“Las cosas no se dicen, se hacen, porque al hacerlas se dicen solas”.

(Woody Allen)

Jueves por la tarde, bien tarde ya. Sola, en medio de la sección de papelería de unos grandes almacenes. Una de mis debilidades, la papelería. No me preguntes por qué. Perdiendo la noción del tiempo mirando agendas para el próximo año. Se llevan las de frases buen-rolleras, y me encanta.

Igual que me encanta escribir todo, todo. Llenar mi vida de listas e ir tachando lo que voy haciendo. Que no se me escape nada. Como si escribiendo tuviera mayor control sobre las cosas, e incluso sobre mí misma. Como si pudiera decidir todo lo que quiero que pase. Y hasta ponerle fecha.

Dicen que las cosas suceden por algo. Y las que no, también.

Da igual que las planifiques al dedillo y de principio a fin o que prefieras que reine la improvisación. Da igual que las lleves esperando largo tiempo, y que en el camino hayas aparcado otros planes. Da igual que algo en tu fuero interno te diga que sí, que todo saldrá bien, que es tu ocasión. Llámalo destino, karma o suerte.

Pasa porque sí, aunque tu respuesta sea no. Porque era su momento, y no el tuyo. Porque no había otra opción mejor, aunque para ti sí la hubiera. Porque al lanzar la moneda salió cara, aunque tu apuesta había sido cruz. Porque en el reparto de cartas te tocaron las mejores, pero desconocías las reglas de juego.

Dicen que las cosas que no se dicen, suelen ser las más importantes.

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Como si aun callando, esperáramos que nos leyeran los ojos. Como si pudiéramos elegir el momento oportuno, como si no lo fuera el hoy y ahora. Como si compartir no fuera importante. Como si fueras a ganar algo. O a ser mejor. O a no ser tan malo. Como si callando se fuera a cumplir. Como si contándolo se fuera a gafar.

Como si guardando secretos protegieras a capa y espada tu felicidad. Como si ocultar no hiciera daño, ni a ti ni a tu entorno. Como si guardar bajo llave fuera la forma más segura que impidiera cualquier acceso. Como si el silencio fuera mejor que la música o el ruido. Que a veces sí, pero no siempre.

Dicen que las cosas que quieres, están al otro lado del miedo.

Ese lado al que no te atreves ni a mirar, ni aunque sea de reojo. Ese lado al que prefieres ignorar, restar importancia o mantenerlo al margen. Ese lado que bordeas por mucho que te atraiga lo que allí puedas encontrar. Ese lado en el que muchos de los tuyos están, pero a los que te resistes acompañar.

Miedo que te cuida y hasta te mima, porque tú, en primera persona, se lo permites. Que te acompaña sin pedírselo y sin preguntar si te hace falta. Que te dice por dónde ir y por dónde no, sin preguntar si estás seguro. Que toma asiento a tu lado, que te da la mano y no te deja levantarte sin su permiso.

Dicen que no todo lo que quieres es lo que necesitas.

Que a veces es mejor no conseguir lo que quieres, aunque no te des cuenta en un principio. Que puede ser un gran golpe de suerte que te abra otras puertas y te haga ver otros horizontes. Que perdiendo también se aprende, y que perdiendo nos conocemos mejor a nosotros mismos.

Dicen que hay que luchar por las cosas que quieres.

Sueños, los llaman.

Si quieres felicidad, créala. Reparte cariño, piensa en optimismo y mira el lado bueno, que siempre lo hay. Disfruta de las risas compartidas, las sorpresas y las buenas noticias que llegan cuando menos esperas. No te pierdas los abrazos de oso, los besos en la frente y las caricias en la mejilla que te lleguen.

Si quieres tiempo, no vivas en el mañana. Haz, deshaz, equivócate y corrige. Vuelve hacia atrás para tomar impulso si hace falta, pero nunca para quedarte. Olvida la agenda y practica la espontaneidad. Que no hay momentos perfectos ni mejores, sino ocasiones que aprovechar y a las que dar forma. Haz que sumen. Make them count.

Si quieres vivir, rodéate de vida. Enamórate y demuéstralo, ganas más que pierdes. Quiere y quiérete, que todo proceso empieza por uno mismo. Empieza por pequeñas acciones para ti, que acabarán siendo muy grandes. Anda todo lo que puedas, el primera paso siempre es el más difícil. Baila aunque no sepas, con ganas y a lo loco, sin importar que te miren.

Aprende que todo lo que quieres, es lo que importa.

Y que las cosas importantes, nunca son cosas.

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