Entre Suspiros y un Café
Reflexión

Quiérete bien

Quiérete bien, que quererte mal es fácil. Y demasiado habitual en los tiempos que corren.

Quiérete cuando soplen vientos de tormenta y el sol se esconda hasta prácticamente desaparecer. Cuando el arco iris se resista a mostrarse y cuando llegue un huracán dispuesto a arrastrar todo lo que esté a su paso. Incluso si lo hace, si se lleva todo y te deja sin nada. Porque hasta en las grandes tragedias, siempre queda algo. Lo realmente imprescindible. Lo que de verdad importa.

Quiérete de norte a sur y en cada uno de tus puntos cardinales. Disfruta tanto de la belleza de la costa, como de cada rincón que descubras cuando viajes hacia tu interior. Y cuídalos a cada uno, con mimo, con esmero. Al igual que a cada acantilado al que te asomes y te dé pavor. O cada aburrida meseta que amenace tus planes de futuro. Cada uno tiene un motivo. Cada uno merece su tiempo. Y su respeto.

Quiérete al máximo. En esto no hay mínimos que valgan ni excepciones que confirmen nada.

Quiérete hasta en tus acentos fuera de tono, tus notas desafinadas y tus silencios que no dicen nada. Quiere hasta tus faltas de ortografía, de decisión, de escribir puntos finales. La práctica hace al maestro. Al igual que la paciencia. Ama tus borradores más disparatados, tus numerosos comienzos inacabados, tus eternos ensayos de obras sin fecha de estreno. Acepta lo que no llegó a buen término. Pasa página. Y sigue creando.

Quiérete incluso cuando el mensaje de fuera no ayude. O intente lo contrario. Cuando pretenda cambiarte, manipularte o incluso hundirte. Cuando te comparen, no te valoren o te ataquen sutilmente. O con todo el descaro del mundo. Cuando el mensaje sea feo, dañino o sin sentido. Cuando quiera imponerse sin permiso. Cuando no valga nada. Cuando no sea nada tuyo.

Quiérete con paciencia y con paso firme. Aunque la tierra tiemble bajo tus pies.

Y quiérete en tu complejidad, en tu plenitud, en tus tonterías más absurdas. Tu cara y tu cruz. Tu lado A y tu lado B. En los momentos en que no entiendas nada o en los que no te entiendas ni tú. En los momentos más bajos, en las noches más oscuras. Que todo es por algo, que todo aporta, que todo tiene un porqué.

Quiere y quiérete con tus cinco sentidos. No te dejes ninguno. Siente en cada momento, aprende a escuchar más, incluso a ti. Recréate en cada aroma que te haga viajar con la imaginación y viaja todo lo que puedas. Observa detalles que para otros pasen desapercibidos y saborea cualquier pequeño triunfo.

Que el secreto está ahí, en las pequeñas cosas.

Quiérete en primer lugar a ti, para poder querer a los demás. Que solo cuando sepas quererte, podrás entregarte fuera. Que solo cuando sepas apreciar lo que ya eres, lo que fuiste y todo lo que puedes llegar a ser, podrás ser tú. Sin filtros ni comodines. Sin excusas ni complejos. Y que te quieran por ello. Y que te quieras cada día un poco más y mejor.

Quiérete cuando otros no te sepan querer. Cuando no quieran, no te lo demuestren o te lo muestren a su manera. Que no a la tuya. Cuando no te quieran lo suficiente o su interés vaya, venga y se mueva al ritmo de una veleta. Impredecible e intermitente. Cuando no haya respuesta, suspiros ni miradas. Cuando siempre seas tú quien va, y acabes volviendo a solas.

Y aprende a volver a ti siempre que te quieran mal.

Pero quiérete también cuando otros ya te quieran. No esperes a que otros lo hagan primero. Que el cariño no venga solo de fuera, sino que ya esté dentro. Que el amor no venga a través de otras miradas, sino de la tuya propia. Que los besos lleven sentimiento, las caricias sean compartidas y los abrazos curen cualquier herida.

Quiérete cuando más te necesites. Cuando todo se tambalee a tu alrededor y pierdas el equilibrio. Cuando desaparezcan los pilares, los botes salvavidas y las mascarillas de oxígeno. Cuando tu compañía sea necesaria y prioritaria, la única opción posible, la única salida válida, la única que conozca tanto las preguntas, como las posibles respuestas.

Cuando ser tú, sea la solución perfecta.

Pero quiérete, también, hasta cuando menos te necesites. Cuando estés en las alturas, en los picos del mundo, en las cimas de tus sueños. Cuando creas tener todo el poder, que la vida te sonreirá a partir de ahora, que podrás con aquello que se te venga encima. Claro que podrás con todo, pero con los pies en la tierra. Y con el cargador de batería siempre a mano.

Quiérete sin reservas. Que solo así cuenta. Que si das al máximo, recibes por igual, como mínimo. O puede que mucho más.

Quiérete hoy, mañana y siempre. Sin pausas ni excusas.

Quiérete bien, y no te dejes para otro momento.

 

 

Patricia.

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