Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Vale más

Leer unas pocas líneas, que se pare el mundo y que te salte la sonrisa.

Unas breves líneas, en un día cualquiera, que te pillan por sorpresa. Un mensaje que sobresale por sí mismo por encima del resto, incluso antes de haberlo leído. Que te hace dejar lo que sea que estés haciendo en ese momento y pensarte bien si quieres leerlo.

Aunque, no muy en el fondo, te mueres por hacerlo.

Porque sabes lo que hay detrás incluso aunque no sepas exactamente qué, pero sí quién. Porque sabes que hay un después y una continuación para ese antes que hasta ahora flotaba en el aire. Un todo o nada que te saque de dudas. Aunque también temas que sea una mitad que te deje más a medias de lo que ya lo estás.

Una respuesta a esa cuestión que te carcomía por dentro. A ese interrogante que te atreviste a plantear. A ese runrún que quisiste soltar de una vez por todas. Pese a todo lo que te dijiste para autoconvencerte de lo contrario. Que no fue poco. Y que te lo dijiste. Y que estuviste a punto de no hacerlo. De no intentarlo.

De no aventurarte.

Por más que esperaras esa respuesta. Esa palabra. O esas líneas.

Porque, en ocasiones, aquello que más quieres, es aquello que más evitas. A lo que más excusas inventas o a lo que más rodeos das. Aquello que siempre dejas para luego, para más tarde, para ese futuro –pero siempre lejano- día.

Aquello a lo que dices que sí bien alto, pero haces todo lo contrario. O, más bien, no haces nada.

Pasa que aquello que más deseas es lo que mayor pavor te genera. Lo que no sabes por dónde empezar, por dónde seguir o cómo terminarlo. Lo que no sabes bien de qué manera afrontar, dónde encontrar lo que te falta o con quién vivirlo desde el principio.

Porque, demasiado a menudo, vives a medias sin ni siquiera saberlo.

Porque pasa que aquellos que más te importan, a veces son a quienes menos cuidas. A quienes menos abrazas, por quienes menos preguntas o con quienes más discutes sin darte cuenta. A quienes das por sentado como si fueran a estar ahí mañana. Como si ya conocieras todas sus respuestas. A quienes menos atención prestas al cabo de tu vida.

Y a quienes más echas en falta cuando dejan de mirarte. O de hablarte. O de escucharte.

Y pasa que más vale una respuesta, por escueta que sea, a no saber nada. Pese a lo tarde que llegue, lo descabellada que suene o lo evidente que parezca. Pese a lo difícil que resulte de leer. Pese a que confirme tus dudas, tumbe tus ilusiones o te deje a medias. Con las ganas. O con más preguntas incluso que antes de leerla.

Vale más que se desinfle ese globo que antes mirabas con orgullo. El que ataste con decisión a tu muñeca para impedir que se volara y que ahora sientes demasiado ligero. Y hasta vacío. El que llenaste de ilusiones sin saber que tenía un pequeño agujero por el que todo saldría tarde o temprano. Fuera tu felicidad, tu miedo o tu propio oxígeno.

Vale más que te aventures que arrepentirte de no haberlo hecho. Que se confirmen tus sospechas, que te adentres en lo desconocido, que te bajes a tiempo de donde sea. Que dejes de mirar desde la barrera, por detrás del cristal o a través de los demás.

Que te digas más a menudo que sí, a pesar de los escalofríos que sientas.

Vale más que te muevas aunque no sepas hacia dónde vas. Que salgas a andar, a buscar y que, con un poco de suerte, encuentres a mitad del camino. O cuando estés llegando al final. Esa respuesta que tardaba tanto. Esa aventura que no llegaba. Esa persona que tanto echabas en falta.

Y que aprendas cuándo no es el momento ni el lugar, y cuándo no marcharte antes de tiempo.

Vale más que supongas menos y demuestres en cada ocasión. Que abraces el doble, que escuches a través del silencio y que cuides al máximo. Que mires siempre a los ojos como si fuera la primera vez. Que sepas con quién multiplicar tu tiempo y a quién escuchar mejor. Empezando por ti.

Porque es importante que sientas que, aunque algo ha cambiado, sigues siendo tú.

Porque más vale prevenir que curar.

Porque más vale tarde que nunca.

 

Patricia Ayuste.

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