrazo y a seguir haciendo lo que realmente quieres 🙂

    • Responder
      Patricia
      20 noviembre, 2019 a las 9:25 pm

      Gracias bonita! Lo mismo te digo: a seguir berlineando tan bien como haces 😘❤

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