Sin comparaciones, que son odiosas

Así, las personas no tienen prisa, no precipitan los acontecimientos con acciones inconscientes. Saben que lo inevitable se manifestará, que lo verdadero siempre encuentra una manera de mostrarse. Cuando llega el momento, no dudan, no pierden una oportunidad, no dejan pasar ningún momento mágico porque respetan la importancia de cada segundo”

Once minutos – Pablo Coelho

 

Clever Cupcakes (Flickr)

Clever Cupcakes (Flickr)

Dicen que las comparaciones son odiosas. Y que un tal nadie afirma que es perfecto.

El pasado viernes por la noche tuve una experiencia distinta. La gente disfrazada inundaba las calles, dejándose llevar por el frenesí de Halloween y luciendo disfraces de lo más variopintos. Algunos realmente ingeniosos y originales, otros multiusos de los que se guardan celosamente de año en año y se repiten sin remordimiento. Y alguno que otro que no encajaba en la temática. Recordemos que Halloween no es Carnaval…

Había salido a tomar algo con un grupo “diferente”, llamémosle así. Decisión de última hora, como suelo hacer últimamente. Y no es que lo tenga estudiado o que busque intencinadamente planes improvisados, de esos que pase lo que pase, siempre salen bien; simplemente me abandono al momento. Soy como una hoja otoñal llevada por el capricho del viento.

Amigos de una amiga, esa que te llama cuando tu mejor plan es quedarte en casa, en pijama, y aún no sabes ni qué película verás esa noche. Las que aparecen sin anunciarse y que siempre te engatusan y te enredan, aunque tú te dejas camelar gustosamente. Reconócelo. Sabes que valdrá la pena.

Y al lío, que me lío yo sola.

Jims_photos (Flickr)

Jims_photos (Flickr)

Y allí estaba yo, en medio de aquel grupo y pensando en la predisposición que tenemos de compararnos con los demás. No tenemos límites. Queremos lo que no tenemos: el trabajo de ese amigo que vive muy bien; el coche que luce el vecino y que no nos podemos permitir; el cuerpazo de la hermana de fulanito; el viaje y las vacaciones de tu prima segunda,…

Sí, nos comparamos con personas exitosas, las que, al menos en apariencia, tienen de todo y consiguen lo que quieren, los llamados reyes del mambo. Y lo hacemos a todas horas. Que no digo que no esté bien comparase, que incluso ayuda a motivarnos, ponernos las pilas y salir a comernos el mundo.

Pero ojo, a ver si viene el mundo y nos come.

Entre tanto “quiero y no puedo”, nos obsesionamos con aquello que no tenemos y otros sí; con lo que consideramos nos hace falta para ser felices, sin pararnos a valorar lo que sí tenemos. En el mundo de la moda lo conocen como los “must”, lo que no puede faltar en tu armario. Lo imprescindible.

Y nos volvemos egoístas, no digas que no. Es como si los sueños que en algún momento anhelaste, una vez cumplidos, dejaran de tener valor. Como el chicle que nos llena de sabor al principio y que pasado un tiempo, que depende de cada persona, acabamos desechándolo. Sí, vaya una comparación la mía, un chicle.

En nuestro empeño por compararnos con el éxito y los logros ajenos, olvidamos que hay personas que se conforman con la realidad que les ha tocado vivir. Triste en muchos casos, difícil en la mayoría e injusta en todos ellos. Y aunque todos somos conscientes de ello, es algo que solemos olvidar con demasiada frecuencia.

Y son felices. A su manera saben ser felices y aceptar que las cartas que te llegan hay que saber jugarlas.

 

Bindaas Madhavi (Flickr)

Bindaas Madhavi (Flickr)

Sucede que olvidamos que nuestra propia felicidad no depende de lo que tenemos sino de lo que somos, que no es una lucha constante por ser el mejor, sino de lograr ser la mejor versión de ti mismo. No es algo que nos llegue desde fuera, sino desde nuestro propio interior, ese lugar donde las comparaciones pueden hacernos tanto daño. Donde nosotros nos autolesionamos.

Torpedeamos nuestra búsqueda de la felicidad empecinándonos en acumular posesiones materiales, logros que creemos nos llenarán personalmente y que serán la envidia de los demás.  Escuchamos las opiniones ajenas, en lugar de las propias y calzamos los zapatos que otros idearon para andar su camino, el que ellos trazaron.

Queremos subir a la montaña sin que nos falte el aliento. Colgarnos la medalla de oro en todas las competiciones y no bajarnos del podio. Detener la lluvia a nuestro antojo y decirle al sol que no se esconda nunca. Nos aferramos al fin y no al medio; le damos valor al logro y no al camino.

Fue un plan de última hora y sin grandes pretensiones, con una amiga algo lianta y gente que ni conocía. Y sin embargo, fue el plan perfecto. Sin odiosas comparaciones.

 

“Recuerda que nadie te puede hacer sentir inferior sin tu consentimiento”. (Eleanor Roosevelt)

Patricia.

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10 pensamientos en “Sin comparaciones, que son odiosas

  1. Pues yo quiero tu plantilla! :p
    Siempre tocas el punto, con cada artículo. No somos capaces de concentrarnos en lo que tenemos, nunca somos felices con lo que tenemos, tenemos esa necesidad de tener más y más, de tragar y tragar. Siempre queremos lo que tiene el vecino (hasta que lo conseguimos y muchas veces no es tan bueno como pensábamos). Tenemos la necesidad de envidiar a los demás, muchas veces sin conocerlos o saber cómo han llegado a ser lo que son y tener lo que tienen.
    Somos así, porque nos han educado así, en otras partes del mundo, la gente comparte lo poco que tiene, aquí, envidiamos lo poco que tienen los demás.
    El hombre más feliz que he conocido en mi vida, sólo tenía una bicicleta, vino y una chabola. Su sueño: ser el alcalde de Vila-real. Algún día tengo que hablar sobre él…

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  2. jajajajaja, veo que te gusta el diseño del blog, no es la primera vez que me lo dices :).

    Eres una fuente de ideas, a ver qué día te animas a contarnos la historia de ese hombre tan feliz que conociste. Son esas historias las que nos gusta escucha y de las que más aprendemos.

    Y sí, somos inconformistas por naturaleza. Lo que está bien, siempre que sea un afán sano de autosuperación, El problema es cuando pasamos de la comparación con el resto a la pura envidia…

    ¡Un besazo Jaume!
    Patri.

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  3. Como dices, a veces los planes que surgen de la nada son los que mejor salen: una llamada con un pensamiento que deriva en una tarde estupenda, iba a que van a tu casa sin avisar aunque sea para saludar y charlar un momento… Y esos planes surgen, como digo, de la amistad y la buena voluntad.
    Es cierto que nos estamos comparando constantemente con el de al lado y con el de más allá, queriendo lo que otros poseen y es eso. Son posesiones pero, como dices, hemos de ser felices por lo que somos y no
    ir lo que poseemos.
    Muy buena reflexión. Besos!

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  4. Era un personaje muy interesante, cuando era niño ya era viejo, y lo llamaban: El Rey del Caragol (del caracol), iba siempre con la bici a cuestas. Un personaje, siempre he tenido magnetismo con esta clase de gente, todos los taraos del mundo se acaban haciendo amigos míos 😛

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  5. ¡Guau! Acabo de encontrar tu blog y ha sido sin dudar un gran descubrimiento. Hace poco o mucho no lo recuerdo en mi última entrada, casualmente, hablaba de esos sueños inalcanzables. De esa envidia o celos que nos corroen. De lo que nos ha costado construir para dejar que otra persona venga y destroce todo lo que hemos conseguido a nuestro paso. Así que no puedo estar más de acuerdo contigo. Las comparaciones son odiosas, sí señor. Pero no sé yo si quien las hace es más odioso aun. En ocasiones somos tan inconformistas que no sabemos decir basta cuando nos estamos atragantando con nuestros propios logros o ambiciones.

    No me puedo ir más satisfecha de este blog, después de seguirte por supuesto, después de haber leído esta entrada que tanto me ha entusiasmado. Cada párrafo, cada linea, cada palabra o fonema. Ha sido como leerme a mi misma en otra vida, jajajaja.

    Lo dicho, ¡una seguidora más!
    Un beso y que tengas un buen día.
    Espero pronto otra entrada.

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