Entre Suspiros y un Café
Sentimientos

Algo mejor

Cuando algo sale mal, se te presentan infinitas opciones que se pueden resumir en dos. Puedes elegir quedarte exactamente donde estás -sin moverte, sin despeinarte- , quedarte en la queja que no lleva a ninguna parte o esconderte detrás de un caparazón, fingiendo que estás bien y que no deja que entre ni salga nada. Ni malo, ni bueno. O puedes recoger lo que queda de ti, mirar hacia el frente y salir con la lección aprendida hacia delante.

Y la cabeza bien alta.

comienzo

Y preguntarte. Qué te llevó hasta el límite, hasta el precipicio, hasta el pozo. Por qué cerraste los ojos y los sentidos. Aceptar que la vida no siempre sigue un orden, que los esquemas pueden romperse y que las coincidencias no existen. Ser consciente de que lo imprevisto sucede y que, a veces, se pierde. Una gran mayoría de veces. Pero que se puede ganar una guerra habiendo perdido más de una batalla.

Cuando algo se tuerce de la peor manera, es porque debía salir mal. Y punto. Recordar que hay cosas que pasan, por algo, para algo. O que son inevitables porque sí. Que es bueno quitarte la idea de que todo está en tus manos, que podías haberlo evitado y que podrías haber hecho esto, aquello o lo otro. Que lo que sí te debes es no echarte culpas que no te corresponden a la espalda. Dejar atrás el ojo del huracán. Abandonar el papel secundario.

Y aprender que, de una u otra manera, de todo se sale.

Aprender de los errores que te nublaron la vista. De los pasos en falso que te hicieron perder el equilibrio. De las decisiones que tomaste por impulso, y no con plena conciencia. De las dudas que te hicieron retroceder. De la indecisión que te robó minutos valiosos. De las opciones que resultaron no ser acertadas.

Aprender que nada es el fin cuando hay un nuevo amanecer.

Cuando algo que sale mal ya no tiene arreglo, llega un punto de no retorno en el que no hay nada más que puedas hacer. Sino ponerte a salvo y dejar que las torres caigan, por altas que sean. Dejar que arda Troya, pese al cariño que le tengas, dejar que se quemen hasta los cimientos, para rescatar solo aquello que pueda salvarse. Para no inmolarte ni con las primeras chispas, ni en un desesperado -pero inútil- intento de rescate. Para no inmolarte en ningún caso.

Dejar que el fuego purifique, que el aire llegue a tus pulmones y que el viento sople de nuevo a tu favor.

fuegoAlgo mejor

Cuando algo sale mal te arrepientes de lo que podías haber hecho y no hiciste. De cómo reaccionaste. O de qué músculos no moviste. Pero siempre te queda algo, además de esperanza. Siempre te queda la opción de aceptarlo. Ver cómo lo afrontas. Cómo decides que influya en tu vida a partir de ahora. Puedes culparte, refugiarte en excusas o vivir entre lágrimas. Quedarte dando vueltas en un bucle infinito, en una burbuja en la que cada vez te queda menos aire. O tratar de salir de ahí. Con todas tus fuerzas. Por pocas que sean.

Y decidir si lo cargas como una losa, como una piedra más en tu mochila o como un escalón más que te lleve a la cima.

Poner medios, agallas y todo lo que esté a tu alcance para cambiar lo que no funciona. Dejar atrás lo que te arrastra, lo que te empequeñece, lo que te lleva al centro del huracán y a tu propio infierno. Encontrar el camino de regreso, la salida de emergencia o la mano que te saque de todo ello. Curar tus heridas, reforzar tus alas y remontar el vuelo.

Encontrar la forma de resurgir de tus cenizas llegado el caso.

Buscar la forma de dar por fin ese salto. El salto que sabes que te hace falta. El que te lleve a donde quieres estar. El que te saque una sonrisa de verdad. O darlo directamente sin pensar tanto. Dejar de esconderte, de decirte que no puedes y demostrarte que puede con todo esto y mucho más. Poner la primera piedra, escalar la siguiente cuesta o llenar, de una vez, la hoja que se te presenta en blanco.

Pasar a la acción. Y creer en ti sin tantos peros.

Aprender a qué voz escuchar. A quién no hacer caso. Y de quién seguir sus consejos. Que no todos sirven. Ni todos te ayudan. Quedarte con quienes están dispuestos a darte la mano, a secarte las lágrimas y a calmar tus gritos. Quienes no pasan de largo y están tanto para un roto como para un descosido. Quienes siempre tienen un pañuelo para ofrecerte.

Quienes siempre escuchan. Quienes siempre se quedan.

creer

Cuando algo sale mal, debes sacar lo que llevas dentro y ser más tú que nunca. Salvarte de tus demonios, los que reinan en tus pesadillas pero no existen en ninguna otra parte. Todo lo que te oprime porque lo permites. Encontrarte entre el ruido, entre el caos, entre el miedo. Y ponerte en el centro. Y cogerte de tu propia mano.

Sacar todo lo bueno que llevas, aprender de aquello que te hizo arder y encontrar el modo de superar tus grandes debilidades. Y dar ese salto sea como sea. Para salir de ésta. Y de cuantas vengan. Para recordarte que puedes. Que no estás a solas.

Y que eres lo mejor que tienes.

Cuando algo sale mal es porque, se cierra una etapa y se abre alguna ventana.

Y porque, a la vuelta de la esquina, te espera algo mejor.

Mucho mejor.

 

Patricia Ayuste.

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4 Comentarios

  • Responder
    José María Guijarro
    16 enero, 2022 a las 8:36 pm

    Como siempre acertadísimo post que nos mueve hasta nuestras propias entrañas. La vida no es fácil y si me apuras para muchos, dura, muy dura, pero el sufrimiento sin sentido es el que nos machaca en ocasiones. Todo esto unido a la incertidumbre en el futuro hace que sea muy importante nuestras prioridades y valores.

    • Responder
      Patricia Ayuste
      16 enero, 2022 a las 10:26 pm

      Como bien dices: el sufrimiento sin sentido es el que nos machaca en ocasiones, el que podemos trabajar para eliminar de nuestra vida y centrarnos en lo importante.

      Me alegra que te guste, un abrazo grande.

  • Responder
    Taller Español
    21 enero, 2022 a las 4:12 pm

    Como siempre, es un gusto leerte. ❤

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